Lun 21 septiembre ,2026
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Bienes materiales y felicidad

Carlos Rubén Pérez*

La vida plena y feliz, para muchas personas, suele asociarse con la acumulación de bienes materiales. Sin embargo, esta idea puede derivar en una distorsión cognitiva: asumir que, a mayor cantidad de posesiones, mayor probabilidad de alcanzar la felicidad. Esto lleva a sumir la vida en esfuerzos laborales y profesionales titánicos hasta menguar la salud y la calidad de vida con las personas amadas.

Hace casi dos décadas en Argentina, la Universidad de Bologna realizó un estudio en la capital del país, consultando 600 jóvenes de entre 18 y 35 años en locales gastronómicos en barrios con alto poder adquisitivo. En aquel momento llamó la atención de los investigadores la tendencia de los adultos jóvenes a pensar que la acumulación de bienes no asegura la felicidad, en consonancia con el dictado de la sabiduría popular. Aunque los interpelados destacaban la importancia del ahorro con fines mediatos —como formar una familia—, sin dudas sería interesante repetir el estudio para analizar si los subsiguientes vaivenes de la economía hicieron cambiar los pareceres.

Esta postura me parece acorde al pensamiento platónico el cual reconoce la importancia de una economía próspera tanto en lo particular como en lo general para el desarrollo de la sociedad. Tengamos presente que Platón de ninguna manera era un hombre pobre. Para el filósofo, la riqueza se relaciona más con la vida virtuosa que con las posesiones.

En sus obras La República y El Fedón, aborda profundamente ambos temas: la riqueza y la felicidad. En ellas, en diferentes pasajes, deja en claro que la felicidad está ligada la vida virtuosa, la cual modera nuestras apetencias y nos conduce a la moderación.

Es conocida su sentencia de que «la pobreza no viene de la disminución de las riquezas, sino de la multiplicación de los deseos». Y es precisamente la sociedad de consumo la que promueve la multiplicacion de los deseos y, con ella, la insastifacción. La clave para escapar de ese limbo es encontrar sastifaccion en las posesiones que podemos granjearnos mediante nuestro esfuerzo, y moderar nuestra conducta a través de la virtud del conocimiento. El simple hecho de poder reflexionar sobre nuestras verdaderas necesidades y las ficticias —producidas por la propaganda del consumismo— puede ser liberador, dado que nos ayuda a gestionar nuestras espectativas.

Se puede ser feliz con poco si realmente otorgamos significado a las posesiones que podemos obtener y somos conscientes de que, en definitiva, son solo medios y no fines, como sí son los seres que amamos.

Nos encontramos en estas páginas la semana que viene. Desde Goya, en Argentina, un entrañable afecto.

Carlos Rubén Pérez*

Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.

Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos

Aires.

Escritor. Comunicador. Conferencista internacional. Contacto para asesoramientos, consultas y mentorías: whatsApps +54 9 3777 643927. Mail: carupegoya@live.com.ar

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