Lucrecia Martínez (Ituzaingó, Argentina)
Besé la muerte
con mis labios vivos.
No fue conmigo frío.
Me besó también él.
—No me gusta la seriedad —
susurró a mi oído.
—Tampoco a mí —respondí.
—Ven conmigo —le sugerí.
La muerte hace amigos.
—¿Bebes una copita conmigo?
—invité a mi nuevo amigo.
Se sonrojó oscuro,
de labios de terciopelo.
—Acepto tu convite.
Al rato nos enamoramos, yo y él.
—Tómame la mano, vida —dijo.
Le brindé la vida en mi mano,
confundidos los dos enamorados.
Tomé su mano y no era fría.
Nos amamos caminando.
Amé a la muerte,
la muerte amó mi vida.
Muerte y vida enamorados
entre calas y melancolía.
Vi el corazón
de su elegante muerte.
Nos enseñamos el espíritu
en copitas, muriendo-viviendo,
entre murmullos.
La muerte y la vida se divierten.
Morirse no es aburrido.
Se llevó secretos míos.
Me besó con una dulce promesa, fría.
—Es etiqueta la melancolía —
dijo antes de irse—.
No te dejo rosas;
te brindo mi Amor frío, vida mía.
Se retiró en silencio.
Ahora lo espero sin momento.

