Jue 05 noviembre ,2026
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La poesía no quiere adeptos, quiere amantes

ESPECIAL DE CLEO

Madrileña de nacimiento, criada en Extremadura y catalana por adopción, María Paz González Bodeguero —conocida en el ámbito literario como Maripau— ha sabido navegar entre las ciencias de la salud y la sensibilidad de las letras. Tras una intensa carrera desde 1979 como enfermera de atención primaria en Reus, su jubilación en Barcelona supuso un renacer artístico y social al abrigo del mar Mediterráneo, su eterna fuente de inspiración. En esta entrevista, nos abre las puertas de su universo creativo, donde la resiliencia, la métrica clásica y el compromiso histórico se fusionan para demostrar que nunca es tarde para reinventarse a través de la palabra.

Usted se formó como enfermera, pero hay una fuerte presencia de las letras en su vida. ¿Cómo conviven en usted la profesión de la salud, su origen madrileño-extremeño y ese apodo, Maripau, con el que firma sus obras?

Soy enfermera de atención primaria desde 1979. Mi pasión por la lectura me llevó a escribir; me apodan Maripau porque en Cataluña suelen catalanizar los nombres, aunque soy madrileña, criada en Plasencia. Llegué a Cataluña a los 12 años, lo que explica mi amor por el mar. En 2016 participé en premios literarios en Constantí y en varios concursos de relatos, como los de Nou Barris. Desde 2010 mantengo el blog literario Micro Regalos y continúo escribiendo.

La jubilación suele ser un momento de quiebre y reinvención. ¿Qué la llevó a elegir Barcelona como su hogar definitivo en esta nueva etapa y qué rol juega el paisaje mediterráneo en su producción poética?

Vivo en Barcelona porque, tras años como enfermera de atención primaria en Reus con tres hijos y guardias, perdí mi círculo social. Mis amistades estaban en Madrid y Barcelona, y al jubilarme me di cuenta de que necesitaba compañía para compartir aficiones. Barcelona me atrajo por su excelente comunicación y, sobre todo, por el mar; la playa es una fuente constante de inspiración, como reflejan mis poemarios Rumores de pleamar y Oleajes de pleamar.

Aunque empezó explorando la narrativa y los relatos cortos, la poesía parece haber ganado la partida en su biblioteca. ¿Cómo descubrió ese componente lírico en su escritura y qué la hace volver siempre al verso?

Mi literatura siempre ha llevado un fuerte componente poético, algo que todos notaban y que yo misma cultivaba desde los 15 años. Estudié Enfermería porque me atraía el cuidado de las personas más que la Medicina, aunque también cursé tres años de esa carrera. Aunque quería escribir relatos, seguí publicando poesía, atrapada por ella; como decía Lorca: «La poesía no quiere adeptos, quiere amantes».

Tras publicar mis relatos, lancé Rumores de pleamar y luego el poemario Navegando por la vida.

Todo escritor se construye a través de sus lecturas. ¿Cómo conviven estas influencias tan diversas en su obra y de qué manera los talleres formativos han transformado su estilo original?

Me he enamorado del realismo mágico de García Márquez y también de Julio Cortázar. En España me atrae mucho Víctor del Árbol, ex-Mossos d’Esquadra que dejó la policía catalana y la escolta de Jordi Pujol para dedicarse a la escritura. En poesía, mi mayor influencia es Góngora; soy sonetista y mi estilo ha sido clásico, aunque tras varios talleres formativos mi poesía ha cambiado notablemente.

En un mercado editorial tan complejo, ¿cómo asume el rol de difundir su obra cuando su verdadera identidad está lejos del perfil comercial?

He asistido a cuatro presentaciones —dos en Madrid y dos en Barcelona— para promocionar mi segundo poemario, Oleajes de pleamar, ya en segunda edición y bien recibido dentro del limitado público de poesía. No me veo como vendedora; soy enfermera, mujer, madre y escritora, y aunque deseo que me lean, no tengo aspiraciones comerciales ni pretendo vender mi obra.

El soneto exige una precisión matemática, casi quirúrgica, con sus endecasílabos y rimas consonantes. ¿Qué le aporta esa rigidez estructural a su proceso creativo y por qué siente que ahora se está inclinando más hacia el verso libre?

Mi estilo poético es clásico; soy sonetista porque la estructura me brinda seguridad y me permite enfocarme en rimas consonantes, con esquemas de cuatro más cuatro y tres más tres, usando endecasílabos. Los sonetos siguen una introducción, desarrollo, precierre y cierre, lo que me atrae. Aunque aprecio el romance y el verso libre, últimamente me inclino más hacia este último.

Al escucharla, da la impresión de que su jubilación ha sido más bien una transición hacia una actividad incansable. ¿Cómo nace el proyecto «Poetas de la Mar» y de qué manera logra conectar lugares tan distintos como Málaga y La Barceloneta a través del verso?

Mi proyecto diario es simplemente vivir. Desde antes de jubilarme organizo encuentros de poesía, «Poetas de la Mar», que he realizado cinco veces, coincidiendo con la primavera o el otoño. En 2026 hice uno en Málaga y otro en Barcelona, en La Barceloneta. Ahora preparo, para el 20 de noviembre, un homenaje a las Sinsombrero, mujeres de la generación del 27 olvidadas, cuyo reconocimiento considero urgente. A corto plazo, ese es mi foco; a largo plazo, seguiré escribiendo, aunque no lo veo como una opción.

El olvido histórico de las mujeres de la generación del 27 es una herida abierta en la cultura española. ¿Qué la impulsó a investigar a las Sinsombrero y de qué forma busca rescatar del anonimato a figuras tan complejas?

Me apasiona el tema de las Sinsombrero y la fundación del Lyceum Club Femenino en 1926, aunque son conceptos distintos. Estas mujeres fueron olvidadas simplemente por ser mujeres, a pesar de sus logros internacionales, como la pintora revolucionaria Maruja Mallo o la talentosa escultora Marga Gil Roësset, quien se suicidó joven tras enamorarse de Juan Ramón Jiménez, ya subyugado por Ernestina de Champourcín. Actualmente estoy investigando y preparando una exposición-homenaje a las Sinsombrero, seleccionando ocho figuras, entre ellas Ernestina, Maruja Mallo y Concha Méndez.

Para aquellos lectores que quieran sumergirse en su universo literario, tanto en la red como en el formato físico, ¿dónde pueden seguir sus publicaciones y conseguir sus poemarios?

Me pueden buscar en Facebook bajo mi nombre, Maripau González Bodeguero, y en mi blog Micro Regalos. Mi primer poemario, Rumores de pleamar, está disponible en Amazon; el conjunto de relatos Besos usados en hilera también se encuentra allí. El segundo poemario, Oleajes de pleamar, solo se vende a través de Casa del Libro.

Para cerrar, su obra y su trayectoria nos hablan de transiciones, de resiliencia y de la búsqueda constante de belleza. Si tuviera que resumir su filosofía de vida actual y dejarles un mensaje a quienes se asomen a sus páginas, ¿cuál sería?

Perdemos la vida al malgastar tiempo en cosas absurdas que solo llevaremos a la tumba, mientras que los momentos, sensaciones y sentimientos son lo único que realmente conservamos. La vida es como navegar entre mareas altas y bajas; sobrevivir no basta, hay que ser resiliente y crecer frente a las dificultades con una actitud mental adecuada. Por eso es esencial encontrar paz interior; sin ella no avanzamos. Desde aquí envío un saludo y un abrazo cordial a los lectores de esta publicación.

«Perdemos la vida al malgastar tiempo en cosas absurdas que solo llevaremos a la tumba, mientras que los momentos, sensaciones y sentimientos son lo único que realmente conservamos».

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