Jue 05 noviembre ,2026
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La historia y el historiador

ESPECIAL DE CLEO

Fernando Adrián Sosa es docente, investigador de historia y escritor. Residente en la ciudad de Corrientes y miembro de diversas asociaciones culturales, con una destacada participación en congresos nacionales e internacionales. Actualmente se encuentra culminando el Doctorado en Historia en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) y es reconocido por su labor divulgadora en medios periodísticos.

¿Cómo ha sido tu recorrido académico y docente?

Soy licenciado y profesor en Historia. Mi primer título, allá cuando era mucho más joven, fue el de maestro de enseñanza básica, maestro primario. Ejercí muchos años en el campo y en la ciudad, y fui director de escuela rural. También estuve un tiempo en la rectoría y vicerrectoría del colegio secundario, incluso en época de pandemia, lo cual fue un periodo muy complicado. Pero mi verdadera pasión es la Historia: cuando me preguntan por qué estudié, respondo que estoy terminando el doctorado en la UNNE.

Mencionaste tu doctorado, ¿qué experiencia investigativa tuviste en el exterior?

Fui becado por el gobierno brasileño a través de la CAPES (Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior). El año pasado, hasta septiembre, estuve en la Universidad Federal de Santa María, investigando sobre la explotación ferroviaria e inversiones a finales del siglo XIX y principios del XX.

¿Cómo surge la decisión de volcarte a la Historia?

Cuando me preguntan por qué estudié Historia, la verdad es que no lo sé; lo mío no empezó como una vocación temprana. Ya era maestro y director escolar cuando fui a estudiar. Fue motivado por la madre de mi hijo, que me dijo que, si me gustaba tanto leer aunque no lo hacía formalmente, por qué no hacía una carrera. Le seguí el consejo y me fue muy bien, gracias a Dios. Hoy, cuando me preguntan cuál es mi vocación, por qué escribo libros, viajo o participo en congresos, la verdad no sabría decir otra cosa: es la necesidad de aprender cada día más, de entender a la historia como un proceso y de reconstruir parte de ella.

¿Y la vocación cómo la analizás en tu caso?

Lo que yo diría es que no el asunto de la vocación. A mí me gustó cuando fui a la facultad y escuché las clases de mis profesores, el nivel que tenían y cómo explicaban los temas. Ahí dije: Esto es lo mío. Yo fui a ver cómo era y me quedé. Me recibí pronto: comencé el profesorado en el 2000 y en diciembre del 2003 ya era profesor. Después seguí la licenciatura, escribí partes de libros y estuve en los congresos que me fue posible estar, a pesar de la cantidad de horas que trabajo.

Fernando es autor de varios libros.

La historia es muy amplia, ¿específicamente qué periodo te atrae?

En mi caso, me gusta la historia de la frontera, me gusta la historia de los ferrocarriles y el progreso en la última parte del siglo XIX y principios del XX. Me parece un periodo histórico trascendental no solamente para la Argentina, sino para toda América del Sur. En esa época habían progresado notablemente Argentina, Brasil, Paraguay y Chile, pero en especial nuestro país, convirtiéndose en el décimo país del mundo en cuanto a nivel de desarrollo social. Aunque con muchas falencias, técnicamente era muy superior a cualquier otro de América Latina.

Los adelantos tecnológicos son permanentes, ¿qué rol ocupa la inteligencia artificial para vos en la tarea del historiador?

Hay cosas que no se pueden hacer porque el tiempo no da, y además tenés que dedicarle un tiempo. Cuando vos empezás a hablar de historia tenés que entender que es un elemento: la documentación que uno interpreta es seria, y la gente que te escucha tiene que entender que uno hizo un trabajo de elaboración técnica serio, en el cual se interpretó el documento, se lo manejó y se cuenta una narración de ese documento que es una fuente primaria, aunque los libros también son una fuente secundaria tremendamente importante.
Pero la historia es una ciencia marcadamente dominada por la metodología de la investigación. Uno no puede decir cualquier cosa de historia: tiene que basarse en documentos. Y esos documentos no están, por ejemplo, en muchos lugares de la web, no están todos digitalizados. Entonces, la visita al archivo histórico sigue siendo un elemento trascendental en una investigación.
Si yo hago una tesis solamente en base a la IA, a la inteligencia artificial, estamos en un problema. Que ese profesional solamente hizo un trabajo, ¡ni siquiera el trabajo lo hace él, hace una IA! Estamos frente a una persona que no sabe del tema. O sea, es facilista, es como un médico que aprende a diagnosticar solamente por IA. No digo que no esté mal, yo digo que la IA es una herramienta de trabajo útil, pero que no suple en absoluto una investigación seria de campo. Un investigador serio debe ir al campo de investigación. Si estudia un campo de batalla, tiene que ir al campo de batalla. Tiene que conocer el espacio en que se realizó, en que esa batalla se llevó adelante. Aunque pueda entender o no entender después, o entrar en un conflicto al ver cómo fue la batalla. Pero debe estar, debe conocer. Si habla de ferrocarriles, que es mi caso, yo tengo que conocer los ferrocarriles: debo conocer dónde iban las máquinas, cómo iban, los trechos ferroviarios.
Bueno, no puedo dejar librado a una computadora ese conocimiento, porque la computadora puede no tenerlo. Entonces, me parece que vamos hacia un manejo más tecnológico, pero también es cierto que ha facilitado la labor del investigador. Pero repito: es una herramienta de trabajo más, que no suple a las anteriores, sino que las complementa. Por otro lado, es innegable que ha facilitado mucho. Pero hay que tenerla a nuestro alcance cuando la necesitamos para utilizarla. Pero los trabajos tienen que ser cada vez más eruditos. ¿Qué significa eruditos? Hacer un trabajo de investigación es una labor seria.

«[la tecnología] es una herramienta de trabajo más que no suple a las anteriores, sino que las complementa».

¿Para qué sirve la historia?

La historia sirve para entender los procesos humanos y sus consecuencias, como ocurrió con las guerras mundiales. La Primera Guerra Mundial no surgió de un momento aislado, sino de un proceso que culminó en el asesinato de Franz Ferdinand, y la falta de aprendizaje de ese proceso llevó a la Segunda Guerra Mundial. Si hubiéramos analizado profundamente los antecedentes, podríamos haber evitado el segundo conflicto. Solo los hechos trascendentes, como las guerras, son verdaderamente históricos y deben estudiarse para no repetir errores. Aprender de los errores y aciertos, tanto a nivel individual como social, es lo que nos permite avanzar y no quedarnos estancados.

¿Qué pensás de los dogmas en la historia?

El profesional de la historia es un profesional y debe ser serio; no soberbio ni dueño de la verdad. Como la historia es un proceso, siempre hay múltiples causas a un hecho. Hay que tener la apertura suficiente para plantear una hipótesis, pero también para estar abierto a que otros investigadores complementen ese trabajo con sus propias investigaciones. No estar cerrado a otros puntos de vista porque ser soberbio no lleva a ningún lado; al contrario, la historia es aprendizaje, y en la medida en que aprendemos unos de otros, la historia derriba fronteras. Poder llamar a una persona que vive del otro lado del mundo y preguntarle en qué nos podemos ayudar es un privilegio de este tiempo y hay que saber aprovecharlo. Hay que bajarse de la soberbia que tienen muchos historiadores y entender que escuchando al otro se puede aprender mucho más que no escuchándolo.
Ese es mi consejo: escuchar, investigar, profundizar y no depender tanto de la tecnología, sino de las fuentes, del campo de investigación espacial y de hacer el mejor trabajo posible.

¿Cuál pensás que puede ser hoy una amenaza para la Historia como disciplina?

Muchos países usan la historia con fines políticos. Se premia a historiadores alineados con la agenda del gobierno de turno mediante becas y subvenciones, mientras que quienes no comparten esa visión enfrentan obstáculos ajenos a su capacidad o erudición. Esto distorsiona el conocimiento histórico y termina favoreciendo narrativas armadas solo por cuestiones de identidad y nacionalidad.
Por eso insisto tanto en volver a las fuentes y a una historiografía crítica, basada en mérito real y no en la simple dependencia de herramientas tecnológicas como la IA. Es esencial reconocer y apoyar a los investigadores que demuestran una mayor profundidad y competencia en su trabajo, pues ese rigor es el que realmente impulsa el progreso de cualquier nación.

Ha sido un placer. Les mando saludos y un gran abrazo a todos desde mi ciudad de Corrientes.

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