ESPECIAL DE CLEO
Con más de tres décadas de trayectoria en la docencia y un rol clave como parlamentaria mundial de la educación, la magíster Adriana Fontana se ha consolidado como una verdadera pionera en la enseñanza de la bioética en el nivel secundario de América Latina. Creadora de una propuesta pedagógica plasmada en su próxima obra y pensada para educar en el diálogo y el cuidado de la vida, la especialista —radicada en Corrientes— analiza la necesidad de incorporar esta disciplina en las aulas de este siglo XXI.
Para comenzar, ¿podrías detallar tu amplia trayectoria académica y qué asignaturas has dictado a lo largo de estos años?
Soy profesora en Filosofía, Psicología y Ciencias de la Educación, y licenciada en Educación Religiosa. A lo largo de mi carrera, he realizado diferentes diplomaturas en áreas clave como adicciones, neuroaprendizaje, educación emocional y Bioética Clínica, además de un posgrado en Salud Cerebral. En este momento, me encuentro finalizando la maestría en Ética Biomédica (Bioética) en la Universidad Católica Argentina (UCA).
Mi formación de base me ha brindado la valiosa posibilidad de dictar diversas asignaturas tanto en el nivel medio como en el superior, ámbitos en los que me he desempeñado por más de 30 años. Gracias a esto, cuento con un recorrido sumamente extenso y sólido como profesional de la educación.

Tu perfil combina la pedagogía con la ética. ¿Cómo influyó la formación recibida en el Instituto Superior San José en tu carrera y de qué manera nació tu interés en el campo de la bioética?
La preparación que recibí en el Instituto Superior San José fue realmente extraordinaria. Al tratarse de un título tan amplio, me brindó herramientas fundamentales en tres ámbitos esenciales para la enseñanza. Gracias a esa base académica es que luego pude incursionar con éxito en este campo.
De hecho, los directivos del Instituto Privado San Benito —institución de la cual soy profesora fundadora— me convocaron en el año 1999 para llevar adelante esta asignatura, justamente respaldados en mi perfil interdisciplinario. A partir de ese momento, nació en mí un profundo interés por profundizar y formarme rigurosamente en esta rama, con el objetivo de enseñarles a mis estudiantes adolescentes con la mayor calidad científica posible.
A partir del año 2020, tu labor pedagógica trascendió las fronteras locales. ¿Cómo se gestó esta vinculación regional y qué impacto tuvo tu experiencia como pionera en la enseñanza de la disciplina en América Latina?
En el año 2020, establecí contacto con colegas latinoamericanos y consolidamos un equipo denominado Educando para la Vida. A partir de esa vinculación, me convertí en precursora de la enseñanza de la bioética, no solo en mi provincia y en nuestro país, sino también en diversas naciones de la región. Me sorprendió descubrir que, si bien algunos tópicos afines eran abordados de forma aislada por docentes de distintas materias, en ningún caso se dictaba la bioética como una disciplina o asignatura específica en el nivel secundario. Esta red me brindó la oportunidad de difundir mi experiencia pedagógica y, fundamentalmente, de visibilizar la urgencia de incorporar esta materia en la formación integral de los jóvenes.
¿Por qué consideras fundamental enseñar bioética en el nivel medio y cómo se vincula hoy esta disciplina con los desafíos tecnológicos actuales?
Enseñar bioética en la actualidad es crucial en todos los niveles educativos, pero cobra especial relevancia en el nivel medio. Los adolescentes se están preparando para insertarse en el mundo académico superior o laboral, y necesitan desarrollar una conciencia firme sobre la preservación del planeta, el respeto por la dignidad humana y la calidad de vida. Los contenidos que abordamos son innovadores y atraviesan la existencia cotidiana.
De hecho, el campo de acción de nuestra disciplina se ha expandido notablemente; desde el 2021, en consonancia con las directrices de la UNESCO, la bioética interviene activamente en el establecimiento de normas para regular el avance de la inteligencia artificial. Recientemente dicté un seminario virtual sobre algorética —la ética aplicada a los algoritmos—, un espacio donde planteamos la necesidad de que los desarrolladores tecnológicos incorporen principios bioéticos para garantizar que la tecnología respete la condición humana.
«Enseñar bioética en la actualidad es crucial en todos los niveles educativos, pero cobra especial relevancia en el nivel medio».
Pudiste volcar tu vasta experiencia en el aula en una serie de publicaciones. ¿Podrías detallar las características de tus cuatro libros y las metodologías pedagógicas que propones en ellos?
A partir del año 2018, he tenido la oportunidad de publicar cuatro libros referidos a la enseñanza de la bioética para el nivel medio. El primero fue presentado el 16 de abril de ese mismo año y, posteriormente, el Ministerio de Educación provincial lo declaró de interés educativo. En 2019, edité mi segunda obra, titulada Educación bioética, transformadora de pensamientos, la cual se articula sobre dos ejes que considero fundamentales: por un lado, ofrezco un cuadro comparativo para que los docentes de los ciclos básico y orientado puedan abordar dilemas bioéticos desde sus asignaturas específicas; por el otro, introduzco la neuroética, explicándole a los adolescentes cómo funciona el cerebro al tomar decisiones y su estrecho vínculo con la bioética.
Mi tercer libro, publicado el 10 de diciembre de 2021, plantea un enfoque estrictamente lúdico: a través de las letras del abecedario, remito a los lectores a diversos enlaces y bibliografía especializada de cada temática. Así, por ejemplo, bajo la letra ‘A’ se pueden consultar los aspectos generales de la disciplina.
Finalmente, el cuarto volumen, que será presentado en coincidencia con el Día Internacional de la Bioética, narra mi experiencia educativa tras ver pasar a tantos jóvenes por las aulas. Allí presento formalmente el Método Fontana, un desarrollo pedagógico estructurado a lo largo de los años que detalla cómo enseñar esta materia a los estudiantes mediante propuestas de actividades áulicas prácticas. Este último trabajo es la síntesis de mi trayectoria y de todo lo que los propios alumnos me enseñaron con sus valiosas preguntas, aportes e investigaciones.
Es una realidad ineludible que en este primer cuarto del siglo XXI la tecnología y la inteligencia artificial están presentes en todas las dimensiones de la vida humana, consolidando un arraigo cada vez más profundo en el ámbito educativo. Ante esto, considero que como sociedad debemos construir un acompañamiento permanente e interdisciplinario hacia los desarrolladores tecnológicos.
Este respaldo es vital porque nuestra mirada y reflexión compartida deben garantizar que los procesos pedagógicos sigan siendo profundamente humanistas, humanizadores y humanizantes. Lo primordial en nuestra comunidad es resguardar la centralidad de la persona. Esto no implica, en absoluto, adoptar una postura de temor o rechazo frente a la inteligencia artificial, sino todo lo contrario: debemos capitalizarla como una herramienta sumamente eficaz que potencie el desarrollo de las ciencias, sin perder de vista jamás que el eje fundamental de cualquier civilización es el ser humano.

Dado que no existía una formación específica para el nivel secundario cuando comenzaste, ¿cómo fue tu proceso de autoformación en el área y qué valor le asignas al carácter interdisciplinario de esta materia?
Enseñar bioética significó para mí un aprendizaje permanente, principalmente porque no existe una formación académica diseñada para profesores de nivel medio en esta disciplina. Desde el momento en que me convocaron, tuve que ir construyendo mi propio trayecto formativo. Esto fue posible gracias a la generosidad de diversos profesionales, especialmente médicos genetistas, quienes me orientaron sobre el material bibliográfico inicial, como así también de docentes de institutos de formación de otras provincias que ya dictaban la materia. Fue un recorrido muy intenso y fructífero. Por este motivo, decidí formalizar mis estudios: primero me diplomé en Bioética Clínica y luego inicié la maestría en la especialidad.
La bioética es, por definición, interdisciplinaria, multidisciplinaria y transdisciplinaria. Esa riqueza me ha permitido dictar conferencias y ponencias sobre su íntima relación con áreas como la economía, la ecología y la psicología. Me apasiona descubrir cómo se entrelaza con los objetos de estudio de otras ciencias. Dedico muchas horas a la lectura y a la investigación para poder transmitir este saber, porque de nada serviría formarse si uno no comparte el conocimiento. En ese sentido, resulta sumamente emocionante ver que muchos exalumnos y colegas de institutos de nivel superior hoy incorporan debates bioéticos en sus respectivas asignaturas.
Para los docentes, instituciones o lectores interesados en adquirir tus libros y aplicar el Método Fontana en las aulas, ¿cuáles son los canales de comunicación disponibles?
Quienes deseen adquirir mis libros, ya sea de forma particular o para instituciones educativas, pueden ponerse en contacto conmigo a través de las redes sociales. En Facebook, pueden encontrarme en las páginas La Bioética en el Aula o Adriana Fontana, y en Instagram a través de la cuenta @adrianaf1966. Los interesados pueden dejarme un mensaje directo en cualquiera de estos perfiles para coordinar la entrega de las obras y su posterior aplicación práctica en el ámbito escolar.
Además de tus publicaciones, ¿qué otras actividades y proyectos estás llevando a cabo actualmente?
Busco seguir participando en distintos eventos nacionales e internacionales para dar a conocer esta posibilidad de poder enseñar bioética a los adolescentes, como así también ofrecer capacitaciones a profesionales de distintas carreras que quieran incorporar temas bioéticos en el desarrollo de las mismas. Por ejemplo, en el mes de noviembre, los días 12, 13 y 14, voy a participar de un evento internacional en la localidad de Venado Tuerto, en Santa Fe, que va a ser justamente un congreso internacional con distintos ponentes de Latinoamérica y el mundo. Permanentemente estoy trabajando en congresos, webinars o en entrevistas que me realizan profesionales de distintos países, sobre todo de habla hispana. El objetivo es seguir creciendo, estudiando y compartiendo saberes.

Para concluir la entrevista, ¿cuál es tu máximo compromiso actual como parlamentaria mundial de la educación y qué mensaje final te gustaría dejar a la comunidad docente?
Como profesional y como parlamentaria mundial de la educación, mi mayor compromiso es seguir trabajando por la transformación del sistema pedagógico. Busco que los estudiantes de todos los países y niveles tengan la posibilidad no solo de formar parte del ámbito escolar, sino de acceder a una estructura que les ayude a desarrollar sus capacidades, habilidades y un pensamiento crítico reflexivo. Es fundamental que cuenten con herramientas para emitir un juicio de valor propio respecto de sus vivencias y de los desafíos que se plantean en el mundo contemporáneo.
Para finalizar, me gustaría compartir una de las premisas que guían mi próximo libro, Mi aula bioética: una experiencia pedagógica para educar en el pensamiento crítico, el diálogo y el cuidado de la vida. Considero firmemente que esta expresión y esta filosofía de enseñanza pueden y deben ser desarrolladas desde cualquier asignatura, y no quedar limitadas únicamente a quienes dictan la materia de bioética. Muchísimas gracias.

