ESPECIAL DE CLEO
Paula Torregroza Pérez, nacida en el Caribe colombiano, en la ciudad de Sincelejo, es asistente social, coach motivacional, consultora en Programación Neurolingüística y Mindfulness, conferencista y creadora del concepto «Entrénate para Amarte», una propuesta que acompaña a mujeres en sus procesos de transformación, recordándoles el camino de regreso hacia sí mismas. Cuenta con más de 14 años de experiencia en Coaching y Neurociencias, acompañando a personas y equipos a alcanzar sus objetivos desde una mirada profunda de su «estar siendo» en el mundo.
Autora del recién publicado libro Todo lo que fui para llegar mí,una compilación de reflexiones escritas, según sus palabras, surge sin la pretensión de enseñar, pero con el deseo genuino de ayudar a encender alguna linterna, una conciencia, una vida… en ese gesto íntimo y valiente, invita a otros a mirarse sin miedo, a regresar a sí mismos y a encontrar razones para vivir desde el amor y la coherencia.
Formó parte en Colombia del equipo de Lidertura, una iniciativa sin fines de lucro que impulsa espacios creativos para jóvenes escritores en distintas partes del mundo.
Actualmente reside en la ciudad de Barranquilla, donde se desempeña como directora del área de proyectos de una organización social.
La literatura ha tenido una singular importancia en tu vida gracias a tu padre. ¿De qué manera te marcó para tu vida adulta?
Creo que mi papá me dejó algo que va mucho más allá del gusto por la literatura; él hizo que la palabra tuviera un lugar muy especial en mi vida.
Yo crecí viéndolo recitar poemas, especialmente en esas reuniones familiares en la terraza de la casa, y recuerdo mucho esa relación que él tenía con la poesía, con la palabra, con la sensibilidad. Creo que, sin darme cuenta, fui aprendiendo que las palabras también podían ser una manera de expresar lo que yo sentía, de nombrar cosas que a veces son difíciles de decir en ciertos momentos de la vida.
Ya en mi vida adulta, esa semilla volvió a aparecer de muchas formas: primero a través de la lectura, la escritura, mi trabajo con las personas… y, finalmente, también en mi propio libro. Cuando escribí Todo lo que fui para llegar a mí, entendí que quizá estaba regresando a ese lugar que mi papá había sembrado en mí muchos años atrás.
Entonces sí, creo que la literatura me marcó, pero sobre todo me enseñó algo que todavía conservo: que una palabra puede acompañarnos, puede conmovernos y —espero no ser pretenciosa con esto— creo que puede hasta salvarnos.

Mucha gente aún no conoce el coaching. Descríbenos cómo puede ayudar un profesional de esta disciplina a las personas.
Bueno…Yo diría que el coaching es, sobre todo, un espacio para detenernos y mirarnos con más honestidad.
Muchas veces sabemos que algo en nuestra vida no está funcionando, que queremos cambiar una relación, tomar una decisión, recuperar nuestra confianza, encontrar un propósito o simplemente volver a sentirnos conectados con nosotros mismos, pero no siempre sabemos por dónde empezar.
Ahí puede acompañarnos un coach. No para decirnos qué tenemos que hacer ni tampoco para decirnos cómo tenemos que vivir nuestra vida, sino para ayudarnos a hacernos preguntas que quizá solos no nos estaríamos haciendo, también a identificar creencias, patrones o formas de relacionarnos que nos están limitando y, a partir de ahí, encontrar nuestros propios recursos y tomar decisiones más conscientes.
Para mí, el coaching tiene mucho que ver con eso; con acompañar a una persona a volver a escucharse, a reconocer lo que quiere y a pasar de la reflexión a la acción.
Y creo que ahí está una de las cosas más bonitas de este trabajo: muchas veces la respuesta no viene de afuera. La persona ya tiene dentro de sí buena parte de lo que necesita; el proceso de coaching consiste en ayudarla a encontrar eso que necesita y a ponerlo en movimiento.
Viviste en Buenos Aires, ¿por qué fue una experiencia significativa para ti?
Si, yo viví en Buenos Aires un buen tramo de mi vida, doce años aproximadamente. Buenos Aires fue muy significativa, fue una etapa de mucho crecimiento a todo nivel.
Llegué allá con 25 años quizá; estudié, trabajé, conocí personas maravillosas y, sobre todo, tuve la oportunidad de encontrarme conmigo misma en una ciudad completamente distinta a la ciudad donde crecí.
Allá hice mi primera formación presencial en coaching, y creo que esa experiencia terminó marcando mucho un camino profesional que después fui construyendo con el paso del tiempo. Pero también Buenos Aires me acercó muchísimo a la literatura, al arte, a la cultura, a esa manera tan particular de vivir y de conversar que tiene la gente allí en esa ciudad.
Creo que una parte importante de la mujer que soy hoy, se construyó allá. Aprendí a moverme sola, a confiar más en mí y también a descubrir que podía crear una vida donde yo tomaba mis propias decisiones, una vida bajo mis elecciones.
Por eso, cuando pienso en Buenos Aires, no pienso solamente en una ciudad donde viví. Pienso en una etapa de mi vida que me transformó, que todavía conservo y que me seguirá marcando, creo, hasta el último día de mi existencia.

Sobre tu libro, ¿cuál fue la motivación para escribirlo y cómo ha sido la recepción del público?
Yo diría que mi motivación nació de una necesidad muy íntima; yo necesitaba poner en palabras muchas experiencias que durante años habían vivido dentro de mí. Necesitaba de alguna manera compartirlas y, después de atravesar algunas situaciones personales importantes, empecé a sentir que escribir era una manera de entenderme, de ordenar lo vivido y también de darle un lugar preponderante a emociones que durante mucho tiempo no había sabido nombrar.
Y en algún momento entendí que eran historias que yo no quería que se quedaran solamente conmigo y que, tal vez, podían acompañar a otras mujeres —el libro está escrito desde el modelo de mundo de una mujer, aunque también los hombres pueden leerlo, obviamente— que hubieran vivido rupturas, pérdidas, momentos de desconexión o simplemente esas etapas en las que una siente que necesita volver a encontrarse.
Así nació Todo lo que fui para llegar a mí. Es un libro muy personal, pero también muy honesto. No lo escribí desde el lugar de tener todas las respuestas, sino desde el de una mujer que ha vivido, se ha equivocado, ha amado, ha soltado y ha tenido que volver a encontrarse.
Y la recepción ha sido muy bonita. Quizá lo que más me ha conmovido no es solamente que a las personas les guste el libro, sino que algunas me escriban para decirme: «Esto que escribiste también me pasó a mí», o que alguna historia les hizo recordar algo de su propia vida.
Ahí siento que el libro realmente encuentra su sentido, cuando conecta con la intimidad, la sensibilidad y la historia de otra persona.
«Es un libro muy personal, pero también muy honesto. No lo escribí desde el lugar de tener todas las respuestas, sino desde el de una mujer que ha vivido, se ha equivocado, ha amado, ha soltado y ha tenido que volver a encontrarse».
¿De qué te has arrepentido?
Arrepentimientos yo pensaría que no tengo. No me arrepiento de nada, ni siquiera de aquellas cosas que hice mal; seguramente ad portas de los 50 —voy a cumplir 48 próximamente— son muchas, pues ya hemos vivido un tramo importante como para habernos equivocado una que otra vez.
Entonces no sé, yo no me arrepiento, porque esas decisiones que quizá hoy no tomaría o lo haría de otra manera con la madurez, también son parte del equipaje, pero finalmente uno hace lo que puede, con las herramientas que tiene, en el momento que suceden las cosas.
Aparte, todo lo vivido, con sus aciertos y sus errores, me ha ido convirtiendo en la mujer que soy y la verdad es que me siento satisfecha. Entonces, más que arrepentirme, prefiero mirar hacia atrás con gratitud, incluso por las experiencias que fueron difíciles, porque también ellas me enseñaron, me transformaron y me ayudaron a conocerme.
¿Cómo te defines a ti misma?
Es un poco difícil definirse, pero yo diría que soy una mujer profundamente curiosa, altamente sensible y muy apasionada por la vida.
Soy una mujer que ha aprendido a conocerse, a cuestionarse y también a reinventarse muchas veces. Me gusta conversar, aprender, leer, escribir, escuchar historia de las personas que me rodean y guardarlas en mi memoria, porque en algún momento, cuando es necesario, aparecen y te salvan o salvan a alguien. Y creo que tengo una enorme curiosidad por las personas y por lo que hay detrás de cada historia.
También me considero una mujer muy independiente. Me gusta mi libertad, mi espacio, mi manera de vivir, pero eso no significa que no valore profundamente los vínculos. Al contrario, creo mucho en el amor, en la amistad, en las conversaciones que nos transforman y en la posibilidad de compartir la vida sin dejar de ser nosotros mismos.
Y quizá hoy me definiría, sobre todo, como una mujer que está aprendiendo a habitarse con más amor y coherencia.

¿Cómo te imaginas tu misma en cinco años?
Me imagino con una vida muy parecida a la que tengo hoy, a la que he logrado construir, pero con más libertad y con más espacio para las cosas que amo.
Me gustaría seguir escribiendo, seguir acompañando personas desde el coaching y poder dedicar mucho más tiempo a dar conferencias, a conversar, a crear proyectos que tengan sentido para mí. Me encantaría que mi libro siguiera encontrando lectores y, por qué no, estar escribiendo alguno nuevo.
También me imagino viajando, conociendo lugares, teniendo más experiencias, compartiendo mucho con las personas que amo y disfrutando de una vida tranquila, pero al mismo tiempo, una vida con pasión, conectada con el deseo de seguir adelante.
Y en lo más íntimo y personal, me gustaría estar acompañada. No necesariamente de la manera tradicional, porque he aprendido que cada persona puede construir el tipo de relación que realmente le funcione. Pero sí me gustaría tener a alguien con quien compartir la vida desde el amor, la libertad, la conversación y la complicidad.
Más que imaginarme exactamente dónde voy a estar o qué voy a tener, me importa mucho cómo quiero sentirme: quiero verme en paz, orgullosa de lo que he construido, todavía curiosa, todavía aprendiendo y, sobre todo, sintiendo que la vida que vivo se parece a la mujer que soy.
Para cerrar, y pensando en quienes nos leen, ¿cuál dirías que es el mensaje principal de tu libro o la mayor invitación que nos deja esta etapa de tu vida?
Ya que estoy vibrando mucho en estos últimos meses con mi libro, quizá de la importancia de volver a nosotros mismos.
Creo que vivimos muchas veces tratando de cumplir expectativas, de responder a lo que los demás esperan, de sostener relaciones, trabajos, roles, formas de vivir, estilos de vida, etc., y en medio de todo eso podemos ir perdiendo un poco, y a veces mucho, la conexión con lo que realmente queremos.
Y no creo que volver a nosotros mismos signifique alejarnos del mundo o dejar de querer a los demás. Para mí significa poder preguntarnos de vez en cuando: ¿esto que estoy viviendo todavía tiene sentido para mí?, ¿esto me hace bien?, ¿qué deseo realmente?, ¿qué parte de mí he dejado olvidada en función de vivir según expectativas ajenas?
Creo que nunca es tarde para hacerse esas preguntas. Nunca es tarde para cambiar de rumbo, para empezar algo nuevo, para escribir un libro, para volver a enamorarse, para aprender, para reinventarse o simplemente para comenzar a tratarnos con un poco más de amor.
Y si algo he aprendido de mi propia historia es que no tenemos que esperar a que la vida se derrumbe para volver a mirarnos. También podemos elegirnos cuando aparentemente todo está bien; siempre es valioso, positivo y fructífero mirar hacia adentro.
Sin pretender tener la verdad absoluta, creo que de eso se trata la vida: de ir convirtiéndonos, poco a poco, en una versión de nosotros mismos con la que podamos sentirnos en paz.
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