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La voz que hace latir al guaraní en Nueva York

ESPECIAL DE CLEO

Hace más de tres décadas que Francisca Segovia está radicada en la Gran Manzana. Con el firme objetivo de difundir la cultura paraguaya, fundó dos radios —Radio Tribuna y Oñondivepa Paraguay—  y un diario digital. A través de ellos, Latinoamérica se hace fuerte con una programación variada, entretenida y cultural. En un diálogo sincero, la comunicadora repasa gran parte de una trayectoria que la llevó a emigrar a Estados Unidos desde su país natal.

¿Cómo fueron tus inicios en los medios de comunicación?

Mis inicios no fueron en periodismo sino en la conducción artística de programas radiales. A los 13 años presentaba los shows de mis padres en Radio Teleco, que luego pasó a ser Radio Asunción y Radio Paraguay; teníamos un espacio de 60 minutos. Desde entonces descubrí el poder del micrófono y, enamorada del medio, empecé a presentar a otros artistas en radio, clubes y escenarios.

Cuando me mudé a Ciudad del Este (entonces Ciudad Presidente Stroessner) y estudiaba periodismo, el profesor de dicción me invitó a presentar a Johnny Monte en el programa «Jueves de Gala». Esa aparición me consolidó como conductora del ciclo, que recibió a artistas nacionales e internacionales. A partir de 1977 comencé a cubrir noticias, a producir mi propio programa y a realizar coberturas internacionales en Argentina y Brasil, entrevistando a autoridades y personalidades. Hoy continúo detrás del micrófono en Radio Tribuna.

¿Cómo fue la experiencia de migrar?

La verdad es que emigrar a otros países ya me era conocido, porque desde muy pequeña, con mis padres, migrábamos por el trabajo que ellos hacían: eran artistas y estábamos un tiempo en un país, luego en otro, y así sucesivamente. Entonces, para mí, cambiarme de un lugar a otro no fue un problema; el problema fue dejar a mi gente. Dejar a mi familia para emigrar. Fue bastante difícil.

Primero vine a Estados Unidos para estudiar con una beca, la cual mantuve durante dos años. Me sobraba mucho tiempo y uno de los profesores me dijo: «Francisca, ¿no querés ser asistente personal de una persona? Quiere a alguien que hable español y también inglés, y solamente van a ser ocho horas a la semana distribuidas de acuerdo a tu tiempo, y se te va a pagar tanto». Cuando me dio la cifra, yo dije: «¡Pero por supuesto que sí!». Durante dos años trabajé con esa gente, de un nivel muy alto aquí en los Estados Unidos, tanto política como económicamente hablando.

Luego regresé a Paraguay con la intención de no volver a salir nunca más. Pero, una vez allí, las circunstancias no se presentaron propicias: muchas cosas habían cambiado y económicamente la situación estaba muy difícil. La democracia era incipiente en mi país y, más que democracia, era una ensalada política en la que ni ellos entendían lo que pasaba y el pueblo sufría. Las opciones de trabajo eran muy pocas y se ganaba tremendamente poco también.

En ese contexto, esta gente con la que había estado trabajando como asistente personal me contactó y me dijo que me necesitaba, que pagarían mi pasaje y me abonarían el triple, porque ya iba a ser de lunes a viernes. Hablé con mi familia, hablé con mi gente; la situación no se daba económicamente allá, entonces decidí retornar a los EE. UU.

Estuve con ellos cinco años, hasta que la persona para la que trabajaba como falleció. La familia me pidió que continuara trabajando para uno de sus hijos, pero opté por tener un poquito más de libertad. Al pertenecer a un nivel sumamente elevado y políticamente vinculado con un potencial a nivel unión, uno tenía que llevar una vida muy restringida: nadie te podía visitar ni vos podías visitar a cualquiera. Si los días de tu salida ibas a ver a alguien, tenías que avisar a quién. Por seguridad y también por evitar cualquier tipo de problema a nivel periodístico —porque aquí la situación es bien pesada en ese aspecto—, decidí salir de allí y comenzar a trabajar por mi cuenta.

Y así fue: trabajé con grandes personalidades. Nunca con gente pobre y, como asistente personal, recorrí 36 años en enero. En todos esos años solo tuve cinco empleos; no me mudé mucho de lugar y todos fueron de excesivo alto nivel, tanto en lo político como en lo económico. Por la bendición de Dios, todo me fue muy bien en ese aspecto. Pero el tiempo pasa, los hijos crecen, los amigos se van, y eso no se recupera nunca más.

Eres propietaria de dos radios en Nueva York. ¿Cómo surgió esa idea?

Bueno, la idea de tener la radio surgió después de estar en los Estados Unidos 28 años, a consecuencia de que, en una oportunidad, conversando con amigos inmigrantes, confundían a Paraguay con Uruguay. Y yo les decía: «Paraguay no es Uruguay. Uruguay es esto, Paraguay es esto otro; estamos ubicados en el corazón de América Latina, etc.».

Entonces, un día vine a casa y dije: «¿Cómo puedo hacer para, por lo menos, dar un brinco y lograr que la gente distinga entre Paraguay y Uruguay? ¿Cómo hago? ¿Cómo hago? Al menos que mi círculo se entere, porque no voy a pretender que el mundo entero se dé cuenta de la diferencia entre Paraguay y Uruguay».

En fin, comencé a pensar y dije: «Voy a poner una radio, un diario digital y voy a comenzar a difundir por todos los medios habidos y por haber la cultura paraguaya, la música paraguaya, los artistas paraguayos, la política paraguaya, lo que es Paraguay en América del Sur». Y dio resultado, porque hoy en día, en cada programación que emitimos tenemos una audiencia internacional que gusta muchísimo de todo lo que es Paraguay.

Luego surgió la otra radio, Oñondivepa Paraguay, en donde exclusivamente se escucha música paraguaya, de artistas paraguayos, y también de artistas internacionales que gustan de nuestra música y grabaron temas paraguayos. Hoy en día, ambas radios tienen una audiencia muy amplia entre los paraguayos y también entre personas extranjeras que permanentemente nos escriben para preguntarnos qué idioma es el que están hablando (por el guaraní). Mucha gente no sabe hasta hoy en qué idioma están esas canciones. Eso me da la oportunidad de contestarles y ponerles de resalto a Paraguay. Y esa es la finalidad de esa radio. Estamos yendo bastante bien.

¿La audiencia crece?

La audiencia va en aumento. Las dos radios están subiendo en materia de audiencia. No nos podemos quejar. Somos una radio en donde no hay publicidad las 24 horas. Hay empresas que trabajan comprando espacios en radio, que intentaron que se les venda, pero la cláusula principal era que ellos tenían que manejar los tiempos y los programas. «Paraguay no vende», me dijo uno de ellos. Entonces, Paraguay va a quedar reducido a un programa de dos horas. Para hacerlo corto, le agradecí muchísimo y les dije: «No, no business, no hay negocio».

Entonces, ¿sigo con las radios? No es nada fácil. Son costosas. Pero algo tenemos que aportar cada uno a nuestro país. Y yo quiero aportar el trabajo en las dos radios y también en nuestro diario digital, desdenuevayork.online. De manera tal de dar a conocer nuestro país y también pasar noticias.

Nosotros, los paraguayos aquí en Estados Unidos, hacemos un seguimiento de todos los medios de comunicación de Paraguay. Lastimosamente, hay tres bandos y uno al final no sabe cuál de ellos está diciendo la verdad. Entonces Radio Tribuna decidió tener una programación llamada Mundo, Música y Noticias, en donde participan periodistas, escritores, artistas, políticos, psicólogos, todo tipo de personas y profesiones, de manera tal que nuestra audiencia paraguaya, y también latinoamericana, pueda recibir información fidedigna de primera mano.

¿Cómo es la programación?

Nuestras programaciones son variadas: tenemos tango, vals, música popular, música paraguaya, chamamé, música de Brasil, música chilena, música de los Estados Unidos. Tenemos de todo un poco porque, como es una radio de inmigrantes, somos muchos países los que componemos la cultura de esta Unión Americana y, consecuentemente, tenemos un poquito de todo.

Mi programa que dura tres horas, Mundo, Música y Noticias, va los sábados en la tarde-noche. Los domingos tenemos Gotitas de Amor, en donde la gente participa impresionantemente. Y tenemos, por supuesto, también Domingo de Cuentos, que es un pedacito de cultura literaria para todo el mundo, donde participan escritores, artistas y personas no solo de Paraguay sino de todos los países del mundo.

¿Qué futuros planes tienen con los medios?

Yo me estoy jubilando, si Dios me permite, en dos años y medio más, porque firmé un contrato nuevamente el año pasado por tres años. Y luego ya me estoy retirando de trabajar para empresas. Voy a dedicarme exclusivamente a la radio y ahí sí voy a producir publicidad para los medios. Porque ahí yo misma voy a tomar cartas en el asunto y no voy a estar pidiéndole a terceros, sino que yo misma voy a trabajar por ese detalle importante que nos falta todavía para seguir solventando los medios. Y creo que una vez que esté liberada de las responsabilidades de mi trabajo actual, pues ya voy a estar en condiciones de producir para los medios.

¿Cómo te defines a ti misma?

Diría que soy una soñadora, porque quisiera que el mundo viviera en paz. Sufro mucho cada vez que en las noticias recibimos informaciones de nuevos enfrentamientos, de cantidad de muertos, de cantidad de heridos, edificios históricos derrumbados, de choques entre culturas distintas. Soy una amante de la utopía, de la paz en el mundo. En el fondo sé que es hasta casi imposible, pero qué lindo sería si los pueblos conversaran, se sentaran, dialogaran y trataran de renunciar un poquito cada uno en pos de una paz entre comillas, y evitar que personas inocentes pierdan sus vidas.

Qué lindo sería que las autoridades de grandes países se unieran realmente para hablar por el interés del mundo, como el G20, por ejemplo, donde se sientan supuestamente a hablar para mejorar cada uno su pueblo y colaborar los unos con los otros para que eso ocurra. Pero, sin embargo, cada uno lleva ases bajo la manga y solamente quieren sacar una tajada mayor. Y eso, por supuesto, desestabiliza al mundo. Esa torta cada vez es más chica y los que están sentados a la mesa para servirse son más.

Consecuentemente, mi utopía total es ver a los pueblos unidos. No más guerras. No más niños maltratados y violentados en su inocencia. No más animales sufriendo. Hambre, frío, castigos por personas que no merecen ser llamadas personas. Porque si los animales pudieran defenderse lo harían, pero son inocentes e indefensos. Y eso cada vez se ve más, se escucha más, y eso realmente me horroriza.

Para finalizar, solamente quiero desearle éxitos a esta publicación, este emprendimiento tan importante, tan interesante, que están haciendo, porque cuanto más seamos los que hablemos de cultura, de música, de arte, de conciliación, de respeto, será mucho mejor para el mundo. Seamos más los que queramos ver a este mundo pacificado, a los hermanos unidos, y aunque tengamos diferentes culturas, diferentes religiones y diferentes idiomas, hay un solo idioma natural que nos une a todos: que somos seres vivos, que sentimos calor, frío, hambre, sueño y que todos algún día, así como nacimos, vamos a morir, pero por lo menos muramos en paz.

Gracias por esta oportunidad, les deseo muchísimos éxitos a los dos y cuenten conmigo en lo que pueda hacer por ustedes. Aquí estoy, un abrazo.

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