Dom 20 septiembre ,2026
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Más allá del papel: la historieta como parte de nuestra identidad

Por la Redacción Cultural

En Argentina, leer historietas no es solo pasar el rato o comprar una revista en el kiosco; es casi como encontrar las raíces de nuestra identidad como sociedad. Cada 4 de septiembre se celebra el Día de la Historieta Argentina en homenaje a la revista Hora Cero que salió en 1957

Que nuestro país sea una potencia mundial en el noveno arte se debe a que nunca vimos a la historieta como algo menor o un mero entretenimiento infantil, sino como un medio para abordar temáticas complejas y criticar la realidad.

La historieta nacional tiene nombres gigantes que están a la altura de los clásicos de la literatura universal. Es imposible hablar de este género sin nombrar a Héctor Germán Oesterheld, un guionista con una sensibilidad única y una ética insuperable. Él no solo creó aventuras: las politizó, les dio profundidad humana y las salvó de los estereotipos de buenos y malos importados de afuera. De su talento salió El Eternauta (con los dibujos increíbles de Francisco Solano López), esa obra maestra de la ciencia ficción donde los marcianos no atacan Nueva York, sino una fría cancha de fútbol en Vicente López, y donde el verdadero héroe no es uno solo, sino el grupo, la gente solidaria trabajando en equipo; en palabras del propio autor, «el héroe verdadero es un héroe colectivo».

Por otro lado, Alberto Breccia rompió con las formas tradicionales de dibujo para crear un estilo vanguardista, oscuro y sumamente experimental. Junto con Oesterheld hizo obras cumbre como Mort Cinder o la versión contestataria de El Eternauta, demostrando que la historieta podía convertirse en una experiencia estética profunda.

Si esa mirada trágica y épica rozó el costado dramático del país, el humor gráfico reflejó nuestra forma de ser con una claridad asombrosa. Quino (Joaquín Lavado) logró que Mafalda, una nena de seis años, pusiera en aprietos las contradicciones de los grandes con preguntas difíciles sobre la paz, las injusticias sociales y los engranajes del Estado. Mafalda trascendió las fronteras y se convirtió en un fenómeno global porque supo mostrar el desconcierto de los tiempos modernos con una entrañable calidez y mucha inteligencia.

Siguiendo esa misma línea de radiografía social, Roberto Fontanarrosa nos dio una pampa desolada pero llena de ingenio a través de Inodoro Pereyra y su perro Mendieta, o con la fauna urbana de Boogie el aceitoso. El «Negro», desde Rosario, demostró que el humor criollo podía ser refinado y popular al mismo tiempo. Por su parte, Caloi conectó la televisión con el papel gracias a la calidez pícara de Clemente, esa criatura sin brazos que comía historietas y opinaba de fútbol junto con todo el pueblo.

Hoy, los nuevos autores —desde el trazo poético y tierno de Liniers con Macanudo hasta las propuestas modernas de novela gráfica de género fantástico, terror o policial— siguen llenando las librerías del mundo con una voz única.​

Celebrar este día es confirmar que, mientras haya alguien dispuesto a leer una viñeta, la Argentina va a seguir dibujándose a sí misma: con sus contradicciones, su épica diaria y sus ganas inagotables de resistir creando.

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