Por la Redacción Cultural
Isabel King (nacida en Indianápolis, Estados Unidos – fallecida en Buenos Aires, Argentina) fue una destacada educadora norteamericana, una de las 65 docentes que Domingo Faustino Sarmiento contrató para modernizar y dar impulso al sistema educativo argentino a finales del siglo XIX.
Escribir sobre ella este 11 de septiembre, en el Día del Maestro, es un acto de memoria y de justicia.
Llegó al país en 1883 con el propósito de colaborar en la organización de la enseñanza normal y la formación de docentes mujeres. Tras un recorrido por varios lugares, arribó a Goya (1887) y su figura quedó profundamente ligada a la ciudad —es una de las cuatro mujeres emblemáticas— donde tuvo una gran influencia en la educación local, introduciendo métodos de enseñanza de vanguardia para la época.
Estuvo al frente de la Escuela Popular (hoy la histórica Escuela Normal). Ahí se encargaba tanto de dirigir la institución y dar clases a las niñas y jóvenes que asistían, como de preparar técnica y pedagógicamente a las futuras docentes locales (bajo su dirección comenzaron a egresar las primeras maestras formadas de la zona).
Aunque murió en Buenos Aires (1904), a pedido de ella, sus restos descansan en nuestra ciudad (en el cementerio de la Soledad), donde se la recuerda con profundo respeto y gratitud.
En su honor, instituciones educativas de la región —como la Escuela Primaria Nº 67 de Goya— llevan su nombre como símbolo de vocación, pionerismo y entrega a la educación pública argentina.
Aquí cabe detenerse y reflexionar: en un tiempo donde el destino femenino parecía limitarse al hogar y a la sumisión, ¿qué clase de impulso pudo llevar a una mujer a romper con los mandatos de su época, abandonar la comodidad de su hogar, cruzar el continente entero y arribar en un rincón del Litoral argentino que apenas aparecía en los mapas? Dudo que haya sido por una necesidad económica. Más bien creo que lo hizo impulsada por una fe absoluta en que la educación podía transformar naciones, a lo que se sumaba, desde luego, su espíritu aventurero, una gran independencia personal y una convicción inquebrantable por su profesión. Por lo tanto, su historia nos recuerda que la educación es, antes que cualquier técnica o teoría moderna, un acto de amor profundo por el otro, de entrega generosa.
Por otra parte, y no como un dato menor, en este día debemos tener presente que, si bien con Isabel King se institucionalizó la educación en nuestra ciudad, cuatro décadas antes otra mujer, llamada Camila O’Gorman —también arriesgada, valiente y altruista—, llegaba a la Villa de Goya para abrir las puertas de un aula y lograr que, fundamentalmente, las niñas tuvieran por primera vez acceso a la educación.
Hoy, a más de un siglo de aquello pasos pioneros, recordar a estas maestras en nuestras aulas es volver a creer que sembrar conocimiento sigue siendo el acto más revolucionario de amor por nuestra comunidad y el mejor homenaje que podemos darle a los docentes en su día.

