Kissy Alejandra (Madrid, España)
La boca dijo basta.
El cuerpo, todavía no.
Durante un tiempo
dejé tu sitio intacto:
la taza,
el lado de la cama,
esa porción de mundo
que seguía reservándote.
No volviste.
Aprendí a poner la mesa,
para una persona,
a dormir sin apararme,
a no buscar tu nombre
en mitad de una frase.
Quise escribirte.
No para que regresaras,
sino para preguntarte
en qué momento
empecé a desaparecer
mientras te quería.
Nunca encontré la frase.
Finales que suceden
mucho después de la partida:
una puerta que se abre,
el corazón que se adelanta,
la casa inmóvil
después del ruido.
Desde entonces,
a veces,
algo suena en el pasillo.
Y todavía me vuelvo.
Como si el cuerpo
no supiera
lo que la vida ya sabe.

