Jue 05 noviembre ,2026
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La buena vida

Por la Redacción Cultural

La Universidad de Harvard realizó un estudio que duró ochenta y seis años sobre la felicidad; sus conclusiones se publicaron en el libro “La buena vida” del año 2023 donde Robert Waldinger, uno de los científicos participantes, es coautor. No voy a profundizar en las especificidades de dicho estudio porque ya lo hemos hecho en esta columna.

Sí quiero resaltar que este importante estudio remarca que la felicidad no se encuentra en la fama, el dinero o en los honores; tampoco en una vida profesional destacada. Sino que son las relaciones afectivas desinteresadas y auténticas con otras personas las que realmente nos hacen felices. Además, se desprende de esta investigación que las personas que han mantenido relaciones ‘cálidas’ no sólo viven más tiempo, sino que también se mantienen más sanas. Estas conclusiones fueron congruentes con otros estudios similares realizados por otras universidades, aunque no tan extensos en el tiempo.

Para el mundo de la filosofía estas conclusiones no cayeron de sorpresa dado que desde hace por lo menos dos mil quinientos años diferentes escuelas del pensamiento afirmaban la validez de esta realidad ahora científicamente comprobada.

Por lo tanto, parece sensato que si estamos interesados en cierta calidad de vida podamos cultivar relaciones humanas profundas, lo que parece todo un lujo en una sociedad que nos sumerge en los excesos de trabajo,  expectativas, pantallas y donde sobreabunda el entretenimiento. En definitiva, nos conduce a un estilo de vida vertiginoso y aturdidor con relaciones humanas superficiales.

Como resultado de esto, dice el filósofo surcoreano Byung – Chul Han en su obra “La sociedad del cansancio” que el ser humano termina cansado y deprimido, sin siquiera comprender por qué está deprimido en un mundo donde la autoayuda es uno de los negocios que más dinero mueve y facilita la auto explotación con la creencia de autorrealización.

El mismo Han nos da cuatro claves como posible solución:

  • Recuperar el NO: comprender que somos seres limitados y no todo es posible. Aprender a decir NO, para tener tiempo para dedicar a nuestros seres amados y a una vida interior.
  • No trasladar las tareas laborales a otro momento.
  • Comprender que la diversión permanente es la otra cara de la sociedad de la auto explotación. La diversión puede ser alienante, no nos permite comprender nuestra verdadera situación.
  • Recuperar el tiempo de ocio. Quizás esta sea la clave más importante. Recuperar la idea aristotélica de la contemplación, una observación introspectiva que nos lleve a ver realmente lo que es importante en la vida y así generar una escala axiológica propia que nos de autonomía moral.

Es muy probable que León Tolstói nos advirtiera de las consecuencias del estilo de vida imperante en la actualidad en su relato “La muerte de Iván Ilich”; en él, el escritor ruso cuenta las últimas horas de vida de un viejo fiscal quien en agonía ante la proximidad de su final hace un repaso de su vida desde la felicidad de su niñez y adolescencia, pasando por su época de estudiante de jurisprudencia, hasta obtener el cargo de fiscal. Cómo el amor genuino con su esposa se fue transformando en rutina, desencanto y desilusión; el trato indiferente de sus hijos; las excesivas horas de trabajo y esfuerzo para obtener el ascenso social; cómo fue cambiando sus amistades de genuina afectividad por otras donde primaban el interés y las sonrisas falsas. También notó que cuando más rico se hacía y más exitoso era en su carrera, menos sentido tenía su vida.

Como miembros de esta sociedad de auto explotación necesitamos recuperar el tiempo que nos permita tener horas de calidez con las personas que realmente nos interesan. Cultivar propósitos superiores, lo que no hizo el protagonista de Tolstói; a diferencia del viejo fiscal, nosotros aún estamos a tiempo.

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