Olga Paiva (Goya, Argentina)
Mi niña…
Un mar de lágrimas emergió de sus ojos,
demostrando el dolor de niña herida.
Su candor y calidez se detuvieron por un momento;
la pequeñez de su cuerpo mostró fragilidad.
Fue entonces que
un milagro sucedió .
El cielo se abrió,
cayendo de él una rosa de terciopelo con gotitas de rocío.
Hubo una conexión tan bonita entre ambos.
El llanto se trasformó en risa,
luego en carcajada, invadiendo así su ser de niña,
dándole felicidad y plenitud.
El cielo sabía, pues la conocía bien:
era su niña hecha de amor,
vulnerable, frágil;
también fuerte, capaz, poderosa ,
llena de gozo, de placer…
La vida misma la habitaba …
La conocía bien; por eso, siempre será su niña amada y mimada.

