Jue 05 noviembre ,2026
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Dueña de un estilo propio 

ESPECIAL DE CLEO

El arte es una manifestación estética que se percibe con los órganos de los sentidos pero que nos afecta profundamente en nuestro interior. Catalina White es una reconocida artista visual de Buenos Aires que tiene una formación y una experiencia destacada en el escenario pictórico argentino. Egresada de la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Dialogamos con ella para interiorizarnos sobre sus actividades.  

Tenés una gran trayectoria, ¿nos la contás? 

En 2015 participé en el programa de artistas PAC y en el taller de dibujo de Eduardo Stupía en la Universidad Torcuato Di Tella. En 2019 formé parte del programa de Artistas por Artistas de Fundación El Mirador. También asistí al taller de Escritura y Experimentación de Belén Datwiler y realicé un taller de acompañamiento virtual con Guad Creche. Este año fui seleccionada para participar de RESET en PROA 21. 
Participé en varias exposiciones colectivas en espacios como Wunsch Gallery, Munar, La Verdi, Vitriol, Teras (Rosario) y Tensor (Misiones). Este año realicé mi primera muestra individual en MUDA, en Goya, Corrientes. 
Además, fui seleccionada en la séptima Bienal Nacional de Pintura de Rafaela (2015), en el 69 Salón Nacional de Artes Plásticas Manuel Belgrano en el Museo Sívori (2025) y en el Salón Nacional de Artes Visuales del Palais de Glace (2026)
Vivo y trabajo en Buenos Aires. Hace ocho años que resido en Vicente López y actualmente tengo mi taller en el barrio de Montserrat

¿Por qué decidiste estudiar esta carrera? 

La verdad es que mi destino siempre fue el arte. Desde chica me destacaba en el colegio por eso y nunca tuve dudas sobre mi deseo ni a qué me quería dedicar. Cuando terminé la secundaria, la primera carrera en la que me inscribí fue Artes Visuales en el IUNA (actual UNA), de donde egresé como licenciada. 

Tuviste la oportunidad de compartir arte con personas en condición hospitalaria. ¿Cómo fue esa experiencia? 

Fue en 2018. Participé como voluntaria en fundaciones como Donde Quiero Estar y Vergel, que llevan la práctica artística a pacientes que atraviesan internaciones largas. Es una experiencia hermosa. El arte funciona muy bien como cuidado paliativo y como forma de vida; siento que aliviana la conciencia que se tiene de la existencia. Al crear, uno se integra de una manera más liviana a la vida. Hay algo en ese proceso donde el cuerpo y el espíritu se unen al vivir. 

«Al crear, uno se integra de una manera más liviana a la vida. Hay algo en ese proceso donde el cuerpo y el espíritu se unen al vivir». 

¿Cómo definirías tu estilo? 

Para mí, es muy personal y auténtico; no me siento directamente relacionada con nadie. En 2024 empecé a buscar seriamente mi esencia como artista. Anteriormente pintaba de una manera más representativa a través de imágenes o fotografías, pero sentía que no me vinculaba con algo más esencial que mi cuerpo me pedía. 

Alrededor de 2022, empecé a romper con lo que venía haciendo, hasta que logré conectar con el hacer mismo, sin una imagen prepensada ni la certeza de cómo iba a terminar la obra. Sabía que los gestos que realizaba eran los correctos. Así descubrí una forma de pintar que se alinea con lo que quiero transmitir: dejar que el cuerpo me guíe. 

La experiencia de cada cuerpo se manifiesta en la obra, pero hay que dejar que suceda de forma fluida. Si condicionamos el resultado, la creatividad se corta. El trabajo a veces pasa por la cabeza, pero en el taller suceden otras cosas que se descubren solo por el hecho de estar trabajando mucho. 

¿Seguís a alguien cuyo trabajo te genera admiración? 

Sí, tengo referentes que me gustan mucho. Mi «artista madre» es Georgia O’Keeffe; adoro su manera de pensar y su práctica artística. También admiro a Marie Laurencine, de quien amo su paleta y su forma de retratar, con una impronta fantástica, etérea y liviana. 
Cuando busqué mi propia técnica, me interesé en Tsuguharu Foujita, quien lograba un blanco muy especial. Investigué su receta, que consistía en carbonato de calcio y cola de carpintero hecho con ostras pulverizadas. En mi caso, yo lo hago pulverizando cáscaras de huevo. Con ese polvo obtengo mi propio carbonato de calcio, el cual le da a la superficie de mis obras una textura que transforma la tela en papel. 
A partir de ahí, intervengo la superficie de muchas maneras: trabajándola en húmedo o en seco, aplicando tintas, lápices o cloro. Voy rompiendo el material y generando capas como en un palimpsesto. Por eso encuentro que mi forma es muy propia, aunque Foujita sea mi gran referente histórico.

En nuestro país, ¿a quién admirás? 

Admiro mucho el trabajo de Carla Grunauer, una artista tucumana. Ver su obra y los materiales que usa me incentivó a explorar y encontrar mis propios componentes y gestos. Ella fue el motor que impulsó esa búsqueda. También destaco a Nacha Canvas, de Ushuaia, quien tiene un trabajo espectacular. Ellas son mis referentes locales. 

¿Cómo es tu proceso creativo a la hora de realizar una obra? 

No arranco con una idea cerrada. Sé hacia dónde voy, pero me dejo guiar por lo que aparece en el soporte. Trabajo con varias telas al mismo tiempo porque la mezcla de carbonato y cola vinílica genera una capa húmeda que requiere tiempo de secado. Mientras una capa se seca, avanzo con otra. 

Es un proceso muy contemplativo. Observo lo que surge a partir de los gestos de tirar tinta o cloro. Me quedo con las formas que me resultan más potentes y atractivas para seguir por ahí. Algunas cosas quedan en el fondo, otras pasan al frente y, a veces, decido volver a empezar sobre un fragmento que sobrevivió del intento anterior. Me permito reiniciar las veces que sea necesario para encontrar algo distinto que me lleve hacia nuevos lugares. 

¿Qué te inspira para crear? 

Me inspira mucho la botánica y las texturas que encuentro en las paredes, en el suelo y en las plantas. Me atrae ver el paso del tiempo, el desgaste y la imperfección. Al trabajar con el carbonato derivado de la cáscara de huevo, busco que se trasluzca la fragilidad, lo roto y lo imperfecto, pero logrando que al mismo tiempo se perciba como algo hermoso. Me interesa rescatar la belleza de lo finito, algo que veo tanto en la naturaleza como en las paredes descascaradas.  

Por eso las imágenes no se repiten: si bien hay una paleta que se reitera, o lo suave de la tiza y el lápiz que logran ese efecto etéreo, también está el grafito, la tensión en el trazo y lo descascarado, donde se ve cómo se rompe un poquito y se asoma lo que pasó por detrás. Todo eso me gusta porque genera una tensión en la obra que me interesa muchísimo; busco hacer sentir eso. 

Si tenés que definir una fórmula, ¿cuál sería? 

La fórmula es trabajar muchas horas en el taller, mirar mucho. Yo creo que la fórmula de la inspiración es muchas horas de taller. Y se potencia cuando no se es exigente, cuando se deja al cuerpo explorar y se permite fracasar durante el proceso de la obra. No hay nada formado, es como un broto, una obra que está en desarrollo. Entonces, al no ser exigente, dejás que la obra se vaya formando, se vaya generando; es como los ingredientes que vas agregando a una torta. Para que se forme hay que hacer un montón de pasos. Es dejar que vaya sucediendo, no exigir resultados y confundirme todo lo que pueda, porque ahí salen cosas que jamás pensé.  

​Hay gente que trabaja con una fórmula, pero para mí eso limita mucho la creatividad, porque te hace sentir que tenés que hacer lo mismo todo el tiempo. A mí no me gusta trabajar así. Para mí se trata de que, cuando trabajo, haya menos mente y más cuerpo, y que el cuerpo me vaya guiando. No hay bien ni mal; se trata de explorar. Para mí la creatividad tiene que ver con eso: con descubrir, con explorar, con confundirse, con errar, con lo raro, y encontrar algo ahí. 

¿Dónde estás exponiendo actualmente? 

Si hay alguien que se encuentra en Goya, Corrientes, Argentina, allí está mi muestra individual en Muda Espacio, que es una galería de arte. Hasta mitad de octubre va a estar la muestra para que la puedan ver en vivo, que es muy distinta a las fotos. No muy distinta, pero se puede ver todas las texturas y todo el proceso que tienen las obras, que tal vez en la imagen digital se pierde un poco todo ese trabajo.  

¿Cómo te pueden contactar? 

​Me pueden localizar por mi Instagram, que es Catalina White. Si no, mi página está en construcción, que va a ser catalinawhite.com.ar; supongo que en un mes va a estar lista.  

Agradecemos a nuestra amiga por compartir este espacio con nosotros. 

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