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Tras cinco años de guerra, ¿cómo se mantienen los pequeños comercios en Ucrania?

Texto original: Nevena Borisova

Edición y traducción: Juan Carlos Busto

Artículo original: https://es.globalvoices.org/2026/10/24/tras-cinco-anos-de-guerra-como-se-mantienen-los-pequenos-comercios-en-ucrania/

Original publicado 28 de septiembre de 2026Traducción publicada el 24 de octubre de 2026

Los efectos generados por la guerra en Ucrania han afectado gravemente a diversos sectores, entre los que están los pequeños comercios. Sin embargo, algunos logran oponerse a la infraestructura generalizada, a los problemas en la cadena de suministro, la falta de trabajadores y el acceso limitado a las finanzas. Las mujeres ocupan un lugar especial en estos comercios.

Un estudio auspiciado por la PNUD destacó que el 83% de los pequeños comercios se vieron afectados negativamente por la guerra; la prevalencia de negocios liderados por mujeres ha ido en aumento desde que empezó la invasión a gran escala. Muchas mujeres se han vuelto emprendedoras por el desalojo, la pérdida de ingresos familiares, la ausencia de su pareja por el servicio militar y, por último aunque no menos importante, la necesidad de combinar trabajo flexible con el cuidado de la familia.

Según indica The New Voice of Ukraine, las mujeres representaron casi el 60% de los nuevos empresarios individuales registrados en el primer trimestre de 2026, a diferencia del cerca del 49% de antes del conflicto.

De igual manera, las mujeres, en 2025, estaban a cargo de 12,757 compañías recién establecidas (un 34% del total de empresas recién fundadas). Según datos de marzo de 2026, alrededor del 32% de las compañías registradas en Ucrania están dirigidas por mujeres.

“La guerra puede acabar enseguida con un negocio, pero también da paso a un constante proceso de adaptación”, nos cuenta la escritora y periodista Victoria Belim-Frolova desde algún lugar en Ucrania en nuestra entrevista a través de mensajes. “Algún lugar” suena como una descripción justa, porque no deje de moverse, ha vivido y trabajado más de dos años en el este de Ucrania con las comunidades más afectadas. Se mudó de Bruselas a Ucrania en 2025 y no ha parado de informar sobre cómo las mujeres se han visto obligadas a adaptarse a causa de la guerra.

Los comercios locales (incluidos los liderados por mujeres, dice) no dan su brazo a torcer tan fácilmente. Más bien, “se trasladan, se reducen, cambian sus productos o servicios, o trabajan en circunstancias que, normalmente, imposibilitarían tener un negocio”.

Global Voices (GV): Todos sabemos que la guerra afecta a la economía y a los negocios. Has vivido mucho tiempo en Ucrania. ¿Cómo describirías la dinámica actual?

Victoria Belim-Frolova (VBF) Hubo traslados, empresas que mudaron sus operaciones, empresarios que aprendieron a trabajar durante apagones y ataques aéreos, y una mayor dispersión geográfica del tejido empresarial. Sin embargo, las estadísticas no reflejan necesariamente cómo es la vida económica en realidad. Al este de Ucrania he podido ver el fin de la vida comercial en ciudades enteras. Las tiendas cierran, los restaurantes desaparecen, los negocios se trasladan al oeste o al extranjero, y gente con talento se va. Un lugar puede seguir existiendo en un mapa mientras va perdiendo el ecosistema económico que hacía posible la vida normal. Mientras tanto, la guerra crea nuevos sectores y transforma otros ya existentes. Ucrania tienen ahora una extraordinaria industria de tecnología de defensa. Los ingenieros que antes trabajaban en el comercio tecnológico están elaborando drones, sistemas de comunicación y tecnología militar. Más que en decadencia, yo describiría la economía en Ucrania como violentamente reestructurada a causa de la guerra.

GV: ¿Qué ha sido de los sectores en auge, como el de la informática?

VBF: Algo que es muy impactante sobre Ucrania es que su economía no ha colapsado, sino que se ha adaptado, aunque de manera desigual. La informática es un buen ejemplo. Antes de la invasión a gran escala, era uno de los mayores éxitos de Ucrania y sigue siendo bastante fuerte.

GV: ¿Qué nos puedes contar sobre los negocios artesanales en línea, dirigidos a menudo por mujeres?

VBF: Es uno de los rubros que tendría cuidado en describir como que simplemente desaparecen. El comercio en línea ha dado algo muy valioso a los pequeños productores ucranianos durante la guerra: acceso a clientes que no están en Ucrania. Para quienes fabrican cerámica, joyería, bordados, ropa, productos de belleza o demás bienes artesanales, el comprador promedio se habría empobrecido o desaparecido. Sin embargo, el comercio en línea permite vender a Varsovia, Bruselas, Londres o Nueva York.

Por supuesto que hay dificultades: logísticas interrumpidas, cortes de luz, desplazamiento, aumento de costos o la dificultad psicológica que conlleva sacar adelante un pequeño negocio mientras tu país está en guerra. Sin embargo, como son pequeños, se pueden permitir adaptarse. Estas formas tan modestas de resiliencia económica han despertado mi interés. A menudo se habla de la economía ucraniana a través de PIB, costos de reconstrucción y grandes industrias.

Pero existe otra economía compuesta por una mujer que vende camisetas bordadas en línea, alguien que hace pasteles desde su apartamento, un vendedor de mercado que planta tomates o una persona que se ha trasladado a otra ciudad para empezar un pequeño negocio. Tal vez estas actividades, individualmente, parezcan insignificantes; pero, colectivamente, forman parte de lo que hace que la sociedad siga funcionando.

GV: Tu ámbito de interés concreto es cómo las mujeres y sus comunidades se ayudan mutuamente. ¿Qué ejemplos has presenciado?

VBF: Uno que me marcó es el de Anastasia, una joven de 18 años que conocí en Mikoláivka, ciudad cerca de Kramatorsk, en donde la seguridad está en constante deterioro. Aprendió por su cuenta a hacer uñas de gel viendo vídeos en línea, y se volvió la última manicurista trabajando en su ciudad.

Me sorprendió ver cómo algunas mujeres venían de lejos para verla. Algunas venían de pueblos y ciudades vecinas, por caminos repletos de drones, solo para hacerse la manicura. Sería fácil catalogar esto como algo frívolo durante una guerra, pero en mi opinión demuestra justo lo contrario. La manicura no consiste solo en belleza, sino en atenderse. Es una pequeña declaración de normalidad y una oportunidad para socializar.

Anastasia y su pequeño negocio crearon un espacio en el que mujeres pudieran sentarse, conversar y sentirse mujeres por un rato. Para mí, es un buen ejemplo del significado que pueden tener los pequeños negocios para las comunidades en tiempos de guerra. Su valor no siempre puede medirse en ingresos o empleo. Un negocio pequeño puede formar parte de la infraestructura social de un lugar, y cuando desaparece, las comunidades no pierden solo actividad económica, sino lugares de conexión, rutina y normalidad. La pobreza durante la guerra no solo es tener menos dinero, sino menos posibilidades de elegir. Cuando una comunidad se empobrece, el radio de posibilidades del pueblo se reduce. Pospones una cita médica, dejas de viajar, compras comida barata y no puedes arreglar tu apartamento. Con el tiempo, no te quedarán recursos para abandonar un lugar tan peligroso.

Esto se ve claramente reflejado en las evacuaciones en la región de Donetsk. Se requieren recursos para poder irte: un lugar a donde ir, dinero para alquilar otro apartamento, transporte, documentos, alguien que ayude a los mayores o los niños. Hay veces en las que la gente se queda en zonas extremadamente peligrosas porque todo lo que tienen está allí.

GV: ¿Qué nos puedes decir sobre las mujeres en ese contexto?

VBF: A menudo, las mujeres cargan con el peso particular que resulta ocuparse del hogar, los hijos y familiares mayores mientras intentan ganarse la vida. Muchas incluso han sido desplazadas mientras sus maridos o parejas están en el Ejército. La inseguridad económica viene vinculada con una enorme carga de cuidados y responsabilidades.

También se produce un efecto psicológico difícil de catalogar. Cuando una cafetería cierra o los compradores en mercados disminuyen, no solo se pierden negocios; se pierden lugares de reunión, de comunicación y de sensación de pertenencia a una comunidad. El empobrecimiento de una ciudad viene de la mano con el de su vida social.

GV: ¿Crees que hay esperanza al final del túnel?

VBF:  Ya no considero que esperanza sea algo que espera al final de un túnel. En Ucrania, sobre todo en las regiones en primera línea, nadie sabe qué tan largo es el túnel. Lo que me interesa más es lo que la gente hace dentro de ese túnel.

En Kramatorsk, he visto gente que abandonaba sus hogares y le daba las verduras que cultivaban a los voluntarios que los evacuaban, gente que sale a tomar un café tras noches de explosiones, de mercados que siguen abiertos y de gente que da clases, arregla techos, lleva a los mayores al hospital, rescata animales y vuelve al trabajo a la mañana siguiente.

Nada de eso nos asegura que todo saldrá bien. Creo que a veces hay mucha presión en hacer de la resistencia ucraniana una historia inspiradora. Hay gente cansada, que está perdiendo su hogar, medios de subsistencia y seres queridos, pero la lucha sigue. Para mí, tener esperanza consiste más en mantener la vida cotidiana en pie incluso con toda la suerte  del mundo en nuestra contra que la acumulación de pequeñas acciones.

GV: ¿Cómo afecta la pobreza en las comunidades y en los comercios manejados por mujeres?

VBF: Es mucho más visible, pero lo que me resulta impactante es ver lo ingeniosa que puede ser la gente. Se plantan alimentos, se cuidan las verduras, se hacen trueques, se confía en familiares y en vecinos, y se juntan diferentes fuentes de ingresos.

Importan las pequeñas cantidades de dinero. Importan muchísimo las redes no oficiales y las pensiones, y la ayuda humanitaria. Estos negocios pequeños han cobrado gran importancia para las mujeres. Tal vez sus actividades pasen desapercibidas a ojos de la macroeconomía, pero para un hogar individual equivalen a independencia y sobrevivencia.

Hay algo más que comentar sobre esta ingeniosidad. Ser ilimitadamente creativo ante la falta de ingresos, porque tu esposo está en la guerra o porque te han alejado de tus hijos y te estás quedando sin ahorros es sobrevivencia, y no tenemos que romantizarlo.

El artículo original sobre Tras cinco años de guerra, ¿cómo se mantienen los pequeños comercios en Ucrania? escrito por Nevena Borisova y traducido por Juan Carlos Busto, fue publicado en Global Voices. El texto de atribución correspondiente se encuentra disponible para su uso bajo la licencia Creative Commons Atribución 3.0 Unported https://creativecommons.org. Para leer el artículo completo, visite Global Voices. https://es.globalvoices.org/2026/10/24/tras-cinco-anos-de-guerra-como-se-mantienen-los-pequenos-comercios-en-ucrania/

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