Carlos Rubén Pérez
Existen cuatro maneras básicas de gestionar los conflictos. En esta oportunidad trataremos de analizar dos de ellas y la próxima semana nos centraremos en las otras dos. Aclaro que me refiero siempre a conflictos interpersonales.
“Se hace como yo quiero”. Modelo belicoso
Yo gano. No suele ser motivo de mayor preocupación cómo reacciona la otra persona o personas, simplemente deseamos que nuestra opción sea la que resulte vencedora. Estamos total y plenamente convencidos de que tenemos la razón.
El conflicto comienza a tomar mayor envergadura (escalada) porque es probable que la otra parte desee o crea tener los mismos merecimientos que nosotros. Suele ser el modo litigioso; los daños son para ambos bandos; particularmente, resulta más doloroso cuando se trata de personas que se aman o existe una relación afectiva desde hace mucho tiempo. Nuestra actitud es de guerra y queremos ganar a toda costa sin ceder un centímetro en nuestras demandas. Conocemos miles de ejemplos, sólo pensemos en una situación donde haya una discusión y posterior ruptura o resquebrajamiento de la relación.
“Se hace lo que tú deseas”. Modelo del sometimiento
Tú ganas. Para evitar que las consecuencias se desproporcionen, tomamos la actitud de no luchar, así cedemos frente al temor de reprimendas sin importar nuestros valores.
Muchas veces somos conscientes de que los argumentos de la otra parte no son sustanciales, ni siquiera justos. Pero no obstante, cedemos, aunque esto nos genere insatisfacción. Bajamos la cabeza pensando que la otra persona debería tener un poco de consideración, así evitamos muchas veces la escalada, aunque el dolor emocional permanece.
Como ilustración, una familia donde uno de los cónyuges acepta las consecuencias de las acciones de su pareja, aunque esté en desacuerdo. Es cierto que en este modelo también se percibe comodidad por parte de ambas partes, el que impone y aquel que se deja imponer. Sin dudas, en muchas situaciones hay que ceder, pero de manera constante el sometimiento a la voluntad del otro puede llegar a ser nocivo para la relación.
Lo indicado en este tipo de situaciones es encontrar un punto medio entre el sometimiento y la asertividad dado que aquel que se somete está en alto riesgo de perder autonomía con la consiguiente pérdida de autoestima. Por otra parte, la acumulación de resentimiento y frustración, tarde o temprano, podría eclosionar; por ello, es capital poder hallar el modo de expresar los sentimientos y necesidades.
Otro de los riesgos es que, a pesar de haber una cierta “paz”, el motivo que originó el conflicto continúe subyacente y pueda empeorar con el tiempo de manera semejante a una bola de nieve cuesta abajo.
Invito a la vasta comunidad hispana lectora de LatinoCalifornia a estar atenta a la próxima semana donde seguiremos tratando este tema importante, donde seguramente los lectores se podrán identificar con algunos de los cuatro modelos.
Carlos Rubén Pérez
Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.
Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.
Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos Aires.
Escritor. Comunicador. Conferencista internacional. Embajador Cultural Asorbaex de España. Reconocido por el Circle Universel Des Ambassadeurs de la Paix Suisse/France.
Contacto para asesoramientos, consultas y mentorías: whatsApps +54 9 3777 643927. Mail: carupegoya@live.com.ar

