Lun 21 septiembre ,2026
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Recuperar el «NO»

Por la Redacción Cultural

Para alguna corriente del existencialismo, decir “no” fortalece la capacidad humana de elegir y de rechazar opciones, constituyéndose en fundamento de la libertad.

Efectivamente, uno de estos pensadores, Jean Paul Sartre, afirma que al decir “no” los seres humanos reafirmamos la capacidad de elegir y, por ello, es el fundamento de la libertad, porque es una aseveración de la existencia. Pero, al decidir rechazar, nos responsabilizamos de nuestras elecciones y renunciamos a la posibilidad de culpar a factores externos por las decisiones tomadas.

Friedrich Hegel, por otro lado, más metafísico y gnoseológico, nos habla de la negación como un momento esencial del desarrollo del espíritu absoluto, porque otorga una mayor comprensión de la realidad.

Pero, sin embargo, el “no” en nuestra actualidad goza de un pronunciado desuso. En nuestras responsabilidades cotidianas estamos propensos a no establecer límites para priorizar nuestras necesidades. A mucha gente en el ámbito laboral le da pena decir “no” por temor a ser caracterizado como poco comprometido con la empresa o la institución.

 Por otro lado, el “no” puede ser una herramienta valiosa en la comunicación porque usada adecuadamente puede ser una forma eficiente de expresar desacuerdos y de proteger nuestro tiempo privado.rE

Byung-Chul Han es un filósofo actual que se ha convertido en un crítico implacable del capitalismo y de la sociedad tecnodigital. En sus obras, resalta la importancia de volver a recuperar el “no” en nuestra cotidianidad no solo como una manera de cuestionar la homogeneización y la masividad a las cuales estamos expuestos, sino como una defensa ante el sistema que nos impulsa a la autoexplotación y al exceso constante de buscar “rendimiento”.

«Quiero soluciones no problemas», dicen los jefes, pero no todo tiene que ser positividad, porque así se llega a la sociedad del cansancio, sumiendo a las personas en enfermedades mentales. Decir “no ante el exceso laboral puede hacernos crecer porque nos puede otorgar tiempo para el desarrollo espiritual, en lugar de perseguir el mero rendimiento que redunde en bienes materiales.

Dice el filósofo surcoreano que hoy en día el ser humano se explota a sí mismo convencido de que se “autorrealiza”, cuando en realidad se quita la posibilidad de la creatividad, la reflexión y la diversidad; el “no” como un descanso al exceso de información y a un nivel de vida acelerado que no nos permite tener tiempo de calidad con aquellos a quienes amamos.

Hace pocas semanas, Elon Musk, el multimillonario empresario dueño de Tesla y otras corporaciones, declaró que esperaba que sus empleados en el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) trabajen ciento veinte horas semanales, lo que significa más de diecisiete horas diarias durante siete días a la semana. Según él, esta carga horaria semanal haría cambiar el mundo. Como es lógico suponer, muchas voces se alzaron en protesta, dado que no tiene en cuenta la salud física y mental de los trabajadores; mucho menos, la calidad de las relaciones interpersonales. Podemos imaginar las consecuencias nefastas que esta medida traería a las familias de estos trabajadores, muchos de ellos jóvenes ingenieros que pretenden hacer carrera en sus ámbitos. Poner en práctica esta forma de trabajar sería el epítome de la sociedad tan bien caracterizada por el filósofo Han a través de la figura del Prometeo eternamente agotado, condenado cada día a un suplicio sin fin. Estimados lectores, a través de estas letras los insto a reflexionar sobre la importancia de negarnos al exceso laboral que apunta solamente a conseguir bienes materiales para proteger las relaciones familiares.

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