Vie 23 octubre ,2026
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El pianista correntino que conquistó el Colón

ESPECIAL DE CLEO

Egresado del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y formado bajo la tutela de grandes maestros, el pianista correntino Alejandro Cochia reflexiona sobre los desafíos de la música clásica en la región y el hito de haberse presentado tres veces en el máximo escenario del país. Con el sueño de perfeccionarse en Europa y un riguroso plan de preparación para el prestigioso Encuentro de Piano Internacional en Bariloche, el joven artista de 26 años repasa sus inicios y convoca al público a apoyar la difusión de su prometedora carrera.

Alejandro, ¿dónde te encontrás residiendo actualmente y cuál es tu formación académica?

Actualmente resido en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Con respecto a mi recorrido académico, soy egresado del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y, en este momento, continúo mis estudios en el Conservatorio Nacional de Argentina.

¿Cómo descubriste tu vocación por el piano?

Digamos que fue algo inesperado. Tenía apenas dos años cuando ocurrió mi primer acercamiento; mi madre me sentaba en su regazo y yo me ponía a tocar un poco. Ella siempre me contaba que para mí era como explorar un mundo de sonidos.

Después de eso hubo un período muy largo en el que no tuve relación con la música, hasta que a los ocho o nueve años comencé a tocar la guitarra, algo totalmente diferente.

Más adelante ingresé al Instituto Superior de Música de Corrientes, donde experimenté con varias opciones: contrabajo, percusión y acordeón a piano, entre otras. En un momento dado, el piano me empezó a atraer mucho más. Rendí libre las materias de los dos primeros años en el Instituto; aprobé ambos exámenes seguidos, uno tras otro, y a partir de ahí me dediqué formalmente a su estudio.

Ejecutando el piano en el Teatro Colón

¿Quiénes fueron los grandes maestros que marcaron tu formación?

Profesores he tenido muchos, pero mentores que realmente califiquen como grandes maestros, la verdad es que pocos. En la actualidad, destacaría a José Luis Juri; hace un par de años también fue clave Pablo Vucetich. El año pasado conocí a Silvia Dabul y, hace ya un tiempo, a Sergio Bungs. Siento que todos ellos me aportaron muchísimo a la hora de abordar el piano.

¿Qué significado tiene para vos presentarte en el Teatro Colón?

Tocar en el Teatro Colón es una experiencia trascendental, especialmente para un pianista. Es extremadamente complejo llegar ahí porque, al no ser el piano un instrumento puramente orquestal, no contás con la posibilidad de integrar la Orquesta Académica del Colón, cuyos músicos ensayan y se presentan constantemente en esa sala, quizás unas diez veces al mes o más. Para un pianista, actuar allí una sola vez al año ya representa un verdadero hito. El año pasado tuve la fortuna de hacerlo en tres ocasiones, así que me siento sumamente agradecido y feliz con la vivencia y con la esperanza de que se repita.

Junto a la maestra Edith Fisher

¿En qué otros escenarios tuviste la oportunidad de tocar?

El espacio que más me acompañó a lo largo de mi vida fue el Teatro Oficial Juan de Vera de Corrientes. Después, aquí en Buenos Aires, he tenido la oportunidad de tocar en distintos palacios y en varias de las salas más importantes del país.

Próximamente vas a formar parte de eventos de gran relevancia, ¿de qué se tratan estos proyectos?

Hace muy poco alcancé las instancias finales del concurso de canto y ópera Voice Project, un certamen que ofrece la posibilidad de perfeccionarse en Italia durante tres meses. Logré superar todas las etapas y actualmente me encuentro a la espera de conocer el porcentaje de la beca obtenida, lo cual me genera una lógica expectativa y mucho entusiasmo.

Por otro lado, en enero de 2027 voy a participar en el Encuentro de Piano Internacional y Música de Cámara (EPI) en San Carlos de Bariloche. El festival se desarrolla en el predio del Camping Musical Bariloche y me brindará una oportunidad única: tomar clases magistrales con la célebre pianista Edith Fischer. Ella fue discípula directa de Claudio Arrau, quien a su vez se formó con Martin Krause, alumno del histórico Franz Liszt. Es una responsabilidad enorme.

Para este compromiso me estoy preparando con máxima rigurosidad. Voy a presentar la Sonata Op. 7 N.º 4 de Ludwig van Beethoven en mi bemol mayor —una de las más extensas y complejas del repertorio—, junto al exigente Estudio de Octavas Op. 25 N.º 10 de Frédéric Chopin. Mi meta es alcanzar un gran nivel y aspirar a una nueva beca otorgada por la propia maestra Fischer para continuar mis estudios bajo su tutela en Suiza, lo cual sería un absoluto sueño.

Con este panorama, ¿cómo proyectas tu futuro artístico?

Me visualizo brindando conciertos en escenarios de todo el mundo. Mi gran aspiración es colaborar con numerosos colegas y llevar la música clásica a todos los rincones posibles a nivel internacional.

¿Cuál es tu mirada sobre la realidad del mercado de la música clásica en América Latina y, en particular, en Argentina?

Es un panorama sumamente complejo y exigente. El porcentaje de profesionales que logra vivir de forma exclusiva de dar conciertos es mínimo; me atrevería a decir que representa menos del 1% del sector. Existe un grupo un poco más amplio de instrumentistas que combina las presentaciones en vivo con la docencia para poder sustentarse. Por último, están quienes deben mantener empleos en rubros completamente ajenos y ensayar a contraturno, compaginando sus tiempos como pueden.

Es una realidad lamentable porque, a menudo, condiciona las metas de quien aspira a consolidar una carrera como concertista internacional. Conozco a muchos colegas talentosos que se ven obligados a diversificar su actividad trabajando de manera simultánea como copistas, docentes o integrantes de múltiples orquestas. Sostener la excelencia en esas condiciones es un desafío diario sumamente difícil.

En el Teatro de City Bell

Si tuvieras que compartir con nosotros algún dato o anécdota de color, ¿cuál elegirías?
Como dato particular, podría contar que recién a los veinte años mis padres pudieron comprarme mi primer piano vertical. Antes de eso, estudiaba con un teclado básico de solo cinco octavas. Para profesionalizarse, un músico necesita un instrumento que cuente, al menos, con las 88 teclas reglamentarias, ya sea digital o acústico; de lo contrario, el proceso se vuelve extremadamente complejo.

A quienes estén o hayan pasado por esa misma situación, les diría que no dejen de esforzarse, que tengan paciencia y se preparen al máximo, porque el momento de estudiar en las condiciones adecuadas va a llegar y ahí van a dar un salto de nivel increíble. Si además cuentan con el respaldo de un gran maestro, como tengo la fortuna de contar con José Luis Juri, no se rindan y sigan soñando.

Para terminar, ¿cómo podemos encontrarte en las redes sociales y de qué manera puede el público apoyar tu carrera?

Me pueden encontrar en Instagram y Facebook como @cochiaalejandro. En Instagram es donde estoy más activo y comparto todo mi día a día: desde las primeras etapas de lectura de una obra, ensayos con otros colegas y videos con repertorio avanzado, hasta las fechas de mis próximos conciertos.

La mejor manera de apoyarme es ayudándome con la difusión. Me sirve muchísimo que compartan mis videos o que me conecten con personas del ambiente. Si alguien tiene un contacto en una radio, un teatro o una sala de conciertos y quiere extenderme una invitación, será más que bienvenida. Toda publicidad me viene de diez para seguir creciendo.

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