Jue 05 noviembre ,2026
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La urgencia de recuperar la conexión humana en las aulas

ESPECIAL DE CLEO

Andina de nacimiento pero con el alma arraigada en el trópico de Montería (Colombia), la escritora, administradora y docente Catalina Pérez Gil presenta un perfil literario tan diverso como sus propias raíces. Heredera de un genuino «salpicón» cultural que une el Pacífico con el Caribe, Catalina concibe la lírica como su espacio seguro y una herramienta social indispensable. La creadora dialoga con nosotros sobre su riguroso trabajo en talleres escolares y los detalles de su próximo libro, Acerca de dar a luz y otras sombras. En esta charla, plantea además un firme manifiesto contra la rigidez académica y defiende la urgencia de una poesía humanista, capaz de recuperar el asombro y la naturaleza frente al aislamiento de la era digital.

Catalina, ¿cuál es tu profesión actual y cómo influye el contraste geográfico de tu vida en tu proceso creativo?

Tengo 43 años y resido en Montería, capital del departamento de Córdoba, en la costa caribeña de Colombia. Aunque nací en la región andina y provengo de la montaña, mi alma es profundamente caribeña, un factor que influye de manera directa en mi proceso creativo. Estudié Administración de Empresas y actualmente mi trabajo se centra en el ámbito corporativo; sin embargo, mi formación inicial transcurrió en una Escuela Normal Superior, lo que me otorgó una fuerte vocación pedagógica. He trabajado como docente y la enseñanza sigue siendo una de mis grandes pasiones.

¿Cómo describes la multiculturalidad de Colombia y cómo afectó tu identidad el haber migrado del frío andino al trópico del Caribe?

Es imposible ser colombiano sin reconocer nuestra profunda multiculturalidad. Somos un país mayoritariamente mestizo, con raíces que abrazan a todos los continentes; nuestra música, como la cumbia, es el reflejo de esa fusión al combinar el tambor africano, el canto español y los sonidos indígenas de las gaitas y el pito atravesao. Cada región posee sus propios dialectos y convivimos con más de ochenta lenguas nativas que luchan por preservarse.

En lo personal, nací en la montaña fría y luego me mudé a la costa Caribe, donde el clima tropical y la diversidad cultural transforman la manera de hablar, vestir e interpretar el mundo. Con una herencia familiar que mezcla lo paisa, lo vallecaucano y lo pacífico, me percibo como un auténtico «salpicón» de culturas. Estoy siempre abierta a aprender de otras tradiciones y a reivindicar nuestras raíces africanas, indígenas y europeas, convencida de que esa diversidad le otorga una dimensión universal a lo local.

¿Cuáles son los ejes temáticos que abordas en tu obra lírica y qué rol social buscas asignarle a la voz poética hoy en día?

Mi inclinación natural es la lírica; la poesía constituye mi espacio seguro de expresión. A lo largo de mi vida me han inspirado diversas circunstancias, pero hoy, tras veinte años de transitar la maternidad, me interesa explorar esta vivencia desde múltiples ángulos, utilizando la carga visceral que solo la poesía puede ofrecer. Al compartir mis versos, descubro con asombro que estas experiencias no son aisladas, sino colectivas.

Asimismo, me preocupan profundamente la equidad de género y la construcción de una nueva masculinidad basada en la cooperación mutua. Empecé a escribir durante mi niñez para encontrar mi propia voz y conocerme; hoy, elijo utilizar esa herramienta para visibilizar y darles voz a otras mujeres —campesinas, indígenas y lideresas sociales—, sin dejar de abordar temáticas universales como el amor, la existencia y la maravillosa contemplación de la naturaleza.

Tu catálogo editorial incluye obras personales y participaciones en proyectos colectivos de gran arraigo regional. ¿Podrías realizarnos un recorrido por tus libros publicados y por las antologías que rescatan la historia y la voz femenina de tu país?

Cuento con dos libros publicados: el poemario juvenil 100 lágrimas para una sonrisa, que explora el amor adolescente desde una perspectiva trágica y con una marcada intención musical; y Sosteniendo la tarde, una obra más madura y depurada que reúne una cuidada selección de mis poemas.

Asimismo, he participado en diversas antologías bajo el sello de la editorial Escarabajo. Entre ellas se destacan Morir es un país que amabas; Luz al vórtice de las palabras, que realiza un profundo recorrido por las voces femeninas de Colombia; y El esplín del Sinú, un volumen que relata la historia, la belleza y la alarmante contaminación del río Sinú desde distintas miradas estéticas.

De cara al futuro inmediato, te encuentras preparando un lanzamiento muy importante junto a un entorno más íntimo. ¿En qué consisten esos próximos proyectos a corto y largo plazo?

El próximo año publicaré mi nuevo poemario, titulado Acerca de dar a luz y otras sombras, de la mano de la editorial Escarabajo, un logro muy esperado tras cuatro años de constantes intentos. En este proyecto cuento con la colaboración de Samuel y Noa; se trata de una obra ya lista para impresión y distribución que aborda con crudeza la maternidad, el posparto, los divorcios, los patrones familiares y los desafíos cotidianos de la mujer que cría. En sintonía con esto, planeo un libro de crónicas poéticas sobre madres poco conocidas, enfocado en reflexionar sobre el rol femenino actual.

A largo plazo, mi meta es consolidar un espacio presencial de intercambio creativo para niños y jóvenes. Mi objetivo allí no será impartir rígidas técnicas literarias, sino fomentar la conexión humana y la conversación genuina. Esos son mis horizontes.

Concebís la gestión cultural como un puente pedagógico. ¿Cómo han sido las experiencias en encuentros internacionales y por qué priorizas los talleres en las escuelas?

He participado en diversos proyectos y eventos, tanto virtuales como presenciales, incluyendo ferias de libros y encuentros internacionales de mujeres poetas en Colombia. Disfruto mucho de hablar en público, pero valoro especialmente la oportunidad de escuchar a otros artistas, ya que es una dinámica que me enriquece profundamente.

En este sentido, mis escenarios preferidos son los colegios. Allí me conecto directamente con mi vocación pedagógica, impartiendo talleres de escritura creativa y nutriéndome del lenguaje y la frescura de los jóvenes. Considero que este intercambio genera puentes indispensables y me vuelve una persona más comprensiva. Mi meta principal siempre será mejorar la comunicación humana, mucho más allá de la cantidad de libros que logre publicar.

Muchos críticos señalan que la poesía ha perdido su impacto social. A tu criterio, ¿cuál es el diagnóstico de la lírica actual en la era tecnológica y qué camino debe recuperar para volver a conectar con el ser humano?

La poesía se ha vuelto una lengua muerta porque los recitales y eventos literarios se han convertido en escenarios para ser escuchados, mas no para escuchar; espacios donde se mide el arte con cánones académicos que descuidan la conexión humana esencial. En la era tecnológica, que tiende a aislarnos y a priorizar lo estrictamente visual, la poesía debe erigirse como una herramienta de vínculo: es urgente escuchar, vivir experiencias compartidas, leer sin el afán inmediato de publicar y utilizar los avances técnicos para tender puentes en lugar de distanciarnos.

La lírica debe regresar a la naturaleza —a los campos, a los atardeceres— y despojarse de pretensiones academicistas. Solo así logrará revivir su verdadera misión histórica: narrar nuestra época de una forma cercana, humana y profundamente accesible.

«La poesía se ha vuelto una lengua muerta porque los recitales y eventos literarios se han convertido en escenarios para ser escuchados, mas no para escuchar; espacios donde se mide el arte con cánones académicos que descuidan la conexión humana esencial».

¿Cómo podemos acceder a tu trabajo por medios digitales?

Quienes deseen sumarse a este viaje a través de las letras y seguir de cerca mi trabajo, pueden hacerlo principalmente a través de mi Substack oficial, ingresando en El Substack de Catalina. En este espacio digital comparto mis ensayos, mis crónicas breves y una selección de intervenciones sobre la otredad, la lírica y el mundo contemporáneo.

Asimismo, me encuentro preparando un nuevo perfil en Instagram que estará enfocado exclusivamente en mi faceta literaria y en la difusión de mis poemarios. Los invito a suscribirse, a acompañarme y a ser parte de esta conversación humana y visceral que construimos a través de la literatura.

Para finalizar esta enriquecedora entrevista, haz traído dos textos muy significativos de tu producción ensayística y digital. ¿Podrías compartirnos un fragmento de ellos para ilustrar los conceptos que guían tu obra actual?

Hace poco tuve una intervención en el Encuentro de Escritores del Departamento de Sucre, donde diserté sobre el concepto de las heterotopías y el desafío de habitar la otredad en el mundo contemporáneo. Si lo desean, puedo compartirles una selección de este texto, el cual también se encuentra disponible en mi espacio de Substack.

Por otra parte, para mantener el hilo de nuestra conversación sobre la lírica y la crianza, pongo a su disposición un fragmento del ensayo que funciona como prólogo de mi próximo poemario, un escrito que profundiza en ese lazo indisoluble que une a la maternidad con la poesía.

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