Marina Noemí Pérez (Goya, Argentina)
El día a llegado, lamento que esto sea así, no lo deseé nunca en mi vida, solo se que contribuiste mucho en ello; en el dicho está escrito «uno cosecha lo que siembra».
Ya mis heridas van sanando, se lo debo mucho a Dios, el me ha vuelto fuerte y me ha mostrado el camino por el cual debo luchar, tropezar, llorar, levantarme y en ese camino ya no existes tú.
No estoy triste, tampoco me lamento, solo quedaste como un feo recuerdo nada más, que también espero que se borre pronto de mi vida.
Aunque hagas hasta lo imposible para que yo te tenga presente, ya nada te ata a mí.
¿Por qué no lo piensas?
Así te das cuenta. Déjame vivir, la víctima nunca fuiste tú, al contrario, todos fuimos víctimas de tus errores, de lo oscuro que guardas dentro de ti, de tus inseguridades, todo lo malo que construiste en tu larga vida.
Desaparece de nuestras vidas y déjanos ser feliz.
(El despertar de mi alma, 2025)

