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Las Sinsombrero

Maripau González (Barcelona, España)

La Generación del 27 fue un grupo de poetas españoles que surgió en torno al año 1927, marcado por un homenaje a Luis de Góngora (en conmemoración del tercer centenario de su muerte) y que sirvió como punto de partida para la agrupación y la renovación poética. Se caracterizó por la renovación estética, la influencia de las vanguardias y una exploración profunda de la emoción y la subjetividad.

Renovación estética:

Se alejaron de la poesía tradicional y exploraron nuevas formas de expresión, influenciados por el simbolismo, el surrealismo, el futurismo y otras vanguardias europeas. Incorporaron elementos de diferentes movimientos vanguardistas, como la experimentación con la forma, el uso de metáforas y la búsqueda de un lenguaje poético original.

Sus poemas se caracterizaban por la intensidad emocional, la introspección y la exploración del mundo interior.

Autores destacados:

Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Dámaso Alonso.

La Generación del 27 estuvo compuesta por mujeres y hombres nacidos entre 1898-1914 que se movían en el círculo cultural, social y político de Madrid. El interés por recuperar, divulgar y perpetuar el legado de las mujeres que pertenecieron a este grupo es reciente. Con la llegada del siglo XXI, historiadoras, escritoras, artistas, etc., comenzaron a indagar en la vida y obra de estas extraordinarias mujeres que han recibido el nombre de Las Sinsombrero.
En la década de los veinte del pasado siglo, llevar sombrero era signo de elegancia. Y en el caso de ellas, lo era además de feminidad y decoro. Un día Maruja Mallo, artista plástica, iba por la Puerta del Sol acompañada de la también pintora Margarita Manso, el surrealista Salvador Dalí y el poeta Federico García Lorca. Los cuatro amigos, como signo de rebeldía y provocación, se quitaron los sombreros. Sin duda, un gesto cuanto menos arriesgado en un país que vivía bajo el yugo totalitarista de la dictadura de Primo de Rivera. Maruja Mallo lo explica: «Decidimos quitarnos el sombrero porque parecía que estábamos hartos; nos apedrearon llamándonos de todo (…). Se comprende que Madrid vio en eso un gesto rebelde y, por otro lado, narcisista».

Ellas son sólo un ejemplo ínfimo de las mujeres que hoy conocemos como las Sinsombrero: Maruja Mallo (artista plástica), Ángeles Santos (pintora vanguardista y surrealista), Margarita Manso, (pintora a quien Lorca dedicó un poema), Luisa Carnés (innovadora, escritora y periodista), Elena Fortún (novelista cuyo nombre era Encarnación Aragoneses y su serie de novelas de Celia en diferente aventuras o situaciones), Ruth Velázquez (pintora y poeta), Margarita Gil Roëset (escultora que se suicidó por desamor hacia Juan Ramón Jiménez a los 24 años, destruyó gran parte de su obra y dejó un cuaderno lleno de poemas desesperados), Concha Méndez (poeta y editora), Teresa León (escritora, cuya obra máxima es Memoria de la melancolía, autobiográfica), Josefina de la Torre (poeta de las pocas que no tuvo que exiliase), Ernestina de Champourcín (inmensa poeta, amiga y protegida de Juan Ramón Jiménez incluso en el exilio de ambos), María Zambrano (escritora y filósofa que recibió el premio Cervantes en 1988), Carmen Conde (política, escritora y poeta, que fue la primera mujer en ocupar una letra en la RAE, Real Academia de la lengua Española, en 1977), Rosa Chacel (novelista, escritora de ensayos y de poesía), Margarita Ferreras (poeta) son nombres de mujeres que pertenecieron a este relevante grupo.

Sin ellas no podemos hablar de una historia completa de preguerra civil y posterioridad. Antes de ellas, una mente privilegiada como la de Clara Campoamor, de la Generación del 14, ya luchó porque las mujeres obtuvieran derechos para todas. Esa generación estaba formada, entre otras, Clara Campoamor, Carmen de Burgos o Victoria Kent, quienes cambiaron en parte las leyes para un mundo más equitativo.

Estas mujeres de la Generación del 27, o las Sinsombrero, fueron la primera generación femenina de la historia cultural, artística y literaria de España que reivindicaba la construcción de un futuro colectivo, libre y valiente en el que sus voces fuesen escuchadas y tenidas en cuenta como parte integrante de la sociedad. Vieron con en la llegada de la Segunda República, en 1931, una posibilidad de lograr una sociedad más igualitaria. Desgraciadamente, su anhelado propósito se verá truncado con el estallido de la guerra civil. La mayoría de ellas eran nacidas en Madrid o residían en la ciudad. Muchas cursaban estudios superiores (permitidos a las mujeres desde 1910) y se alojaban en la Residencia de Señoritas, dirigido por la pedagoga María de Maeztu. Era en la Residencia y, con posterioridad, en el Lyceum Club Femenino (fundado el 26 de noviembre de 1926) donde se sentían libres para expresar sus ideales políticos, sus inquietudes artísticas y culturales o compartir sus poemas y ensayos que se publicaban en revistas como La Gaceta Literaria o en La Revista de Occidente.

Maruja Mallo: es a su performance en la Puerta del Sol a quien le debemos el nombre del grupo. Artista plástica, esta gallega llevó la excentricidad al límite. Cultivó principalmente el surrealismo con obras como La verbena, El canto de las espigas o sus Naturalezas vivas. Viajó por distintas escuelas de Europa bebiendo de la diversidad plástica que le brindaban las vanguardias. El estallido de la Guerra Civil Española y su defensa en pro de una España republicana la llevó a marchar a Argentina. Viajó y expuso por gran parte de Latinoamérica durante los treinta años que permaneció en el exilio. En 1962 regresó a España siendo una desconocida en el panorama artístico, cultural y social. Tras años rehaciendo su obra y volviendo a integrarse en los círculos artísticos y culturales de la capital española, su reconocimiento le llegará a final de su vida.

Marga Gil Roësset: escultora, ilustradora y niña prodigio, era débil físicamente y extremadamente sensible. Junto a su hermana Consuelo publicó varios libros de cuentos que ella ilustraba. Una de sus esculturas más conocidas es el busto que realizó a Zenobia Camprubí, esposa de Juan Ramón Jiménez. Se suicidó con pistola en la sien a los 24 años al no ser correspondida por Juan Ramón. Su hermana Consuelo pudo salvar algunas de sus obras, entre ellas un diario personal que escribió una semana antes de quitarse la vida, y que resultó ser su mejor poemario.

Concha Méndez: poetisa y dramaturga. Fue una firme defensora de los derechos de las mujeres y de la libertad de estas dentro del matrimonio. Sus primeras obras emanan luz y optimismo. Ejemplo de ello es su primer poemario, Inquietudes, publicado con 28 años. En 1932 compró una imprenta y, junto a su marido, Manuel Altolaguirre, editó la revista Héroe, donde se recogían poemas de autores y autoras del momento: Pedro Salinas, Rosa Chacel, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Ernestina Champourcín y otros. Se vio obligada a huir del país, primero a París, y de allí marchó a La Habana y México. Fue en este último donde permaneció hasta su muerte en 1986.

María Teresa de León: reivindicó a ultranza el papel de la mujer como ente propio, tan válido como el de los hombres, anteponiendo su labor de mujer independiente al de esposa y madre. Poetisa desde muy joven, nos ha dejado obras como La bellas del mal amor o Cuentos para soñar. Tras divorciarse de su primer marido, conoció a Rafael Alberti. Este la introdujo en el círculo cultural de la Generación del 27 y las Sinsombrero, de las que pronto pasaría a formar parte. Alguien de la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico (organismo creado por el gobierno de la República a principios de la guerra civil y que salvó de una destrucción segura las obras que se conservaban en el Museo del Prado y en el Monasterio de El Escoria) la invitó a participar en este rescate artístico. Rafael Alberti y ella tuvieron que marchar del país, primero a Francia y de allí a Argentina, donde residieron hasta 1977, cuando volvieron a España. De este periodo de exilio se conservan obras como La historia tiene la palabra.

Josefina de la Torre: mujer polifacética (poetisa, cantante, escritora, compositora, actriz teatral). Nacida en Gran Canaria, en el seno de una familia adinerada, recibió una formación exquisita en arte y música. Con solo 7 años escribió sus primeros poemas. Viajó a Madrid para perfeccionar su técnica vocal y llegó a actuar en el Lyceum Femenino, lo que le permitió entablar amistad con algunas de las mujeres que allí se reunían y que pronto la hicieron partícipe de este grupo que venimos denominando las Sinsombrero. De esta etapa son sus poemarios Versos y estampas o Poemas en la isla. La guerra civil la hizo volver a su Gran Canaria natal, donde permaneció hasta que concluyó el conflicto bélico, tras el cual volvió a trabajar como guionista y actriz de teatro. Junto a Ernestina, fue incluida en la segunda edición de la Antología de poetas de Gerardo Diego, quien en la primera edición no incluyó a ninguna mujer, y ya sí en la segunda, de 1934.

Ernestina Michels de Champourcín y Morán de Loredo: nació en Vitoria, pero su infancia y juventud transcurrieron en Madrid. Se formó en un ambiente aristocrático y cosmopolita (su padre era barón de Champourcín, título originario de la Provenza francesa, y su madre había nacido en Montevideo, Uruguay, lo que le permitió desde joven hablar y leer con fluidez inglés y francés). Ernestina comenzó sus estudios en el colegio del Sagrado Corazón y cursó el bachillerato como alumna libre del instituto Cardenal Cisneros. Publicó su primer libro de poemas, En silencio, en 1926. Ese mismo año entró a formar parte del Lyceum Femenino, con la inquietud que mantuvo a lo largo de toda su vida de conseguir el reconocimiento de la mujer en el mundo cultural e intelectual. Pronto contó entre sus primeros maestros con Juan Ramón Jiménez, que la inició en los caminos de la poesía pura.

María Zambrano: fue una filósofa, intelectual y ensayista española. Su extensa obra, entre el compromiso cívico y el pensamiento poético, no fue reconocida en España hasta el último cuarto del siglo XX, tras un largo exilio. Ya anciana, recibió los dos máximos galardones literarios concedidos en España: el Premio Príncipe de Asturias en 1981 y el Premio Cervantes en 1988, siendo la primera mujer en recibirlo. Actualmente la estación de tren de alta velocidad de Málaga lleva su nombre.

Rosa Chacel: poeta, ensayista y novelista española nacida en Valladolid en 1898.Una vez casada con el pintor Timoteo Pérez, vivió durante un tiempo en Roma y, al regresar a Madrid en 1927, colaboró con varias revistas y se unió a importantes tertulias literarias como la Botillería de Pombo y el Ateneo de Madrid. A raíz de la Guerra Civil Española, el matrimonio se exilió en París y, posteriormente, en Buenos Aires y Río de Janeiro, donde continuó con su carrera literaria, gracias a la cual obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim que la llevó a vivir por algún tiempo en Nueva York. Después de alternar su estancia por algunos años entre Madrid y Río de Janeiro, finalmente se radicó en Madrid, vinculándose con la Fundación Juan March. De su amplia obra, compuesta por novelas, ensayos, cuentos y poesía, se destacan su novela Barrio de Maravillas (1976), por la que obtuvo el Premio de la Crítica; Balaam y otros cuentos (1989); la novela La Sinrazón (1960); y la antología Poesía. Fue galardonada, además, con el Premio Nacional de las Letras Españolas en 1987, el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Valladolid en 1989 y el Premio Castilla y León de las Letras en 1990. Falleció en Madrid en 1994 y sus restos reposan en el Panteón de Hombres Ilustres de Valladolid.

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