Vie 23 octubre ,2026
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La promesa

Por Paulo César Pérez Raynoldi (Goya, Argentina)

Era el año de 1867, una fría tarde del 23 de junio, en plena guerra de la Triple Alianza. Las tropas argentinas avanzaban sobre territorio paraguayo comandadas por el joven oficial López Fernández, quien tenía esposa e hijos, pero fue reclutado por el gobierno para luchar. Siendo correntino, no estaba de acuerdo con la guerra.

Llegaron a las ruinas de un caserío paraguayo. A causa de una tormenta eléctrica que venía directo hacia ellos, decidieron acampar allí mismo. Una vez aseados, registraron el pueblo; además de encontrar cadáveres, casquillos y armas abandonadas, encontraron un santo en perfecto estado. Entonces, dispusieron ponerlo en la iglesia porque era el único lugar en toda el área que seguía teniendo techo.

A las 3:00 de la mañana, el oficial, a pesar que tenía cama y una carpa que lo resguardaba de la lluvia, no podía dormir a causa de los truenos y estallidos de bombas que caían a unos 10 a 20 kilómetros de allí. Decidió levantarse, se puso un poncho de cuero para la lluvia y salió. Sus soldados lo vieron y lo saludaron. Estaban empapados, enfermos y algunos heridos. Decidió ir a la iglesia, la cual estaba fortificada. No tuvo que llevar un farol, pues los truenos y las bombas que caían a lo lejos alumbraban su camino. Al entrar, se encontró con el santo que había rescatado y empezó a rezarle a más no poder; quería volver vivo de la guerra, quería ver de nuevo a su familia y le prometió que, si volvía con vida, lo iba a llevar a su hogar.

Al día siguiente continuó su camino. El oficial siguió luchando y, en una batalla en la que estaba a resguardo en una trinchera con sus soldados, los paraguayos empezaron a bombardearlos y luego cargaron contra ellos. Él fue uno de los pocos supervivientes; perdió una pierna, pero por su rango militar se le puso una prótesis rudimentaria de madera de la época, y siguió luchando.

Por la promesa que hizo, después de la guerra rescató al santo del un lugar donde lo había enterrado en secreto. Sus seres queridos estaban en Buenos Aires; entonces, él, en un ataque de furia, enloqueció y tomó al santo como su familia. Hasta hoy continúa con sus descendientes.

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