Abogada, gestora cultural y fundadora de la Fundación Artes de Lara, Yennilyn Lara González lidera desde Montería, Colombia, una transformación social profunda a través de la literatura terapéutica y el arte restaurativo. Con una trayectoria marcada por el trabajo en entornos complejos como el Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes, zonas rurales y comunidades con discapacidad, Yennilyn demuestra cómo las vivencias personales se convierten en el motor de liderazgos creativos capaces de sanar. En esta entrevista, nos comparte su filosofía de vida.
Para comenzar, cuéntanos un poco sobre ti: ¿cuál es tu profesión y a qué poblaciones te diriges principalmente con tus proyectos culturales y sociales?
Tengo 28 años. De profesión, soy abogada, gestora cultural, fundadora de la Fundación Artes de Lara y coordinadora de proyectos culturales. Por lo general, estas iniciativas se han ejecutado en poblaciones específicas, tales como los jóvenes del Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes, cuidadoras de niños neurodivergentes en zonas rurales, y mujeres que son madres o cabezas de hogar.
Antes de fundar la organización, ¿cómo descubriste tu verdadero enfoque y qué te llevó a elegir estos entornos complejos para trabajar la literatura?
Antes de iniciar los proyectos culturales y sociales, siempre me preguntaba cuál era mi verdadero enfoque. Así surgió la idea de trabajar con poblaciones donde hay «escasez de palabra». Pensé en la cárcel, pero comencé por los reformatorios (el Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes), que suelen contar con cuatro grupos. Allí inicié con talleres de literatura y escritura terapéutica, buscando que, más allá de la creatividad, la escritura sirva como un refugio y un amigo para los jóvenes; algo que observé con claridad en quienes se adaptaron a estos proyectos.

A lo largo de este camino, ¿cuáles han sido las anécdotas o experiencias más gratificantes que han marcado tu trayectoria en estos reformatorios?
Cada proyecto dejó una anécdota gratificante. En el programa de Literatura Restaurativa implementado en los reformatorios, dos jóvenes marcaron mi trayectoria cultural. Uno de ellos recibió una libreta y los libros que doné; usó ese cuaderno para escribir poesía, narraciones y monólogos, intentando conectar con Dios, la vida y su familia, incluso en los días en que yo no dirigía los talleres. También conocí a una joven bajo libertad vigilada que no hablaba de su vida; al tomarle la mano y decirle «soy mujer», le ofrecí una identidad que resonó más que mis títulos profesionales, lo que le permitió abrirse y expresar sus emociones sobre el papel.
¿Qué metodologías utilizas en tus talleres para asegurar que todos los jóvenes participen, independientemente de su nivel educativo?
Realicé el proyecto mediante talleres de escritura terapéutica y ejercicios de arteterapia, lo que permitió que los jóvenes con menor escolaridad participaran dibujando o representando lo leído. Fue una experiencia muy placentera. Siempre he afirmado que no busco impactar a los 30 participantes ni a toda la población por igual; sin embargo, las innumerables anécdotas e historias que surgen hacen que el hecho de tocar o influir en una pequeña comunidad en cada proyecto resulte realmente gratificante para mí.
Tu labor te ha llevado a ganar reconocimientos, pero tu compromiso va mucho más allá de los premios. ¿Cómo ves la respuesta de la sociedad ante tu trabajo y hacia dónde estás orientando tu formación actual?
Me alegra que la respuesta de la sociedad haya sido positiva al llevar arte a lugares poco atendidos, como veredas, comunidades con discapacidad, cárceles y reformatorios. Reconozco que lo bueno a veces no se difunde; por eso valoro cualquier espacio que permita compartir mi voz y mi historia. Hoy en día he ganado varios proyectos, pero mi gestión como artista y gestora cultural no depende de esos premios; antes de recibirlos, ya había recorrido innumerables calles y realizado eventos gratuitos donde el arte y la palabra eran necesarios. Actualmente, me estoy formando en Lengua de Señas Colombiana (LSC) y en sistema Braille para adaptar la literatura a estas poblaciones.
Al entrar a entornos tan complejos como los reformatorios, ¿cómo fue la recepción inicial de los jóvenes y qué realidades descubriste detrás de sus conductas?
Cuando inicié el proyecto, los jóvenes me miraban con desconfianza, como si yo fuera un fiscal o alguien que iba a juzgarlos. La literatura y el arte restaurativo, sin embargo, buscaban ver más allá de esa coraza, palpando las heridas ocultas tras los actos delictivos. Descubrí que muchos de ellos llevan profundas falencias socioemocionales y económicas, independientemente del delito que hayan cometido. Las historias que escuché revelan que, a menudo, los corazones más rebeldes solo esconden fragmentos rotos que anhelan un abrazo.
«Cuando inicié el proyecto, los jóvenes me miraban con desconfianza, como si yo fuera un fiscal o alguien que iba a juzgarlos».
Hablas con mucha convicción sobre los «liderazgos creativos». ¿Cómo aplicas este concepto a tu propia historia y de dónde nace esa capacidad para conectar tan profundamente con realidades como la neurodivergencia?
Siempre hablo de liderazgos creativos, resaltando que la iniciativa nace de la mente que la sostiene y no de factores externos. Cuando me preguntan por mis logros en convocatorias y proyectos, les cuento que nunca me rendí ante la falta de herramientas, presupuesto o apoyo; visioné lo que quería lograr, busqué recursos, cultivé la creatividad y abrí puertas hasta que la vida desbloqueó las oportunidades. Ese proceso me permitió crear un verso personal y reflejar fragmentos de mi propia vida en los proyectos. Antes de trabajar con padres de niños neurodivergentes, adolescentes en conflicto con la ley o mujeres rurales, yo ya tenía la experiencia emocional de ser madre de un niño neurodivergente. Eso es lo que me permite conectar más allá de la palabra y ofrecer un abrazo genuino a través del relato.
Mirando hacia adelante, ¿cuáles son esos nuevos horizontes y proyectos que tienes planeado desarrollar próximamente?
Entre mis proyectos a futuro está, definitivamente, el asistir a poblaciones a través de la Lengua de Señas Colombiana y el sistema Braille. También tengo en mente crear círculos de mujeres, impulsada por una experiencia familiar muy cercana. Hay algo que me caracteriza y es la capacidad de convertir los desafíos personales en soluciones colectivas; en este caso, quiero trabajar con mujeres que han vivido o están transitando el proceso del cáncer de mama.
Para las personas que quieran conocer más de cerca tu trabajo, leer tus escritos o seguir tus iniciativas, ¿cómo pueden encontrarte?
En todas mis redes sociales aparezco como Yennilyn Lara. Allí suelo subir todos mis escritos y comparto el avance de mis proyectos. Es el espacio ideal para que puedan encontrar un poco de mi trabajo.

Para cerrar esta entrevista, ¿qué mensaje o consejo le dejarías a aquellos que quieren liderar proyectos sociales, pero se enfrentan a la falta de recursos o al escepticismo del entorno?
Toda iniciativa está sostenida sobre una mente líder. Cualquier visión que tenga un propósito —sea de vida, laboral, cultural o social— se sostiene únicamente cuando entiendes hacia dónde te diriges. En ese caminar es donde debes buscar las herramientas adecuadas, sin permitir que los «no» te limiten. Que las puertas cerradas no frenen tu creatividad, y que las miradas de personas que aparentemente están en cargos más importantes jamás limiten tus visiones de vida.


