Lun 28 septiembre ,2026
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Cambios en la familia

 Dr. Juan Alberto Yaría

«El desapego de los vínculos anuncia una cultura del egoísmo que terminará por debilitar los lazos sociales y familiares». Z. Bauman, Sociedad Líquida.

Hoy cuesta encontrar a los padres en una terapia de adolescentes con serios problemas de consumo de drogas y alcohol. A muchos los logramos encontrar, pero luego les cuesta estar, situarse en el rol que tienen y acompañar a sus hijos en el proceso de recuperación. Entonces nos preguntamos: ¿dónde están?. Es una presencia lo ausente, pero también vemos la ausencia de una función clave en la educación para la libertad de los chicos, como lo es la función paterna y materna. Ser padres es una etapa de la vida que supera la cronología de la niñez, adolescencia, juventud, etc. Es un salto cualitativo fundamental en nuestras vidas . Muchos tenemos hijos, pero nos cuesta ser padres. Si no están nuestros padres en momentos críticos ni acompañan, no hay continuidad generacional y quizás la vida es solo eso: aquello que transcurre como transmisión de valores, afectos y sentidos entre abuelos, padres e hijos, para luego ser pasada a los hijos de nuestros hijos. Cuando se rompe esa continuidad generacional, nos quedamos solos; germen es esa soledad de todas las enfermedades de los chicos y, máxime, en momentos tan estimulantes hacia lo negativo, como por ejemplo es la oferta de drogas y alcohol a menores y la promoción de la transgresión vacía como estilo de vida.

Existe una serie de cambios sociales y culturales que están repercutiendo en la vida familiar. Aparecen nuevas formas familiares que progresivamente se han instalado en la vida argentina como reflejo de cambios mundiales desde la década del 60 hasta la actualidad.

Entre los más importantes podemos citar: disminución del número de matrimonios, disminución de los matrimonios reincidentes, aumento de la cohabitación de prueba y de las uniones consensuales permanentes sin ningún registro legal, aumento de los divorcios y separaciones, aumento de las familias monoparentales con la mujer como única cabeza de hogar, disminución del número de nacimientos, aumento de los nacimientos extramatrimoniales, baja en la incidencia de los matrimonios bajo una regla religiosa, aumento de familias ensambladas («los tuyos, los míos y los nuestros»).

Como datos numéricos significativos tenemos: a) en las uniones consensuales a prueba o permanentes, tenemos que en las mujeres hasta 25 años pasamos del 7,4% en 1960 a 27,3% en el 2001; b) en las uniones consensuales en mujeres de 25 a 29 años, pasamos del 8,3% en 1960 al 43% en el 2001; c) en relación al nacimiento de hijos extramatrimoniales, se pasó del 24% en 1960 al 53% en 1998; d) los hogares monoparentales han subido del 14,7% en 1980 al 20,3% en el 2001,e) en diez años, de 1991 al 2001, las uniones de hecho aumentaron un 50% y los casamientos bajaron un 11%; f) en estudios europeos el padre desaparece en un 50% de los casos luego del divorcio.

Asimismo, en el lenguaje popular han perdido peso algunas palabras: novio, marido, esposo, familia, amor, etc., y han tomado mayor uso otras: amigovio, pareja, compañera.

HIJOS SOLOS

¿Qué supone todo esto? ¿Están en auge las relaciones light y de bajo compromiso? ¿Hay una huida del deber? ¿Nada perdura? ¿No será que la precarización de las relaciones familiares se ha transformado en una nueva fuente de desigualdades, especialmente en los hijos? ¿A la precarización laboral de la post-modernidad actual le sigue la precariedad afectiva y de las convivencias?

En Europa, en este momento, el 50% de los hijos vive en un hogar monoparental, y esto hace que muchos sociólogos hablen del exilio de los padres (especialmente del padre) en la vida educativa inicial y adolescente.

Parecería que el valor máximo en la sociedad postmoderna de hoy es el vínculo sexual que funda la pareja, más que el vínculo de filiación que funda el parentesco. ¿Cómo puede funcionar una sociedad con los lazos del parentesco debilitados?

Hoy en la clínica cotidiana de adolescentes con problemas serios de adaptación y de conducta, observamos un número grande de jóvenes solos que, aunque viven acompañados, no tienen tutelas ni orientaciones en una familia en donde el único lugar común pareciera ser la heladera compartida.

Lamentablemente se está defectuando la transmisión de valores, afectos, informaciones y normas que de generación en generación deben circular para transformar a un niño dependiente en una persona libre y autónoma.

En las últimas décadas, y de manera más acelerada en los últimos 10–15 años, la familia ha cambiado profundamente como institución, como organización cotidiana y como espacio de construcción de identidad. No significa necesariamente que la familia esté desapareciendo; más bien, se está volviendo más diversa, menos jerárquica y, en algunos aspectos, más frágil o inestable.

1. De la familia jerárquica a la familia negociada

En el modelo tradicional, los lugares estaban bastante definidos: autoridad paterna, funciones maternas diferenciadas y una fuerte dependencia de los hijos respecto de los adultos.

Actualmente predomina mucho más la negociación: las decisiones se conversan, la autoridad se justifica y los hijos participan tempranamente de cuestiones familiares. Esto representa un avance en autonomía y derechos, pero puede generar dificultades cuando negociación se confunde con ausencia de límites.

La función parental cambia entonces de «obedecés porque soy tu padre/madre» a «debo construir una autoridad que sea reconocida como legítima».

2. Diversificación de las formas familiares

Ya no existe un único modelo dominante. Conviven familias nucleares, monoparentales, ensambladas, con padres separados, hogares multigeneracionales, parejas sin hijos y distintas modalidades de coparentalidad.

Por eso es importante distinguir estructura familiar de funcionamiento familiar: una familia monoparental o ensamblada no es, por definición, más disfuncional que una familia tradicional. Lo decisivo es la calidad de los vínculos, la estabilidad, el cuidado, los límites y la capacidad de afrontar conflictos.

3. Una transformación fundamental: la tecnología entra en la familia

Este cambio es muy reciente y particularmente importante para comprender a los adolescentes.

Antes, buena parte de la socialización ocurría mediante familia → escuela → barrio → grupo de pares. Actualmente aparece otro agente de enorme potencia:

familia → escuela → pares → plataformas digitales → algoritmos.

El teléfono celular introduce permanentemente dentro del hogar influencias externas: modelos de éxito, sexualidad, consumo, violencia, apuestas, drogas, ideales corporales, influencers y pertenencias grupales.

El adolescente puede estar físicamente sentado con su familia y, psicológicamente, encontrarse inmerso en otro grupo social.

4. Menos tiempo compartido y mayor individualización

En muchos hogares, cada integrante posee sus propios horarios, pantallas, intereses y redes sociales. Se debilitan algunos rituales que históricamente organizaban la convivencia: comer juntos, conversar, visitar familiares o compartir actividades.

Puede producirse una paradoja muy contemporánea:

mucha conexión digital + poca conversación familiar profunda.

Esto no ocurre en todas las familias, pero constituye una transformación cultural importante.

5. Cambios en la autoridad parental

Uno de los problemas actuales no es simplemente la «falta de autoridad», sino la crisis de las antiguas formas de ejercerla.

La autoridad basada exclusivamente en obediencia perdió legitimidad, mientras que todavía muchas familias no han conseguido construir una autoridad basada en presencia, coherencia, límites y responsabilidad.

Aquí resulta muy útil Donald Winnicott: el adolescente necesita autonomía, pero también un ambiente suficientemente estable que pueda sobrevivir a su oposición. El límite no es solamente prohibición; también proporciona seguridad.

6. La prolongación de la adolescencia y dependencia familiar

También cambiaron las etapas del ciclo vital. La formación educativa se prolongó, el acceso al trabajo estable y a la vivienda propia se volvió más difícil y muchos jóvenes permanecen económicamente dependientes de sus padres durante más años.

Esto puede producir una situación novedosa: gran autonomía cultural y sexual, pero considerable dependencia económica y residencial.

El joven puede sentirse adulto en algunos aspectos y continuar ocupando una posición filial dependiente en otros.

7. La familia frente a las adicciones

Este punto merece especial atención. Las transformaciones familiares no causan por sí mismas una adicción. Sería reduccionista afirmar «familia disfuncional = hijo adicto».

Pero determinadas configuraciones —conflicto crónico, violencia, abandono emocional, límites inconsistentes, parentalización de los hijos, secretos familiares, consumo parental o ausencia prolongada de figuras cuidadoras— pueden aumentar vulnerabilidades cuando coinciden con trauma, disponibilidad de sustancias, exclusión social, trastornos psiquiátricos o grupos de pares consumidores.

Desde la perspectiva de Luigi Cancrini, resulta especialmente interesante pensar la adicción no solamente como problema individual, sino dentro de una trama familiar y relacional. Y Gabor Maté pone el énfasis en experiencias tempranas, regulación emocional y trauma, aunque conviene integrar esa mirada con factores neurobiológicos y sociales.

Una síntesis:

Podríamos representar la transformación de esta manera:

Familia tradicional
autoridad vertical → roles relativamente fijos → fuerte pertenencia → menor autonomía individual

Familia contemporánea
autoridad negociada → roles flexibles → diversidad familiar → mayor autonomía

Pero simultáneamente:

individualización + pantallas + algoritmos + incertidumbre laboral + debilitamiento de rituales colectivos → nuevos desafíos para la función parental.

En la Argentina actual, además, estos cambios adquieren características particulares por las dificultades económicas, la prolongación de la convivencia entre generaciones y, en sectores vulnerables, la presencia territorial del consumo y comercialización de drogas.

Creo que el punto más interesante para continuar es analizar cómo estos cambios familiares modificaron la construcción de la identidad adolescente y por qué pueden aumentar, en determinadas circunstancias, la vulnerabilidad frente a las adicciones. Allí se pueden integrar especialmente Cancrini, Winnicott y Gabor Maté.

En 1928, el biólogo austriaco Ludwin von Bertalanffy inició un análisis de un nuevo enfoque de los problemas biológicos. Tenía la intención de introducir, en la discusión científica, una concepción fundamentalmente diferente de la naturaleza de los hechos biológicos que subrayaba un enfoque «organísmico» en vez de uno «reduccionista».

La esencia del enfoque sistémico es la atención a la organización, es decir, a la relación entre las partes, a una concentración en las relaciones circulares antes que las lineales, y a una consideración de los hechos en el contexto en el cual se dan, y no aislados de su ambiente.

Los elementos deben estar vinculados entre sí en forma descriptible o predecible con coherencia. Ellos son: • El concepto de organización • El concepto de homeostasis (morfostasis, regulación interna) • El concepto de morfogénesis (o crecimiento controlado)

La teoría sistémica ve los sistemas como entidades dinámicas que responden al juego recíproco de las dos grandes fuerzas: • Una morfogenética vinculada con el cambio, el crecimiento y el desarrollo. • Una morfoestática (homeostasis), conceptualizada como un conjunto de mecanismos reguladores útiles para mantener la estabilidad, el orden y el control de los sistemas en funcionamiento.

En cuanto a la familia, esto significa que siempre existe un vaivén entre el deseo de mantener la estabilidad y el de cambiar y crecer.

La familia «sana» es la que ha desarrollado un adecuado equilibrio entre morfogénesis y la morfostasis, siendo la clave una adaptación coherente de los mecanismos reguladores y los temas de desarrollo.

 Dr. Juan Alberto Yaría

Director General de Gradiva

Rehabilitación en adicciones

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