Jue 05 noviembre ,2026
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La muerte como recordatorio de la vida

ESPECIAL DE CLEO

La tanatóloga mexicana Loly Neyra transformó el dolor de perder a su hijo en una misión de vida tras enfrentar el duelo en carne propia. En esta entrevista íntima con Cleo, la especialista comparte su experiencia y herramientas prácticas para transitar las pérdidas con compasión, dignidad y esperanza.

Loly, es un placer tenerte hoy con nosotros. Queremos agradecerte por acompañarnos en este espacio dedicado a temas que tocan el alma y que tanto se necesitan en los medios actuales.

Gracias a ustedes, estoy encantada de compartir este momento con ustedes y, de verdad, los felicito por generar estos contenidos que hacen tanta falta. A veces estamos rodeados de puras malas noticias o de contenido muy superfluo, por lo que es maravilloso contar con medios que buscan aportar algo de trascendencia al mundo. Les deseo muchísimo éxito y les agradezco profundamente la invitación.

Tu llegada al mundo de la tanatología nació de una vivencia profundamente íntima y transformadora. ¿Podrías compartirnos cómo descubriste esta disciplina?

Soy tanatóloga y descubrí esta disciplina a raíz de una experiencia personal muy dura: mi hijo enfrentó un cáncer terminal debido a un tumor inoperable en el tallo cerebral. Esta enfermedad transformó por completo nuestra vida familiar y, lamentablemente, él falleció hace siete años. Durante ese proceso, viví la tanatología desde el lugar del paciente; recibí un acompañamiento que me ayudó enormemente a transitar el dolor. Hoy en día, me dedico a compartir esta disciplina para que otras personas también puedan encontrar apoyo en sus momentos más difíciles.

Para quienes escuchan este término por primera vez o tienen dudas, ¿cómo definirías la tanatología y qué tipo de procesos ayuda a sanar?

La tanatología es la disciplina que se encarga de acompañar a las personas en sus procesos de duelo. El duelo es la respuesta natural —tanto física como emocional, espiritual y mental— ante una pérdida significativa; es decir, ante la ausencia de aquello que le daba sentido a nuestra vida. Aunque solemos asociarlo con la muerte, las pérdidas pueden ser de muchos tipos: rupturas amorosas, problemas laborales, el deterioro de la salud, la pérdida de la juventud, el fin de una amistad, la pérdida de bienes materiales o la partida de una mascota. Lo que hacemos los tanatólogos es ofrecer información, ejercicios y técnicas, brindando un espacio seguro para comprender y atravesar el dolor, devolviendo la esperanza y el apoyo emocional.

Detrás de tu profunda empatía hay también una sólida preparación académica. ¿Cómo ha continuado tu camino de formación en esta área?

Cuento con una maestría en Tanatología y un diplomado en Neuroplasticidad. Esta profesión me ha enriquecido tanto que me apasiona compartirla; por eso, actualmente estoy cursando un doctorado enfocado justamente en Educación y Acompañamiento ante la Muerte. La combinación de la experiencia científica y humana es lo que me permite brindar un apoyo integral.

Existen muchas ideas erróneas sobre lo que sucede en una sesión. En tu experiencia, ¿cuál es el mayor mito que rodea a la tanatología?

El mayor mito es pensar que el tanatólogo te va a decir «no llores» o que su objetivo es eliminar mágicamente tu dolor. En realidad, en mi espacio nunca te pediré que reprimas tus emociones; al contrario, es un lugar seguro para que llores, grites, blasfemes o descargues tu frustración si lo necesitas. Cuando perdés a un ser querido, el dolor es legítimo. Mi trabajo no es quitarte el sufrimiento de golpe, sino acompañarte, ayudarte a darle sentido a lo que sentís y recordarte que tus reacciones son completamente normales. No es locura, es simplemente parte de tu proceso de duelo.

El final de la vida es una de las transiciones más complejas para una familia. ¿Cómo puede la tanatología aliviar y guiar el proceso de una enfermedad terminal?

La mejor ayuda para alguien que enfrenta una enfermedad terminal, y para su entorno, es acercarse a la tanatología de manera temprana. A través de mis libros, podcasts y consultas, ofrezco material específico sobre el duelo por la pérdida de la salud y el final de la vida. Cuando la medicina ya no ofrece opciones de curación, el enfoque cambia: se vuelve crucial acompañar la transición del cuerpo al espíritu en paz, sin dolor, y tomar decisiones conscientes de despedida, ya sea en el hospital o en casa. Todos vamos a enfrentar este momento tarde o temprano, por lo que aprender a transitarlo adecuadamente nos devuelve el control y la dignidad.

En la cultura mexicana, la muerte tiene una dimensión festiva y espiritual única. ¿Cómo ayuda la tradición del Día de Muertos en el proceso de aceptación y sanación del duelo?

El Día de Muertos es una tradición maravillosa que, si bien antes se celebraba con más fuerza en el centro y sur de México que en el norte, ha ganado un enorme impulso global en los últimos años. Bajo esta creencia, sentimos que nuestros seres queridos regresan a cenar con nosotros; por eso les preparamos altares con flores de cempasúchil, sus comidas favoritas y objetos significativos. Es un momento agridulce, pero clínicamente es una herramienta fantástica: ayuda a aceptar la partida, a normalizar la muerte y a abrir el diálogo incluso con los niños. Cada año, el 2 de noviembre, colocar sus fotos, velas y recuerdos es nuestra manera de honrar a quienes ya no están y de mantener vivo su amor.

Loly, de cara al final y a los procesos de pérdida, el dolor puede nublar la perspectiva. ¿Cuál es tu filosofía personal sobre el valor de la vida cuando somos plenamente conscientes de nuestra propia mortalidad?

La muerte nos recuerda lo efímero de la existencia y nos invita a reflexionar sobre cómo queremos vivir antes de nuestro último día. Es verdad que el duelo puede hacernos perder el deseo de seguir, pero es una respuesta natural del proceso; no debemos olvidar que nosotros también llegaremos al final. Por eso, considero que debemos decidir activamente cómo queremos impactar a los demás. Hay que disfrutar tanto los momentos soleados como los nublados, saboreando la sopa tibia y deliciosa, pero también la fría y ácida que a veces nos toca. La vida es un tesoro que, a pesar del dolor y del sufrimiento, merece ser vivida con alegría, gozo y esperanza.

Has plasmado toda esta experiencia y tus herramientas en libros muy necesarios. ¿Qué contenidos y guías prácticas compartes con el público en tus publicaciones más recientes?

Acabo de publicar El Manual de los Duelos, una guía práctica para afrontar distintas pérdidas: el duelo infantil, el suicidio, la migración, el fallecimiento de los padres, la partida de mascotas o la pérdida de la juventud y la salud, entre otros. Este libro detalla los síntomas físicos, emocionales, mentales y espirituales del proceso, e incluye más de 130 casos reales. Está disponible en formato físico en Amazon para Estados Unidos, Colombia, España, México y otros países, así como a través de la editorial. También soy autora de Amor Intacto, un relato íntimo de mi experiencia con mi hijo Héctor Hugo, distribuido en México y EE. UU. Los invito a seguirme y contactarme en Facebook e Instagram bajo el nombre @tanatologalolyneyra para conocer más de estos recursos.

En tu práctica clínica cotidiana, ¿cómo se estructuran tus consultas y qué metodología aplicas para guiar a las familias en el duelo?

Acompaño a personas de todas las edades: niños, adolescentes, adultos mayores y a sus familias. Trabajo con un protocolo diseñado en cuatro sesiones que no busca eliminar el dolor de golpe, sino brindar un espacio de escucha compasiva. Utilizamos ejercicios de escritura terapéutica para desensibilizar los recuerdos traumáticos sin borrarlos de la memoria. En la última sesión, exploramos juntos qué sigue, qué aprendizajes surgen de la experiencia y cómo retomar la vida desde la autocompasión, ayudando a cientos de personas a integrar la pérdida de manera sana.

Una de tus labores más sensibles es la atención en el tramo final de la existencia. ¿Cómo es el acompañamiento que realizas a domicilio o en línea con pacientes en agonía y sus cuidadores?

Me dedico a acompañar a personas en el final de su vida, ya sea de forma presencial o virtual. Con los pacientes en agonía o preagonía utilizo la reflexión, la meditación guiada y la relajación para ayudar a aliviar el dolor físico. Conversamos sobre sus deseos, miedos y gustos individuales, como la música que eligen escuchar. Paralelamente, guío a los cuidadores en el proceso de despedida: les explico la evolución física del fallecimiento, qué hacer ante el deterioro y les brindo información práctica sobre cuidados en casa y trámites funerarios. Esta labor me sensibiliza profundamente, me recuerda que cada día es un regalo y me impulsa a seguir formándome constantemente.

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