ESPECIAL DE CLEO
La fundación Brilla Mujer, en Goya, Argentina, brinda asistencia integral a más de 300 pacientes oncológicos de toda la región. Mariela Beatriz Valenzuela —madre de dos hijos, esposa, trabajadora independiente y presidenta de la institución— nos habla en una charla íntima sobre la flamante sede, las actividades que realizan y las merecidas distinciones que ha recibido. Conozcamos esta casa abierta a la comunidad.
Brilla Mujer cumple numerosas actividades. ¿Qué nos puedes contar sobre ellas?
La Fundación Brilla Mujer Goya es una entidad que asiste a pacientes oncológicos de manera integral, respondiendo a las necesidades particulares de cada uno. Nuestra labor abarca desde la gestión de turnos y la tramitación de medicamentos hasta la cobertura de pasajes, servicios de sepelio, provisión de material ortopédico o coordinación de cirugías. Quienes se acercan llegan con realidades muy diversas; por eso, nos enfocamos en orientarlos y brindarles herramientas. En una primera instancia, los acompañamos de cerca con el objetivo de enseñarles a realizar de forma autónoma sus futuras consultas y gestiones.

¿Cómo definirías el motivo que te orienta hacia la labor solidaria?
Más que un motivo en particular, yo lo llamaría vocación. He estado involucrada en tareas solidarias desde muy chica. A partir de mi primera comunión, comencé a trabajar en la iglesia y a colaborar en un comedor del barrio Esperanza, donde durante mucho tiempo alimentamos a los chicos de la zona. Más adelante, tras enfermar de COVID, tuve que dejar esa actividad porque se cocinaba a leña.
Luego formé parte de las comisiones cooperadoras en los colegios de mis hijos y tuve el honor de ser elegida presidenta tanto en la Escuela Primaria Manuel Antonio Pando como en el Colegio Nacional Dr. Juan Eusebio Torrent. Tiempo después, me sumé como colaboradora en la Fundación. La solidaridad es algo que me acompaña desde siempre: disfruto brindar aquello que el otro está necesitando.
«Más que un motivo en particular, yo lo llamaría vocación. He estado involucrada en tareas solidarias desde muy chica».
Entre tantas personas, ¿cuál fue el caso que más te impactó?
Justamente hoy estuvimos actualizando nuestras estadísticas y, al día de la fecha, registramos un total de 325 pacientes. Anteriormente teníamos 296 personas bajo nuestro cuidado en la Casa Ñanderoga, pero con los ingresos de estos últimos dos meses alcanzamos esa nueva cifra. Asistimos a personas de Goya, Perugorría, Santa Lucía, Lavalle, Gobernador Martínez, Colonia Carolina, San Isidro, Libertador y Paraje Redondo, abarcando diversas localidades y parajes de la región.
Cuando me preguntan cuál ha sido el caso que más me impactó, me cuesta elegir uno solo; siento que, más allá del impacto, hay historias que me han tocado de una manera más profunda o cuyas ausencias he sentido con mayor fuerza. A todos los acompaño y los aprecio por igual. Si tuviera que definir qué es la fundación, siempre respondo que para mí representa amorosidad. Nos pueden faltar muchas cosas materiales, pero nos sobra amor para dar; esa es la verdadera esencia de nuestra labor.
Haz recibido muchos premios y distinciones, pero hay una nominación muy especial a nivel nacional. ¿De qué se trata?
Son caricias al alma. A lo largo de estos siete años he recibido numerosas menciones y distinciones, como los premios Corrientes, Mujeres que Inspiran, Mejor Solidaridad y Trabajo con Amor. Asimismo, fui reconocida por el Rotary Club y seleccionada entre las cien mejores postulantes a nivel nacional en el certamen Abanderados de la Argentina Solidaria, lo cual representa un enorme mimo al corazón.
Próximamente, el 27 de noviembre, estaré recibiendo en Corrientes Capital la distinción Hermanas Mirabal. Se trata de un galardón internacional que destaca la solidaridad, el esfuerzo y la labor de mujeres que intentan transformar el rumbo y la visión de nuestro país.
Están estrenando casa nueva. ¿Qué significa tener lugar propio para la fundación?
Así es, contamos con una nueva sede ubicada en Belgrano 1577, frente al Colegio Nacional y la Escuela de Comercio. Disponer de este espacio propio significa contar con mayor amplitud horaria, comodidad y libertad, lo cual es algo hermoso. Se trata de la casa de toda la sociedad goyana, porque el cáncer no distingue realidades, razas ni colores.
Allí ya se están dictando talleres de crochet, costura y huerta. Además, próximamente sumaremos asistencia de nutricionistas y médicos que se van incorporando para ayudarnos a crecer. Como muestra de ello, el sábado pasado recibimos la visita del Dr. Mario Félix Bruno, un prestigioso oncólogo de Buenos Aires, presidente de la Sociedad Argentina de Cancerología, profesor y escritor. Brindó una disertación excelente y de muchísima utilidad para la comunidad. La gente estaba tan entusiasmada que no lo dejaba ir, por lo que ya proyectamos nuevos encuentros a futuro con especialistas que se están contactando para acompañar tanto a los pacientes como a la sociedad en general.

¿Qué dice tu familia de todo lo que haces?
¿Qué dice mi familia de todo esto? La verdad es que ellos son parte fundamental de la fundación. Aunque participan con menor intensidad que mi esposo y yo —él, ahora que está jubilado, me acompaña muchísimo—, mis hijos también son maravillosos. Tengo la gran bendición de contar con un hogar que me respalda en cada paso que doy. Colaboran en todo lo que haga falta, ya sea recortando materiales, baldeando la sede, llevando insumos a un paciente o retirando una donación. En cualquier tarea que les solicite, se suman como unos colaboradores más. Son mi pilar absoluto y quienes me transmiten la fuerza necesaria, porque es maravilloso sentir que llevamos adelante esta labor unidos.
Si algún lector de Cleo quiere ayudar, ¿cómo puede materializar su colaboración?
Quienes deseen colaborar deben saber que en este momento necesitamos alimentos no perecederos y artículos de higiene o limpieza de uso diario para el mantenimiento de la sede. Los víveres son fundamentales, ya que allí brindamos desayuno, almuerzo y merienda. También requerimos medicamentos, bolsas de colostomía y elementos de ortopedia como sillas de ruedas.
Toda ayuda es bienvenida; hay personas que quizás no disponen de dinero, pero pueden acercar un kilo de arroz o de azúcar, y a nosotros nos sirve muchísimo. Por otra parte, quienes lo prefieran pueden colaborar haciéndose socios con una cuota mensual de 5.000 pesos que se abona a través de un alias. Esos fondos los destinamos a cubrir los servicios de luz y agua, o a adquirir los insumos diarios para la gente que asiste. Cada uno puede sumar desde el lugar que quiera y pueda.
«Toda ayuda es bienvenida; hay personas que quizás no disponen de dinero, pero pueden acercar un kilo de arroz o de azúcar, y a nosotros nos sirve muchísimo».
¿Cómo te imaginas a ti misma y a la fundación en 5 o 10 años?
Qué pregunta tan difícil, porque como equipo tenemos miles de proyectos y sueños por cumplir. Ojalá Dios nos regale salud, que es lo más valioso para poder seguir adelante. Siempre digo que, aunque figure como presidenta y fundadora en el acta constitutiva de nuestra personería jurídica, este es un logro colectivo. Ya plantamos la semilla y hoy el arbolito está cobrando cada vez más vigor; no tengo dudas de que se convertirá en un gran árbol, fuerte y con un crecimiento inmenso.

Por último, ¿qué reflexión compartirías con nosotros?
Me gustaría invitar a toda la sociedad a sumarse; no esperemos a que el cáncer nos toque de cerca a través de un familiar, un compañero de trabajo o un vecino. Hace apenas dos días lamentamos la pérdida de Fabricio, un joven profesor de 35 años de la Escuela Normal. A pesar de contar con obra social, la Fundación Brilla Mujer tuvo que gestionarle las drogas oncológicas que necesitaba. Lamentablemente no llegó a utilizarlas porque partió antes, pero nos dejó una gran reflexión y un legado inmenso. Su fallecimiento no será en vano porque profundizaremos nuestra misión: el cáncer no distingue edad ni género. Hoy en día, la falta de respuesta de las prestadoras médicas o las demoras de los laboratorios nos vuelven vulnerables a todos por igual, sin importar la situación económica.
Por eso, todo Goya debe apoyar esta iniciativa. Nuestro objetivo es alcanzar los mil socios mensuales; actualmente somos cien, por lo que nos faltan novecientos. Debemos aportar de manera preventiva, no solo cuando un conocido esté pasando una necesidad. Si logramos esa meta y contamos con más recursos, podremos realizar mayor folletería, lanzar campañas de prevención y traer más especialistas. Hay muchísimas ideas en marcha, pero para concretarlas el respaldo económico de la comunidad es indispensable.


