Vie 23 octubre ,2026
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El espejismo biológico del prejuicio racial

Por la Redacción Cultural

¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

— Albert Einstein.

Muchos biógrafos dudan si realmente el ingenio de Einstein fue creador de la frase con la que iniciamos este artículo. No obstante, no parece desafortunado comparar las monumentales dificultades que encierra dividir un átomo con la persistencia de los pensamientos prejuiciosos en la mente colectiva del ser humano. 

Nadie puede aseverar con certeza el origen del prejuicio en la humanidad. Seguramente comenzó como un mecanismo de supervivencia. Para nuestros primitivos antecesores, distinguir a los miembros de la misma tribu era capital para evitar peligros. En la actualidad, ese rasgo evolutivo sigue presente, aunque no necesariamente nos facilite la pervivencia.

Durante toda la historia el hombre ha discriminado: los antiguos griegos, por ejemplo, llamaban «bárbaros» a todos los que no eran de su misma etnia, y con ello surgía la creencia implícita de que somos superiores. Así durante toda la historia.

Incluso la ciencia, en algún momento durante los siglos XVIII y XIX, pretendió argumentar sobre la base de pseudoteorías la preeminencia de alguna raza sobre otra.

En la actualidad, y gracias a estudios genéticos y etnológicos, podemos asegurar que las razas no existen, sino que todos los seres humanos provenimos de un origen común, cuyas raíces se encuentran en África. 

Todos los seres humanos pertenecemos a la misma especie: el Homo sapiens. Según investigaciones recientes, sabemos con certeza que hace unos 300.000 años nuestra especie evolucionó, y hace unos 60.000 o 70.000 años, recién el ser humanos abandonó el continente matriz.

Entonces, la solución al flagelo de la discriminación no es romántica o solamente una intención, sino biológica: concientizarnos que todos los seres humanos de todas las épocas estamos emparentados por un único linaje común. 

Las características físicas que tenemos en diferentes lugares geográficos son adaptaciones relativamente recientes. 

Pero aun conociendo toda esta información, el prejuicio y la discriminación que conlleva no son temas fáciles. Por algo, una de las mentes más brillantes de la historia de la humanidad nos advirtió de lo arraigado que está en nuestra naturaleza el crear escalas de superioridad que simplemente no existen. 

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