Jue 05 noviembre ,2026
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Embajadora de la palabra: la misión de rescatar a los artistas olvidados

ESPECIAL DE CLEO

Docente jubilada, narradora oral y promotora cultural, Olga Martínez es una tucumana incansable que lleva las historias grabadas en el alma. Nombrada embajadora cultural por la Confederación Internacional del Libro, hoy recorre ferias y escenarios del mundo con una misión clara: rescatar del anonimato a los artistas ocultos de la Argentina profunda y delinear nuevos horizontes hacia el 2027. En un mano a mano imperdible, reflexiona sobre su trayectoria, el poder transformador de los viajes, el impacto social de la educación y el valor fundamental de acercar los libros a las infancias en tiempos de pantallas.

Olga, ¿Cómo nació tu vocación por el impulso cultural y de qué manera evolucionó esa pasión tras tu jubilación como docente?

Soy docente jubilada, narradora oral y promotora cultural. Desde siempre me he dedicado a impulsar a quienes se destacan en alguna actividad, apoyándolos y, en mi rol docente, fomentando el talento infantil para sacarlo del anonimato, incluso llevándolo a la radio. Tras jubilarme y comenzar la narración como profesión, la Confederación Internacional del Libro me nombró embajadora cultural en Perú. Ahora participo en todas sus ferias virtuales, resaltando a artistas olvidados, eclipsados u ocultos para darles visibilidad. En resumen, mi labor consiste en promover y sacar a flote a talentos poco reconocidos.

Como embajadora de la Confederación Internacional del Libro, ¿en qué consiste tu misión actual y cómo articulás ese trabajo federal en las ferias?

Como embajadora cultural de la Confederación Internacional del Libro, mi labor es dar visibilidad a escritores, artistas, artesanos, bailarines, cantores y músicos que están aislados de los grandes centros urbanos. Debo resaltar el valor potencial de cada región, en este caso la Argentina profunda, cuya designación nos ha otorgado la Confederación. Hasta ahora hemos realizado 64 ferias virtuales en distintos países y, en cada presentación, al menos dos bloques deben enfocarse en el lugar anfitrión, destacando a sus escritores, músicos y demás artistas.

Formás parte de espacios culturales muy importantes y organizás un evento de gran alcance. ¿Qué nos podés contar sobre estas instituciones y el impacto internacional del encuentro Congresales de la Palabra?

Pertenezco a la Confederación Internacional del Libro, a la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y al grupo Tucu Cuentos Solidarios del Jardín de la República, bajo la Dirección de Letras del Ente Cultural de Tucumán. Con SADE y Tucu Cuentos llevamos relatos a escuelas, bibliotecas, teatros, comedores, merenderos y hogares de ancianos. Además, organizamos el encuentro internacional de narración oral Congresales de la Palabra —que ya va por su undécima edición—, donde invitamos a narradores de todas las provincias que firmaron el Acta de la Independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica, así como a voces de Canadá —incluyendo a Quebec—, España, Italia, Francia, Colombia, México, Cuba y Bolivia.

Se nota que viajar ocupa un lugar central en tu vida. ¿Qué significan los viajes para vos y de qué manera transforman tu perspectiva del mundo?

Los viajes son un aprendizaje constante. Viajar te abre la cabeza, te lleva a descubrir nuevos horizontes, diferentes estilos de vida y otras costumbres. Es en esos momentos cuando uno absorbe todo lo que el entorno tiene para ofrecer.

Con una agenda siempre activa, ¿cuáles son tus proyectos actuales y qué destinos tenés en el horizonte para los próximos años?

Mis proyectos actuales se resumen en seguir viajando y representando a mi país. Ya tengo marcados muchos lugares para el 2027, con la firme esperanza de que todos esos proyectos se concreten. Cada salida representa un aprendizaje muy profundo que me permite enriquecer nuestro encuentro internacional de narración oral. Así que el plan es ese: seguir viajando.

«Mis proyectos actuales se resumen en seguir viajando y representando a mi país».

Tu pasión por la palabra viene de hace tiempo. ¿Cómo fue tu propio acercamiento a los libros durante la infancia y a qué lugares te llevó la lectura?

Desde pequeños les cuento cuentos a los chicos y les muestro libros para que busquen el camino de la lectura en lugar del celular. En mi caso, la lectura me ha llevado a lugares insólitos: a los ocho o diez años ya leía a Tolstói, a Ana Frank —años después recuerdo haber tocado el timbre de su casa en Ámsterdam— y a Víctor Hugo, lo que me permitió, tiempo más tarde, estar frente al escritorio donde escribió Los miserables en Bruselas. Estos autores me hicieron viajar, soñar y me brindaron una gran compañía. La lectura, para mí, es una pasión que abre cada página y revela lo que hay al otro lado.

Como docente y promotora, ¿cuál es tu mensaje para los padres sobre la importancia de leer en casa y el impacto de la educación en el futuro de los niños?

Quiero invitar a todos los padres a que lean cuentos a sus hijos, aunque sea una vez por semana, y establezcan una hora de lectura en casa. Propongo dedicar al menos diez minutos al día para que los niños abran un libro. La lectura es fundamental porque, al aprender a leer bien, se facilita enormemente el estudio. A su vez, la educación es la única vía real que brinda movilidad social; sin ella, es muy difícil aspirar a un futuro mejor. Por eso, fomentar el hábito de la lectura desde temprano es crucial para el mañana de las infancias.

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