Jue 05 noviembre ,2026
InicioEntrevistasProfesión: filósofo

Profesión: filósofo

ESPECIAL DE CLEO

La filosofía es la más humana de las disciplinas; por ello siempre es vigente y necesaria. Maximiliano Dacuy es un exponente de este saber, además de escritor y un eximio músico. En esta ocasión, nos centraremos en su faceta como profesor, licenciado y doctor en esta área, egresado de la prestigiosa Universidad de Buenos Aires. Conversamos con él sobre su vocación, el desafío de esta disciplina y sus proyectos personales.

¿Por qué decidiste dedicarte a la filosofía?

Probablemente tenga que preguntarme por qué sentí que era mi opción, pero no fue de una manera directa cuando tomé conciencia de que quería estudiar filosofía. Tuve otros recorridos: estudié Derecho incluso, y cursando esta carrera me di cuenta de que pasaba horas en la biblioteca de la Facultad de la Universidad de Buenos Aires leyendo filosofía del derecho, que me gustó muchísimo; me apasiona la filosofía del derecho (fui también profesor titular de esa materia hasta hace poco). A partir de ahí decidí estudiar filosofía. Pasó un derrotero de tiempo y, cuando estudié, me convencí —y estoy convencido— de que si no hubiese estudiado esta carrera, si no me hubiese recibido ni hubiese seguido estudiando, si hubiese sido abogado, psicólogo, economista, médico, siempre me hubiese quedado en el tintero estudiar filosofía. Creo que siempre diría: «Yo quería estudiar filosofía».

¿Cuál es el rol de los filósofos en la sociedad actualmente?

Los filósofos hoy tienen un rol, como siempre, urgente, no solamente desde hoy. El filósofo molesta: le costó la vida a Sócrates, le iba a costar la vida a Aristóteles, pero no se quedó, huyó del lugar en el que estaba en ese momento en Atenas, en el que tenía que ser ajusticiado justamente por haber sido, en su época, el preceptor de Alejandro Magno. Pero los filósofos son perseguidos, fueron muchos los perseguidos. Tenemos muchos mártires en la filosofía, Giordano Bruno, entre otros. El rol de la filosofía —y por eso molesta— es, tomando una expresión de Foucault, constituirse como política de la verdad. La filosofía no está para disuadir, la filosofía no está para consolar —ahora voy a esa pregunta—, la filosofía está para pensar, la filosofía está para anunciar aquellas falsas imágenes que hacen de nosotros un espejo en el que nunca nos vemos reflejados. Tiene como instrumento la pregunta y el problema. Y por eso, el rol de los filósofos es señalar una y otra vez dónde está efectivamente el problema, cuáles son los supuestos que nos atraviesan como sujetos, cómo se articula la falsa conciencia acerca de la realidad, cuál es el problema que nos atraviesa y cuáles son las líneas para poder pensar y profundizar y, eventualmente, transformar una realidad a partir de la pregunta y el problema.

Entre tantos autores que estudiaste, ¿cuáles son tus favoritos?

Los filósofos favoritos que tengo son muchos, son como amigos. Si tengo que poner algunos de los que me resultan más importantes, tengo que pensar en Hegel, Feuerbach, Marx, Michel Foucault; de los antiguos, sin duda Aristóteles, Platón, Demócrito, Sócrates, que nunca tuvimos acceso a algún escrito de él, pero su actitud fue filosófica y es un modelo ejemplar para los filósofos. También los filósofos teólogos como Agustín, Tomás de Aquino; esos filósofos como Descartes, John Locke, son mis filósofos favoritos y muchos otros más que no me acuerdo en este momento; Schopenhauer, muchos, pero los que más me despiertan interés por la filosofía son esos: Hegel, Kant, Marx, Feuerbach, filósofos argentinos como Kusch, Conrado Eggers Lan; esos son los filósofos que me interpelan.

Algunos se sienten intimidados por la filosofía, piensan que es un conocimiento muy complejo. ¿Cómo nos acercamos a ella siendo desconocedores?

La filosofía, como conocimiento complejo, tiene algo de eso; por lo abstracto, muchas veces requiere una lectura un poco tediosa para aquel que no está acostumbrado al texto filosófico. Pero lo más importante de la filosofía es generar conciencia de los problemas; con las herramientas que uno pueda tener, va puliendo los conceptos, las ideas, las nociones, la pregunta. Por eso me parece que lo más importante es ver cómo a uno le interpela un texto filosófico, una pregunta o un problema, y tratar de leer de alguna manera eso.

Por ejemplo, cuando uno lee —me había olvidado de citar a Spinoza como uno de los grandes filósofos que me parecen de los más importantes—. Spinoza, por ejemplo, escribió La ética demostrada según el orden geométrico, que dicen que es su obra cumbre. A mí me gusta muchísimo, me interpela un montón el Tratado Teológico-Político, que es además muy actual. Pero también se pueden leer las cartas, el Epistolario de Spinoza, donde discute con cualquiera que le escribe: algunos comerciantes de granos, algunos filósofos, otros teólogos. Y son muy interesantes las cartas. Digo que hay formas de entrar a un texto filosófico. No necesariamente uno, cuando lee una obra tan compleja como la Ética de Spinoza, puede encontrar otras lecturas también en las que se desarrolla un problema y se nos permite pensar.

Pero sí, es complejo el texto filosófico porque también estamos acostumbrados a pensar metodológicamente o a pensar desde las categorías que nos propone un pensador. Yo soy un profesional de la filosofía y hay textos que me resultan muy complejos pero que, de alguna manera con la filosofía, intento leerlos, estudiarlos, pensarlos. Y requiere una lectura también con mucho tiempo. El texto filosófico es intenso, no es extenso como un texto de historia, por ejemplo; sí, intenso. Es pensar, incluso detenerse a pensar. En un mundo signado por la urgencia y la búsqueda inmediata de resultados, el texto filosófico es difícil de digerir, pero necesario.

Maximiliano es además un consagrado músico.

Mucha gente piensa que la filosofía puede ser fuente de consolación. ¿Cuál es tu opinión?


La única filosofía que es consolación es la filosofía estoica. La filosofía es política, la verdad, no tiene que consolar nada. Al contrario, tiene que denunciar un problema. La filosofía no tiene que consolar. Esa es parte de un período de la filosofía; entonces, uno lee a Séneca y hay una especie de consolación de la filosofía. No creo que sea esa la función.

La filosofía tiene que incomodar. La filosofía es la necesidad de tornar problemática nuestra realidad, problemática en el sentido de desafío para pensar. Cuando hablo de problemas en filosofía, también hablo de un instrumento cognitivo que me permite pensar; ese es un problema. En ese sentido, la filosofía molesta, debe molestar, no debe consolar. Al contrario, su función es otra, no es un bálsamo religioso que nos libra de culpa. No, la filosofía tiene que incomodarnos, tiene que hacernos pensar, sin duda; si no, no tiene sentido. No tiene el lugar de la aceptación, no. Al contrario, es la pregunta, la resistencia.

«La filosofía tiene que incomodar. La filosofía es la necesidad de tornar problemática nuestra realidad, problemática en el sentido de desafío para pensar».

¿En qué proyecto estás trabajando y cuáles son los futuros?

Mi proyecto actual es escribir un libro sobre liberalismo y neoliberalismo en función del rol que tiene el consumidor como súbdito en el primero y como soberano en el segundo. Estoy estudiando el sujeto político-económico y las diferentes capas que lo constituyen. Estoy destinando mucho a la economía política de Adam Smith en adelante: de Ricardo, Malthus, Jean-Baptiste Say, Sismondi, John Stuart Mill, Menger, Alfred Marshall, y a los escritos de los teóricos neoliberales como Hayek, Röpke, Mises, etc. Ese es mi proyecto: escribir un libro sobre eso que, según mis tiempos, podré empezar a principios del año que viene. En este momento estoy estudiando mucho, haciendo mis índices de notas para que después la escritura fluya mejor. Ese es mi proyecto actual y futuro; estoy trabajando mucho con eso.

Por el momento sí tengo que dictar algunas conferencias: en la Universidad Sobral —no sé si iré, estoy gestionando pasajes, o si no será virtual—, en una Universidad de Colombia también en noviembre, en la Universidad de Morón ahora en octubre, en la Universidad de Buenos Aires en noviembre también, con una ponencia en conjunto con un grupo de investigación de filosofía poshegeliana de la Universidad General Sarmiento, del Instituto de Ciencias de allí, un grupo que estudia hace mucho tiempo. Me queda en el tintero la publicación de dos artículos: uno en este segundo semestre, sobre conflictividad social con el grupo GRIPSO de la Universidad del Nordeste, y después un artículo con el que finalizaría mi postdoctorado que estoy haciendo allí mismo. Este es mi proyecto futuro y mi proyecto actual.

Escribiste un libro, obviamente de filosofía. ¿De qué temas trata?

El libro que escribí es en realidad una adaptación de mi tesis doctoral al formato libro, para dejar sentado un recorrido académico sobre la noción de límite en la filosofía de Ludwig Feuerbach, en la que el límite es un instrumento para poder determinar qué rol tiene la religiosidad, la política, la ética. ¿Qué sucede con el sujeto? Vemos ahí distintas formas de entender tanto el límite como la barrera; es decir, aquello que traza una línea que también marca aún más allá de esa línea, y qué efectos tiene para poder pensar una ética y una política de la autolimitación. Tomo el concepto de límite, tal como se trabaja en la modernidad, como un concepto fundamental, como una potencia más que como una limitación en sentido negativo o como una carencia. En realidad, al contrario: como la potencia que implica circunscribir un ámbito, tanto de análisis como de acción.

¿Qué valor tiene el aula para vos?

Me levanto y estoy pensando; hago algo, estoy pensando, y en ese sentido creo que la profesión de filósofo —más allá del trabajo con las clases, que es por ahí el trabajo con el que más nos identificamos siempre— encuentra en el aula un lugar también para filosofar. Me parece que es un lugar muy importante y urgente, más en este momento en el que se nos cae el mundo prácticamente sobre nuestros hombros, en que el tejido social se va desgranando y en que casi estamos más solos, más aislados, más empobrecidos. Y no es casual, justamente. La política tiene un rol fundamental para ponderar la política pública, para reconsiderar el rol del Estado. Y me parece que, en ese sentido, es más necesario que antes volver a pensar.

Agradezco mucho la posibilidad de poder compartir un poco mi recorrido, mis inquietudes, mi forma de entender, mi profesión. Una profesión que nunca para mí está acabada. Muchas gracias.

Te puede interesar