Dom 20 septiembre ,2026
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Psicología y literatura: una simbiosis perfecta

ESPECIAL DE CLEO

Si pensamos en una persona multifacética, Noemí Illescas cuadra en esa descripción. Desde la Amazonía ecuatoriana nos cuenta sobre sus diversos proyectos con fuerte impacto social en su comunidad. Psicóloga y escritora, supo encontrar la simbiosis entre su profesión y su pasión.

Noemí, vives en un lugar de exuberante naturaleza. 

Actualmente vivo en Ecuador, en la provincia; específicamente en Puyo, Pastaza; para mayor ubicación, en la Amazonía ecuatoriana. Un lugar mágico, lleno de flora y fauna; realmente un sitio hermoso para vivir. 

¿Cómo conjugas tu profesión de psicóloga con la pasión por escribir? 

He unificado todas mis profesiones porque creo que soy polifacética, hago muchas cosas. Noemí Illescas es psicóloga y escritora, y dentro están los libros, los talleres y el psicopodcast que tengo de salud mental. 

¿Tienes varias actividades? 

Sí. Cuento con «Una hora para charlar», un servicio de salud mental dirigido a personas de cualquier parte del mundo que quieran hablar. Durante 60 minutos ofrecemos una charla de acompañamiento emocional o para tratar cualquier situación. También organizamos talleres destinados a mujeres, padres y jóvenes. Todo esto abarca lo que hago. En mis páginas de Facebook —que ahora he unificado en una sola— van a encontrar todo esto. 

De profesión soy psicóloga y brindo acompañamiento a personas que lo requieran; también tengo un consultorio privado. Sobre todo, mi carrera se centra en el asesoramiento y el desarrollo humano. Aparte de eso, soy gestora cultural y promotora de proyectos sociales. Soy autora y coautora de ocho libros. Tengo una trayectoria construida entre experiencias de vida, la literatura y el servicio a la comunidad.  

Mi historia personal siempre ha estado marcada por diferentes etapas y desafíos que posteriormente se han convertido en inspiración. Para escribir cada uno de mis textos y proyectos, busco transmitir un mensaje de esperanza, superación y crecimiento. He tenido muchas vivencias cuando estuve fuera de mi país; entre ellas en Estados Unidos (estuve radicada en Nueva York). Hace tres años que regresé a Ecuador para continuar con el desarrollo de mis proyectos literarios y sociales. 

Actualmente estoy trabajando también en la creación de nuevos libros, proyectos de escritura, actividades culturales, espacios de conversación y acompañamiento. Soy fundadora de la Fundación Plumas y Esperanza, una iniciativa en donde buscamos impulsar la escritura, apoyar a nuevos autores, y, sobre todo, a los jóvenes. Damos talleres dirigidos a jóvenes, familias y comunidades para alejarlos de las drogas, el alcohol y la delincuencia, ya que actualmente nuestro país tiene un déficit demasiado alto del consumo de estupefacientes. Los hogares están separados, las familias se han visto distanciadas por la falta de fuentes de trabajo, que obliga a emigrar a otros países; de ahí surge ese vínculo de separación entre padres e hijos y su repercusión en nuestra sociedad.  

Aparte de eso, también participo en un programa de radio los días miércoles donde tenemos un espacio de salud mental; tengo mi psicopodcast, Mentes en Conversación, junto a Gustavo Tustón, un espacio dedicado a conversar sobre temas de la vida cotidiana, relaciones, emociones, familia y crecimiento personal. Creo que en tan corto tiempo he hecho tantas actividades que, a veces, cuando miro hacia atrás, ni yo misma me lo creo. Son tantas cosas que me podría quedar todo el día aquí enumerándolas, pero es mi historia, mi trabajo y los momentos que puedo compartir. 

¿Hay complementación entre la psicología y la literatura? 

Para mí, la psicología y la literatura se complementan profundamente. La psicología me ha permitido comprender las emociones, los comportamientos y la historia de cada persona, porque detrás de cada vida, detrás de cada rostro, de cada ser humano, hay un relato que contar. Y todos merecen ser escuchados.  

Mientras tanto, la literatura me brinda una manera de transformar esas experiencias en palabras, en personajes, en mensajes que puedan llegar al corazón de los lectores. Eso es lo que he encontrado a través de las letras. Muchas veces detrás de una historia hay emociones, heridas, sueños, pérdidas, miedos y también esperanza. Como psicóloga, lo veo en consulta cuando doy acompañamiento, sobre todo a adultos mayores, ya que he visto la necesidad de llevar mi consultorio ambulante hasta los domicilios de quienes lo requieran.  

Últimamente he estado trabajando mucho con adultos mayores cuyos familiares están en el extranjero. Son abuelitos que viven solos, no tienen con quién platicar, entonces sus parientes me han contactado. Lo que hago en estas visitas a domicilio, más que dar ayuda psicológica, es trabajar en el área cognitiva, a través de charlas, con la escritura creativa de pequeños recuerdos de su infancia y de su vida. Es un compartir muy bonito.  

Sobre todo, implemento la escritura creativa y el arteterapia a través de los dibujos. Uno puede hacer que el paciente encuentre esos momentos de calma y exprese sus emociones a través de la pintura. Son experiencias muy lindas que uno puede vivir combinando la psicología y la literatura. Es una manera tan gratificante de unir ambas profesiones, que no son caminos separados, sino que, la psicología me ayuda a comprender al ser humano, y la literatura me permite contar historias. Para mí, ambas tienen algo en común: escuchar, comprender y acompañar. A través de un buen libro o de una buena historia, como lectora me puedo sentir escuchada y valorada, y como psicóloga puedo ayudar a mejorar vidas y a propiciar momentos de calidad. Podría decir estas dos profesiones son muy gratificantes y unirlas me ha ayudado a entender profundamente al ser humano. 

Pusiste en práctica un proyecto para trabajar con jóvenes indígenas de la Amazonía, ¿cómo fue esa experiencia? 

Se trata del proyecto Plumas y Esperanza. Esto surgió hace aproximadamente dos años en la Amazonía ecuatoriana junto a 29 jóvenes. Fue una experiencia increíble que recuerdo con mucha gratificación, con mucha gratitud, porque me dejó mucho aprendizaje, mucha enseñanza.  

En aquel entonces yo emprendí ese proyecto junto a la licenciada Janeth Toquetón, quien se encontraba trabajando en una institución educativa en un lugar muy alejado de Puyo, Pastaza, a unos 40 minutos de viaje en auto hacia la selva. Pero fue un lindo compartir, una gran oportunidad de plasmar sueños, historias y aprendizaje en un libro. Creo que eso dejó una gran marca, una gran huella en el corazón de cada lector que pudo adquirir esa hermosa obra. De ahí nace la Fundación Plumas y Esperanza, un proyecto que hemos continuado fortaleciendo con diferentes iniciativas de carácter social y cultural.  

Hemos desarrollado, entre otras actividades, talleres dirigidos a mujeres, enfocados en robustecer su liderazgo, su autoestima y su confianza para que puedan reconocer el valor y la capacidad que cada una de ellas tiene. Aquí quiero hacer un énfasis: todavía en nuestro país persiste el machismo, esa idea de que la mujer no puede salir adelante y de que solo está destinada a quedarse en casa, pero no es así. Yo creo que tanto el hombre como la mujer tienen la misma fuerza y capacidad. 

¿Qué te nutrió en ese trayecto? ¿Cuál es tu característica personal? 

Lo que me nutrió de este proyecto con los 29 jóvenes y el nacimiento de la fundación fue que me enseñó algo tan importante como a no ser pesimista. Siempre he sido una mujer visionaria, me gusta mirar hacia el porvenir. Casi nunca me doy por vencida y eso ha sido una pieza fundamental en mi vida.  

Podría decir que siempre he sido soñadora y que me gusta proyectarme hacia el futuro. Muchas veces las personas dicen que no se debería imaginar mucho el mañana, pero yo pienso que cuando uno se visualiza, cuando uno trabaja a través de la imaginación, a veces las cosas se dan; tal vez no en ese momento, pero sí a largo plazo. Lo que me enseñó este proyecto fue a no rendirme, a tocar puertas y a no tener miedo. 

¿Cómo fue el inicio del proyecto con los jóvenes? 

Aún recuerdo que este proyecto lo empezamos sin tener ni un dólar en el bolsillo, como decimos aquí en Ecuador; sin contar con los recursos económicos necesarios, porque publicar un libro es demasiado costoso. Pero gracias a las plataformas que hoy en día existen, ya se puede uno autopublicar. Entonces, nuestra obra llegó a ser editada en Amazon y es ahí es donde está a la venta y se puede adquirir nuestro libro Bajo el Cielo de la Selva.  

Fue un aprendizaje increíble de ahí en más. También han surgido ya las pequeñas ramitas de nuestra iniciativa: un joven que actualmente es corredor de montaña, a quien también hemos acompañado. O un autor novel que, según no comentó la última vez que lo vimos, quería ser escritor y publicar su historia de vida. Nos llena de satisfacción ver que hemos hecho algo productivo.  

Cuando en una tarde de lluvia o una tarde de café conversamos con mi compañera de la organización, reflexionamos sobre cómo a veces no dimensionamos la magnitud de lo que hacemos en la sociedad, aunque los demás sí lo ven. Y cuando se observa el fruto de esa transformación —de algo que nosotros iniciamos— es increíble y mágico notar el cambio en los individuos a los que hemos podido tocar el corazón. 

¿Cuáles son los proyectos que estás poniendo en práctica actualmente? 

Los proyectos que actualmente estoy desarrollando son varios, así que los iré mencionando uno a uno con una explicación.  

Tengo un espacio de salud mental en una radio todos los días miércoles a las ocho de la mañana. A través de ese medio, que nos han brindado, he podido llegar a más personas. Damos consejos de orientación familiar, sugerencias de pareja, consejos para padres, sobre cómo llevar una bonita relación. En fin, tratamos muchos temas vinculados a las familias, los jóvenes y los matrimonios. Es una etapa muy linda que vivo mes a mes: cada miércoles, nuestra audiencia está esperando que llegue la hora para escuchar los tips que Noemí va a dar, o los «consejitos», como ellos dicen. Eso resulta también muy gratificante. 

Otro proyecto muy importante en el que participo es una iniciativa literaria de mucho valor para mí. Hemos logrado reunir a un grupo de profesionales de diferentes áreas: maestros, periodistas, psicólogos y escritores. Es un grupo diverso, de distintas facetas, con diferentes pensamientos y formas de ver la vida. Estamos trabajando en una obra colectiva en donde cada participante va a aportar desde su experiencia y su profesión. Será una obra llena de mucho conocimiento, que no será poesía, sino prosa. La publicación está prevista para mayo de 2027 y creo que lo más hermoso de este proyecto es precisamente esa diversidad de voces, profesiones, historias y maneras de mirar la vida reunidas en un solo libro. Somos doce autores en nuestro grupo —llamado Neblina Literaria—; ahí estamos diez ecuatorianos y dos que viven en Estados Unidos.  

Más adelante conocerán los detalles de este proyecto. Para mí, todos estos proyectos tienen un mismo hilo conductor, como siempre digo. En lo personal, lo más hermoso es crear, escribir y trabajar junto a otras personas donde yo pueda aportar un poquito de lo que sé —porque no es que sé todo—. El ser humano constantemente está en transición, cada persona está aprendiendo; por eso creo firmemente que una palabra puede inspirar, que una historia puede transformar vidas y una oportunidad puede cambiar una existencia, como en este caso estamos haciendo.  

No todos tienen publicaciones; algunos son psicólogos, otros son periodistas, que nunca han tenido la oportunidad de escribir ninguna columna o ningún libro; entonces eso va a ser muy bonito. Es una obra en la que estamos trabajando con mucho amor y cariño, y creo que 2027 se viene cargado de muchas emociones positivas.  

Aparte de eso, tengo mi programa de psicopodcast, Mentes en Conversación, un espacio en YouTube donde hablamos solo de salud mental y donde van a poder conocer un poquito más de cerca quién es Noemí Illescas y mi historia. Este programa lo hacemos con Gustavo Tustón, que es mi compañero que conduce el programa, nos escuchan cada viernes y ya vamos por la segunda temporada, que va a salir a finales de septiembre.  

Esos son los últimos proyectos en los que he estado trabajando, aparte de los que ya he comentado anteriormente. También se viene en camino una novela de mi autoría; Dios mediante, espero que para el 2027 ya esté lista. Ya les iré comentando a través de mis páginas y mis redes sociales.

Eres autora de varios libros, cuéntanos sobre tu literatura. 

Mis libros se centran en diferentes aspectos. La poesía romántica fue el tema de mi primer libro, Las cartas de un loco. Luego fui evolucionando, pasé de la poesía a la narrativa y llegó mi novela El Desafío de Abril, una novela que tuvo un gran impacto en Nueva York, que habla de una joven exitosa que tuvo que atravesar todo el trayecto de la frontera y el desierto hasta llegar a Estados Unidos, la vida dura que vive un inmigrante y cómo hay que superarse. En realidad, tiene un poco de esencia de Noemí, pero es una recopilación de varias historias de migrantes plasmadas en un personaje que es Abril Sánchez.  

Eso es lo bonito de ser escritor: hacer volar nuestra imaginación. Porque a través de cada experiencia y del dolor humano, uno puede crear un personaje y armar una historia. Mediante la literatura, uno puede llevar a concientizar y mostrar cómo es la vida del inmigrante: ese trayecto por la frontera, lo que se siente, los miedos, los desafíos y a qué nos enfrentamos al llegar a un país distinto con un idioma desconocido.  

Muchos inmigrantes llegamos solo con una maleta llena de sueños. Es difícil volver a empezar; sin embargo, nada es imposible. Creo que todos, al ser inmigrantes en cualquier país, aprendemos a resurgir y somos resilientes en ese aspecto de volver a renacer. Yo siempre hablo de un renacer, porque cambiarse de país no es fácil; a mí misma, al volver a mi propio país, me ha costado adaptarme y volver a iniciar. Detrás de cada vida siempre hay una historia que contar. Las personas nos pueden ver lindos, radiantes, brillando con libros, proyectos, pero nadie sabe realmente qué existe detrás de cada sueño, de cada proyecto, porque detrás de cada libro hay una historia que contar.  

¿Cuál es tu fuente de inspiración? 

La fuente de mi inspiración… bueno, creo que todos tenemos una fuente de inspiración para escribir. Yo escribo desde muy niña, pero empecé a escribir debido a la ausencia de mis padres en los años 90. Mis papás nos dejaban solos al cuidado del hermano más adulto, en este caso mi hermana nos cuidaba; después yo tuve también que hacerme cargo de mis hermanitos, cuidarlos a ellos, porque papá y mamá estaban en la propiedad, en el rancho, trabajando para poder mantenernos.  

Ha sido una etapa muy difícil mi infancia, entonces aprendí a transcribir mis emociones a través de poemas, versos cortos en ese tiempo. Los primeros fueron a mamá, a papá, a la familia. Ahí nace mi inspiración, sobre todo me inspiraba en los ríos; luego, ya cuando fui adolescente, llegó el primer amor, la historia de vida, y uno va adquiriendo material para poder escribir. 

Ya en estos tiempos, podría decir que mi fuente de inspiración es la vida misma, es la forma de vivir como ser humano: Noemí como madre, como amiga, como la psicóloga, como la escritora. Yo siempre veo mucho y hablo poco; me gusta observar mucho y siento que eso puedo plasmarlo en una historia, porque a través de los libros, de la literatura, se puede llegar a sensibilizar y tocar el corazón de las personas. Eso ha sido mi fuente de inspiración, porque Noemí realmente no ha tenido una vida fácil.  

Si mal no recuerdo, estuve en tres o cuatro ocasiones en contacto con la muerte, atravesando momentos de salud muy difíciles en los que tuve que luchar contra mí misma para seguir adelante. Creo que Dios me ha dado una segunda oportunidad y que todos esos momentos llenos de desafíos me han ayudado a entender la vida y a ser más humana para tocar a los demás a través de cada uno de mis versos, con mis proyectos y mi deseo de apoyar a las personas. A veces, al hacer un momento de introspección, pienso que Dios siempre pone las pruebas y experiencias en mí para que luego pueda replicarlas con mis pacientes, en mis talleres y con quienes van a escuchar mis charlas y conferencias… Es algo que, para los creyentes, tiene sentido: Dios nos prepara para que luego podamos emprender y ser esa guía para las demás personas.  

En conclusión, la fuente de mi inspiración es la vida misma, las dificultades, la soledad, la tristeza y los problemas sociales que uno cada día acarrea; sobre todo en nuestro país, como está en la actualidad, hay mucho material para seguir escribiendo. 

«Ya en estos tiempos, podría decir que mi fuente de inspiración es la vida misma, es la forma de vivir como ser humano: Noemí como madre, como amiga, como la psicóloga, como la escritora».

¿Cómo te autodefines? 

Me defino como una mujer resiliente, fuerte, guerrera, que no le teme a nada, con un corazón brillante, lleno de bondad, siempre predispuesta para ayudar a quien necesite de mí. La vida me ha enseñado muchas cosas, y para mí no hay imposibles en un proyecto, siempre hay esa luz de esperanza al otro lado del túnel. Hay que tocar puertas, hay que buscar ayuda, hay que hablar, porque si no hablamos, a veces nadie sabe qué es lo que necesitamos.  

Con toda la experiencia de vida que he adquirido —la cual Dios, por alguna razón, ha puesto en mi camino para ir preparándome a lo largo de los años— sé que mi carrera no ha sido fácil. Detrás de cada libro, de cada proyecto y de cada sueño, hay una mujer que luchó por estudiar, por sacar adelante a su familia y por ser madre; los desafíos como madre y como profesional. 

Son muchas cosas, creo que aprendí a ser resiliente, pero es muy difícil llegar a serlo. En alguna ocasión llegué a tocar fondo; muchas veces he tenido que volver a levantarme, muchas veces me he caído, me he levantado y he seguido otra vez. Pero yo siento que cuando uno tiene a Dios en el corazón, no hay nada difícil en esta vida; por eso siempre digo cuando ofrezco mis charlas y talleres, que crean en Dios o en lo que crean, pero siempre tengan fe en algo.  

Sobre todo, lo más importante es confiar en uno mismo, porque ahí aprendemos a conocernos de verdad. A veces se dice que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos; por eso, siempre los invito a ser positivos, a creer en el valor que uno tiene y sobre todo a alegrarse de cada logro, de cada propósito que uno va consiguiendo en la vida. Así podría definirme en pocas palabras: resiliente, optimista, fuerte, guerrera, y entregada a la labor social. 

¿Qué importancia tiene para ti la posibilidad de volver a empezar? 

Muchas veces vivimos en diferentes lugares o en una sociedad donde cada situación y cada adversidad nos lleva a pensar; y cuando terminan las dificultades nos dejan una reflexión. A veces nos mudamos de país, y tanto hombres como mujeres tenemos que volver a empezar. En otras ocasiones, tenemos que volver a empezar después de una pérdida, un fracaso, una separación; son diferentes circunstancias de la vida, pero siempre hay que volver a empezar.  

Este tema me toca el corazón porque, como inmigrante, debemos dejar el país de origen para buscar una mejor oportunidad de vida y el bienestar de la familia.  Todo eso implica dejar atrás algo y volver a empezar. Y eso es lo que nos enseña a reinventarnos; no significa olvidar nuestras raíces o quiénes somos, sino descubrir de lo que somos capaces, quiénes somos realmente y qué podemos lograr. Reconocer nuestra fuerza y hacia dónde nos lleva nuestra historia y nuestro deseo de superación.  

Por eso escribo y por eso también trabajo en proyectos sociales: porque he descubierto que detrás de cada ser humano hay una historia, una enseñanza, un aprendizaje y una experiencia. Ahí es donde descubrimos nuestras grandes capacidades, que somos fuertes y que podemos volver a iniciar.  

Hoy quiero decirles a todas esas personas que están pasando por momentos difíciles —un duelo, la pérdida de un ser querido, una separación— que no es el final de todo, sino una oportunidad para encontrarnos con nosotros mismos, levantarnos y seguir. No tengan miedo de comenzar de nuevo; tal vez a veces estamos empezando desde cero, sí, pero es el comienzo de una nueva experiencia y de una nueva etapa. Aunque en la vida hayamos tenido golpes difíciles o momentos caóticos, pensemos que no todos los días van a ser lo mismo. Cada día es distinto: no todos los días sale el sol, no todos los días llueve. Siempre utilizo estas metáforas para explicar que así es la vida del ser humano: unos días son buenos, otros días son malos, hay momentos increíbles y momentos donde ni siquiera queremos levantarnos.  

Hay que tener un momento de reflexión con uno mismo y, sobre todo, practicar la gratitud y aceptar todo con amor y cariño. Porque, si practicamos la gratitud, nos estamos permitiendo ser amables con nosotros mismos, siendo compasivos con nuestra propia historia.  

¿Cómo te pueden localizar a través de las redes sociales? 

En mis redes sociales me pueden encontar en Facebook como Noemí Illescas, psicóloga y escritora. En Instagram, como psicóloga Noemí Illescas y en TikTok, como psicóloga Noemí Illescas y escritora Noemí Illescas.  

Nuestros libros y obras publicadas están disponibles en Amazon.com y en formato eBook a través de Kindle. Para las personas que se encuentran en Ecuador, pueden contactarme a través de mi página personal. Nos pueden enviar un mensajito privado y realizamos envíos a cualquier parte del país. A nivel internacional, se pueden adquirir directamente en Amazon. 

Te agradecemos por compartir este tiempo con Cleo y sus lectores. 

Muchísimas gracias por esta maravillosa oportunidad, y recuerden siempre que hay que volverse a levantar después de una caída. 

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