Érica Adriana
Corrientes, Argentina
Día tras día,
amanecer tras amanecer;
luego de una noche sin esperas,
las ojeras me develan
mensajes sin conocer.
Noche tras noche,
anochecer tras anochecer;
caminando por calles de nombres comunes
a mil otras ciudades.
Sintiendo cual brizna en el viento,
el soplido de mil huracanes.
Dime…
¿esta madrugada lloverá?
Millones de gotas estrellándose en el asfalto,
igual que mis lágrimas al caer.
De tan alto allá arriba bajan,
y resbalan luego a una alcantarilla.
Siento que caminan muchos pies en la vereda,
siento cómo respiran tantos seres.
Viajando en un cole sin decirse nada,
tomando cafés sin mirarse una vez a la cara.
Miro el horizonte y éste llega a diez cuadras,
y se rompe contra los vidrios de las ventanas.
Hay tantos gritos como ondas en las aguas,
invisibles en el aire, intensos como el perfume;
pidiéndose mutuamente socorro, pidiéndose en silencio.
Día tras día,
hora tras hora;
tú miras tus cosas, apartando la mirada…
y las margaritas se deshojan,
desplomándose en la alfombra.
Y son golpe tras golpe,
(que producen los pétalos al caer)
y forman ladrillo tras ladrillo,
construyendo la ciudad en una pared.
Cuadras y más cuadras me van alejando,
un hombre en la parada baja la cabeza…
Sabe, tarde, que ya fue (que ya me fui).
Hay lanas que no pueden abrigar el alma
aún cuando tirite de frío la piel,
y un gesto cortés abrace sin ganas.
Hay multitudes mirándose al espejo,
peinándose el cabello, lavándose la cara.
Hay gente pensando largamente,
tratando de no sentir nada.
Y yo escribo… y escribo… Otro canta…
Otro llora, uno más allá va al psiquiatra.
Otro más hace yoga, natación, acaricia un perro.
Alguien quizás se ríe a carcajadas…
Pero al fin y al cabo, sólo es amor…
amor que no nos alcanza, nos esquiva, se diluye…
entre las nimiedades cotidianas.
Y no hay más…¿qué puede haber?
palomas, buitres, monos, leones de papel;
unas manos tendidas desde el infinito
y una insaciable sed de conocer…
Una pupila dilatada y un deseo inconsciente.
y amor, amor por doquier
contenido apenas por miedos oscuros,
a la espera de que los diques
se comiencen a romper.
Erica Adriana – Del libro «15/25 (Susurros en el Viento)»

