ESPECIAL DE CLEO
Tras años de resguardar su identidad bajo el manto de los seudónimos, Alejandra Ferrari —escritora, docente y especialista en alfabetización— ha decidido dar un paso fundamental en su carrera al adueñarse de su propia voz. Autora de la novela contemporánea Lo que se siente, nos sumerge en las raíces de una vocación que explora la introspección, los amores complejos y el inesperado alcance internacional de sus textos en países como España. En esta íntima charla, nos adelanta los detalles de sus próximos libros.
Para dar inicio a la charla, ¿podrías contarnos sobre tu trayectoria formativa, qué te impulsó a publicar con tu nombre real y cómo se materializa ese gran paso en tu novela más reciente?
Mi formación en las letras comenzó hace mucho tiempo mediante diversos cursos y talleres de escritura; luego estudié docencia, profesión que ejerzo como profesora de alfabetización. Actualmente, continúo expandiendo mis conocimientos en las áreas de edición y maquetación con la meta de incorporarme a trabajar en el sector editorial.
Si bien escribo desde muy temprana edad, recién este año me propuse publicar mis novelas bajo mi nombre real, ya que anteriormente se encontraban editadas bajo seudónimos. Dar el paso de firmar con mi identidad representa un gran hito en mi carrera.
Mi obra más reciente, Lo que se siente, es una novela contemporánea de diez capítulos que narra la historia de una mujer atrapada en un vínculo confuso, una situación que la empuja a imaginar horizontes que jamás habría considerado posibles.

¿Cómo describirías tu proceso creativo a la hora de estructurar las tramas y qué significa para ti el acto de escribir?
Para mí, el mayor logro radica en la capacidad de construir escenarios propios para mis ficciones. Mi proceso creativo comienza siempre con un borrador de las historias, y a partir de ese lienzo inicial empiezo a moldear y a darle vida a los personajes. La escritura constituye un mundo sumamente conocido para mí; es mi lugar seguro. Se trata del espacio idóneo donde puedo expresarme, explayarme en libertad y compartir el destino de mis protagonistas con los lectores. En este momento, me encuentro trabajando en la continuación de La magia de los escombros, una novela que, si bien ya tuvo una publicación inicial, todavía tiene varios capítulos y caminos por recorrer.
Mirando hacia atrás, ¿en qué momento descubriste la vocación por las letras y cómo fue esa primera experiencia de publicación?
Descubrí que quería dedicarme a la escritura a los 18 años, mientras cursaba la escuela secundaria. En esa etapa me sentía muy atraída por la literatura tradicional, devoraba textos y hacía un hincapié muy especial en la lírica. Esa fascinación me llevó a publicar mi primer trabajo a los 20 años bajo seudónimo: un compendio titulado 100 poesías de amor. Ese fue el punto de partida de un viaje literario que hoy decido asumir con mi propia voz.

Has comenzado a recorrer el camino de los eventos presenciales. ¿En qué espacios culturales presentaste tus obras recientemente y cuáles serán los próximos lanzamientos editoriales?
Mis obras se han presentado en dos espacios culturales: el primero fue el 11 de junio en SADOP, el sindicato docente, y el segundo tuvo lugar en agosto en la Biblioteca de Morón. Hasta el momento he realizado estas dos actividades presenciales, pero nos encontramos en pleno proceso de organización para futuras fechas.
Asimismo, muy pronto voy a publicar mi siguiente novela, titulada Escritores de sombras, mientras que mi tercera propuesta será la versión definitiva de La magia de los escombros, la cual todavía está en fase de desarrollo.
Tus obras profundizan en la introspección y los vínculos. ¿Qué temáticas sueles explorar en tus tramas y de qué manera se conecta tu propia historia de anonimato con la psicología de tus personajes?
Actualmente me dedico a la novela contemporánea escrita en prosa, donde desarrollo historias enfocadas en los vínculos, la introspección y los amores no correspondidos. Mi última publicación, Lo que se siente, aborda una relación confusa que empuja a la protagonista a replantearse su existencia. Esta situación la lleva a comprender que necesitaba transformar muchos aspectos de su ser, un viaje interior que la traslada a su infancia y la hace notar cómo, a menudo, se vio enredada en mandatos ajenos, repitiendo lo que otros hacían.
Me identifico muchísimo con ella. Durante mucho tiempo escribí infinidad de textos que la gente leía sin saber que me pertenecían. Recién este año me propuse firmar con mi nombre, y descubrir que las respuestas del público han sido tan positivas resultó sumamente gratificante.
«Actualmente me dedico a la novela contemporánea escrita en prosa, donde desarrollo historias enfocadas en los vínculos, la introspección y los amores no correspondidos».
También participas activamente en publicaciones periódicas y en la creación de comunidades de lectores. ¿De qué tratan esas colaboraciones en revistas digitales y qué objetivos persigues con el nuevo club de lectura?
Como parte de mis proyectos actuales, escribo de forma mensual para la revista digital Corazones Rotos, y colaboro en Grietas y puentes, una publicación que lanzará cuatro tomos este mes. En ambas plataformas mantengo la misma línea temática: abordo la vida cotidiana, los desamores, los lazos afectivos y la repetición de patrones conductuales.
Más allá de esta labor, he impulsado la creación de un club de lectura que iniciará el mes próximo en mi zona residencial y laboral. Será un espacio donde participaremos diversos autores para ofrecer nuestra mirada sobre la literatura, explicar el proceso de escritura y desmitificar el camino de la publicación. Como muchos de los integrantes somos escritores independientes o autopublicados, la idea es compartir nuestras herramientas prácticas, debatir sobre metodologías y difundir nuestras propias obras.

El alcance de las obras digitales rompe fronteras físicas de forma impensada. ¿Cómo fue la respuesta de la comunidad de lectoras en redes sociales y qué significó para vos descubrir que tus textos cruzaron las fronteras?
Antes de publicar mi primera novela, contaba con pocos seguidores en mis plataformas. Sin embargo, al comenzar a difundir mi obra, empecé a conectar con una comunidad de lectoras y reseñadoras que compartieron sus análisis y opiniones de los libros. Lo que más me sorprendió y llenó de orgullo fue constatar que mis textos habían llegado a España y a varios lugares del mundo. Recibir devoluciones tan profundas y respuestas tan cálidas es un motor fundamental para mí, ya que me impulsa a continuar en la búsqueda constante de nuevos lectores, que es, en definitiva, el gran objetivo de quien escribe.
El camino de la publicación suele estar lleno de obstáculos y desilusiones que no siempre se ven desde afuera. ¿Cómo fue tu experiencia al descubrir los engranajes editoriales y qué mensaje les darías a quienes están atravesando la frustración de sus primeros intentos?
El recorrido de la literatura es complejo y difícil. Mi gran sueño siempre fue ver mis libros exhibidos en una librería, pero al principio desconocía por completo el funcionamiento interno del sistema editorial. Hoy, afortunadamente, ya trabajo con tres sellos diferentes. Quienes publicamos de forma independiente conocemos de cerca las frustraciones que se viven en el proceso, especialmente cuando sentimos que el alcance es limitado o que las obras no reciben la atención esperada.
A los autores que dan sus primeros pasos les diría con total convicción que se puede, que los sueños se cumplen. Mi mayor deseo es que los lectores empaticen con mis historias y digan: «Esto me pasó a mí». Escribimos para llevar un poco de luz y alegría al mundo; por eso, aspiro a seguir construyendo mi propio espacio, consolidar mi identidad y lograr que mi voz sea escuchada de manera genuina.
Para dar cierre a este diálogo, ¿cuál es el lazo emocional que buscas generar en el público y qué consejo le dejarías a los escritores que aún no se animan a firmar con su verdadero nombre?
Como reflexión final, considero que lo verdaderamente importante es que las historias toquen el alma y el corazón de las personas, logrando que conecten de manera íntima con la trama y empaticen con las decisiones de los personajes, aunque a veces no sean las respuestas que esperaban de ellos. Cuando era chica, devoraba novelas románticas que me atrapaban por completo y me dejaban pensando en el destino de los protagonistas más allá de la última página; esa es la misma complicidad que busco generar hoy en mis lectores.
Mi consejo definitivo para quienes escriben y desean publicar es que no lo hagan bajo un seudónimo. Anímense a firmar con su nombre real. Es fundamental que detrás de cada relato haya una persona de carne y hueso a quien el público pueda conocer. No existe nada más gratificante en esta profesión que recibir una devolución afectuosa de alguien que nos lea y nos diga: «Seguí adelante, porque este es tu verdadero camino».

