ESPECIAL DE CLEO
Se define como un apasionado de la literatura, pero su pasión también alcanza con creces al teatro, el cine y la enseñanza. Desiderio Esono, gestor cultural de Guinea Ecuatorial, nos resalta el vínculo con la literatura latinoamericana y la argentina en particular.
Tienes formación en filología, pero además una fuerte inclinación por el arte.
Así es, estudié Filología Hispánica y me desempeño principalmente como formador; ejerzo la docencia como profesor de lengua española y de historia, e imparto inglés en el nivel secundario. Más allá de las aulas, me dedico a la escritura, un ámbito donde me identifico mayormente con la poesía, aunque también tengo obras narrativas e incluso teatrales. Aparte de escritor, me dedico a la dramaturgia, es decir, soy actor de teatro y de cine, y cineasta: escribo guiones y, en ocasiones, he dirigido algún que otro cortometraje.
Por otro lado, me considero un promotor o gestor cultural, ya que el arte y las tradiciones me fascinan profundamente. Todo lo relacionado con la literatura y el saber en general me genera un gran entusiasmo, sobre todo si se trata de producir un cambio positivo. Me cautiva tanto escribir como leer y, por encima de todo, educar. De hecho, la enseñanza es uno de mis pasatiempos favoritos; me encanta transmitir conocimientos. En el ámbito personal, actualmente tengo una esposa y una hija.

¿Tu producción literaria tiene un enfoque comunitario?
En lo que respecta a mis creaciones, cuento con un abanico diverso de producciones. En 2021 publiqué un poemario titulado 23 veranos y un anhelo. Su contenido es muy variado e incluye aspectos comunitarios, experiencias personales y crítica social; son tópicos recurrentes dentro de este libro que es bastante amplio. Además de este trabajo, participé en la antología poética Club de Poesía 2018, editada por el Centro Cultural de España en Bata. También he colaborado con varias publicaciones en revistas como Digital Observer, la revista de cultura literaria ABÁÁ la revista ATANGA, entre otras. Actualmente, me encuentro trabajando en varios libros que aún no ven la luz, pero que están en proceso o ya terminados, de los cuales podremos hablar en otra ocasión.
De manera general, el enfoque de mis escritos no se aleja de la línea de 23 veranos y un anhelo, ya que está muy ligado a la comunidad. Los temas parten del entorno social con el fin de producir un cambio positivo y compartir vivencias que influyan en el bienestar y en el desarrollo, tanto personal como colectivo. Esa es la línea que más destaco en mi trabajo, haciendo alusión a nuestro contexto y a lo que ocurre a nuestro alrededor. En cuanto al estilo, busco que gran parte de mis composiciones mantengan la musicalidad y el sonido para no perder la esencia lírica. Utilizo un lenguaje moderado y a veces sencillo, adecuado a la audiencia para que encaje perfectamente, pero que a la vez conserve la belleza estética; un estilo que podría llamarse rústico o aldeano, pero con una profunda raíz poética.
En tu país eres uno de los referentes de Aula Poética, ¿De qué se trata esta iniciativa?
Aula Poética es una plataforma que tiene como propósito promover la literatura en general y la poesía en particular. Es decir, nuestra meta es dar visibilidad a las nuevas generaciones que sienten la pasión de escribir en cualquier género literario. Este proyecto nació oficialmente en noviembre de 2024 y desde entonces venimos desarrollando nuestras actividades, sumando ya casi dos años de labor. Lo curioso es que todos los fundadores de este espacio ya veníamos colaborando dentro del ámbito de las letras, pero desde otros soportes.
Desde finales de 2024 funcionamos como colectivo y nos dedicamos a la formación a través de talleres, conferencias, tardes de lectura y recitales, además de organizar certámenes literarios para acercar nuestra actividad a la comunidad. Hemos impulsado proyectos como 7M en versos y Uniendo Letras, y desde hace bastante tiempo colaboramos anualmente en estas iniciativas con el Centro Cultural de España en Bata.
Otra de nuestras prioridades es fomentar la poesía en lenguas maternas, una nueva tendencia que está en pleno auge en nuestra sociedad. Nos hemos dado cuenta de que estos idiomas originarios poseen una riqueza cultural enorme, por lo que buscamos ponerlos en valor. Trabajamos tanto con adolescentes como con jóvenes e, inclusive, hemos guiado a niños en talleres de animación a la lectura para despertar su interés desde la infancia y lograr que crezcan con este amor por las letras.
Actualmente, contamos con un número importante de integrantes distribuidos por las principales ciudades del país. Estructuralmente, nos organizamos mediante un equipo directivo y un cuerpo de miembros que ronda las veinte personas. Afortunadamente, el colectivo sigue expandiéndose constantemente, ya que cada vez son más los interesados que se suman a la plataforma.

«Otra de nuestras prioridades es fomentar la poesía en lenguas maternas, una nueva tendencia que está en pleno auge en nuestra sociedad».
¿Cómo es el lector africano? ¿Cuáles son sus preferencias?
Esta es una pregunta bastante amplia. Es el equivalente a cuestionarse cómo es el lector europeo o el sudamericano, por lo que intentaríamos abordarlo desde una perspectiva más específica. No obstante, se pueden señalar ciertos rasgos del público africano. Históricamente, en el continente ha predominado una tradición fuertemente oral heredada de nuestros ancestros; sin embargo, en el contexto actual, esa oralidad ha trascendido hacia la palabra escrita.
Si bien antes el hábito de leer no era muy habitual entre la población en general, la juventud africana ha experimentado un notable impulso y muestra una participación masiva. El lector actual está muy pendiente de los nuevos soportes que surgen para devorar contenidos, al punto de que ya podemos hablar de «superlectores».
En el caso específico de Guinea Ecuatorial, esta evolución es evidente. Por ejemplo, formo parte de un círculo con estas características y conozco al menos dos grupos más de este tipo solo en la ciudad de Bata, sin contar los que existen en Malabo. El público guineano está tomando mucha conciencia sobre la relevancia de los libros. Aunque queda camino por recorrer, las nuevas generaciones le otorgan un valor que antes se omitía debido a que fuimos educados bajo esa fuerte herencia hablada donde lo escrito no ocupaba un lugar primordial. Hoy en día, la situación ha cambiado radicalmente; de hecho, cada vez que organizamos encuentros literarios o se editan nuevos ejemplares, ya hay un público cautivo esperando para recibirlos.
Este nuevo perfil destaca por ser un pelín crítico, lo cual representa una gran ventaja porque la capacidad de análisis demuestra que realmente se está asimilando el contenido. A veces nos topamos con un receptor pasivo que consume las obras de manera silenciosa sin demostrar explícitamente su interés, pero que aun así se mantiene activo gracias a los diversos proyectos en marcha. Instituciones como el Centro Cultural de España están promoviendo constantemente propuestas de este tipo, a pesar de que las nuevas tecnologías a menudo eclipsan el formato impreso. En definitiva, aunque nuestra esencia siga ligada al relato hablado y a las epopeyas, el avance en materia de lectura es innegable.
¿Han tenido experiencia internacional en Aula Poética?
Nuestra experiencia internacional como autores sigue sorprendiendo en el extranjero, sobre todo porque gran parte de nuestra literatura aún se desconoce en un primer momento. Sin embargo, cuando finalmente se lee a los escritores ecuatoguineanos y se saborean sus letras, el impacto es sumamente positivo y deja una profunda huella.
De hecho, estamos colaborando con Esangia, una editorial local e independiente que comenzó hace pocos años aquí y que ya muestra un gran dinamismo; este año, por ejemplo, participó en la Feria del Libro en Marruecos. También contamos con el proyecto de las Jornadas Literarias, que anualmente se celebran en Austria. Estas plataformas constituyen ventanas abiertas para que el creador de Guinea Ecuatorial se proyecte hacia el exterior. Asimismo, nos estamos dando a conocer a través de programas como Afroeste. Recientemente, nuestro compañero M viajó en representación del país a El Salvador, lo que demuestra que estamos interactuando cada vez más con otros horizontes. En este sentido, Guinea Ecuatorial y Sudamérica comparten muchísimos lazos en común: gran parte del contenido que producimos se contextualiza perfectamente con la realidad de Latinoamérica, lo que refuerza nuestra identidad como hispanohablantes. A menudo se suele pensar que, al ser una nación pequeña, nuestras letras no trascienden; no obstante, luego descubrimos que existe un potencial artístico enorme en el país y los autores siguen entregando todo su talento.

¿Hay apoyo de organismos del gobierno?
Respecto al respaldo de organismos gubernamentales, prácticamente podríamos decir que es inexistente; no obstante, tenemos información de que las instituciones públicas han diseñado diversas estrategias y planes para resolver este vacío institucional. De todos modos, seguimos contando principalmente con el auspicio de los espacios de difusión artística, como el Centro Cultural de España —tanto en Bata como en Malabo— y los centros culturales ecuatoguineanos. Asimismo, existen colectivos que se han ido consolidando a lo largo de los años, como Locos por Cultura (LPC), que realizan una labor admirable en la difusión cultural, ya sea mediante la subvención de proyectos o a través del impulso y la formación del talento humano.
¿Además de Aula Poética, estuviste involucrado en algún otro colectivo?
Además de Aula Poética, he formado parte de otros colectivos y participado en diversas iniciativas. Por ejemplo, colaboré con el Club de Poesía desde 2016 y me desempeñé como su coordinador desde 2019 hasta 2023. Asimismo, me dedico a la gestión cultural como animador sociocultural dentro del colectivo Sonrisas, y formo parte del grupo de Letras Cristianas. En el ámbito teatral, he estado integrado en compañías como Ceiba Bantú y he cooperado con Actores del Milenio en proyectos de formación escénica como «Aprendo y Actúo». También participé en el programa «Mudando con el Arte», el cual sigue una línea similar: descentralizar la cultura y expandir las expresiones artísticas fuera de las ciudades para llevarlas a la periferia. De este modo, abarco otras áreas creativas más allá de la literatura, extendiéndome hacia el cine y la animación comunitaria.
¿Cuentan con alguna plataforma para conocer sus trabajos?
En cuanto a nuestras plataformas digitales, disponemos de una cuenta en Instagram donde publicamos contenido para nuestros lectores. Asimismo, contábamos con un espacio en WordPress que actualmente se encuentra en proceso de reestructuración, por lo que nos apoyamos principalmente en la red social visual. Por otra parte, gestionamos nuestro propio canal de WhatsApp, el cual está alcanzando una gran audiencia. Finalmente, nos encontramos trabajando activamente para desarrollar y mantener nuestra propia página web de forma independiente.
¿Cómo perciben a Latinoamérica y a Argentina en particular?
Respecto a esta cuestión, percibimos a América Latina como una prolongación de nuestra propia identidad. Nos hemos dado cuenta de que compartimos muchísimos elementos en común en un sentido amplio: desde las costumbres y tradiciones hasta la religión. En el ámbito puramente cultural y literario, como mencioné anteriormente, el contexto latinoamericano se adapta con gran facilidad al nuestro. Esto se debe, en primer lugar, a la hispanidad; la lengua es un vehículo fundamental que nos une estrechamente con el continente americano. Poseemos estilos de vida muy similares y compartimos un pasado colonial común, por lo que quedan huellas evidentes; cuando miramos a Latinoamérica, en realidad nos estamos reflejando a nosotros mismos.
En lo personal, siento una gran afinidad por Argentina. Más allá del ámbito deportivo, su variante lingüística me resulta fascinante; su manera de hablar es tan particular que la reconozco de inmediato y me encanta su cadencia. En cuanto a las letras, existe un vínculo muy estrecho porque la literatura hispanoamericana es parte de nuestro plan de estudios, tanto en la secundaria como en la universidad. Estudiamos a fondo sus distintas etapas, sus autores principales y fenómenos como el Boom. En las aulas nos nutrimos con relatos y cuentos de grandes referentes como Esteban Echeverría, Julio Cortázar o Jorge Luis Borges. Si bien actualmente no sigo de cerca a los autores argentinos contemporáneos más jóvenes, históricamente sus clásicos han sido una fuente de aprendizaje fundamental, enriqueciéndome tanto de las letras australes en particular como de la producción sudamericana en general.

«En las aulas nos nutrimos con relatos y cuentos de grandes referentes como Esteban Echeverría, Julio Cortázar o Jorge Luis Borges».
¿Si tuvieras que resaltar rasgos culturales de tu país, cuáles serían?
Mi tierra es una nación sumamente rica, y al hablar de abundancia no me refiero únicamente a su biodiversidad, sino a su mayor tesoro: sus recursos humanos, es decir, su población. Aquí la gente es sumamente hospitalaria; el ecuatoguineano destaca por su calidez. Poseemos una amalgama de costumbres típicamente africanas que compaginamos con la herencia de España, nuestro antiguo colonizador. Esta fusión a veces genera contrastes y, en otras ocasiones, se integra de manera perfecta. Por ejemplo, nuestra sociedad tiene una forma muy particular de comunicarse y expresarse, donde las bromas y el buen humor están siempre presentes. El ciudadano de aquí se caracteriza por ser una persona pacífica que te recibe con los brazos abiertos; además, existe la arraigada costumbre de retribuir siempre las buenas acciones. Si alguien recibe una atención, no se siente en paz consigo mismo hasta devolverla, ya que los favores se consideran deudas de honor.
En el día a día, es común encontrar grupos de jóvenes reunidos ensayando danzas, haciendo freestyle, conversando, jugando al baloncesto o practicando algún deporte y juego tradicional. En nuestras calles se respira una gran tranquilidad, y la juventud encuentra su espacio a través del ocio, el arte y sus propias habilidades, lo cual les sirve como un excelente medio de distensión.
En lo que respecta a la gastronomía, Guinea Ecuatorial goza de una inmensa pluralidad cultural. Contamos, por ejemplo, con elaboraciones como la bambucha, un plato transversal que se consume en todas las etnias que conforman el territorio. Se prepara machacando las hojas de la planta de yuca para extraer su jugo, el cual se cocina con palmiste para obtener un sabor único y original. Entre otras especialidades culinarias, destaca el pan bota, los dátiles de palmera —que son excelentes—, la sopa de cacahuete, la salsa de módika y el popular pepesup, un caldo picante infaltable durante los fines de semana. Asimismo, disfrutamos del akwá y de variedades como la gnita blanca (un envuelto de calabaza y cacahuete) y la gnita negra, reflejo de una maravillosa y diversa herencia culinaria.

¿Qué aspiraciones tienes para el futuro literario de tu país?
En este aspecto, me gustaría enfatizar el valor de la interculturalidad, o mejor dicho, de la interacción entre las letras ecuatoguineanas y las latinoamericanas, específicamente las de Argentina. Me parece fundamental subrayar este vínculo, ya que compartimos un mismo idioma y raíces históricas muy semejantes. Considero que podría existir un intercambio cultural sumamente enriquecedor entre ambas naciones. Sería una excelente iniciativa abrir un espacio donde las nuevas generaciones de creadores de Guinea Ecuatorial puedan interactuar con sus pares argentinos en materia artística y literaria, permitiendo organizar eventos tanto de forma digital como a través de otras modalidades de encuentro.

