Por la Redacción Cultural
Cada 10 de agosto, la ciudad de Goya se llena de memoria y palabras; no es casualidad: nos recuerda que la identidad de un pueblo se arma con las historias que nacen en sus propias orillas. En el año 2010, a través de la Ordenanza Nº 1.497, el Honorable Concejo Deliberante de la ciudad institucionalizó esta fecha para celebrar el Día del Escritor Goyano, en tributo al nacimiento de uno de nuestros intelectuales y poetas más importantes: Bernardo Celestino Ranalletti.
Nacido en Colonia Carolina el 10 de agosto de 1933, Ranalletti fue mucho más que un hombre que escribía versos. Fue ensayista, docente, investigador del folklore del Nordeste argentino, historiador y hacedor cultural. Su pluma abarcó desde análisis profundos sobre literatura clásica hasta obras que buscaban desentrañar la esencia misma del ser correntino, nuestro ñandereko.
El autor entendía que la cultura no se guarda en los museos. Por eso, además de su labor poética, fue cofundador de la Junta de Historia de Goya y una pieza clave para que naciera la primera Fiesta Nacional del Chamamé.
Su poesía, profundamente arraigada en las costumbres de su tierra, cobró una nueva dimensión cuando se unió creativamente a Julio Cáceres. De esa conjunción nacieron versos que el emblemático conjunto chamamecero Los de Imaguaré transformó en himnos populares. Sus letras no se limitaban a leerse; se cantaban en los patios y se grabaron en el alma del pueblo. Aunque Ranalletti nos dejó físicamente el 24 de noviembre de 2008 en Posadas, su legado sigue intacto en cada rincón correntino que hizo propia sus canciones.
Para recordarlo hoy, qué mejor que volver a uno de sus poemas más intensos, ya un clásico de Los de Imaguaré. En este poema-canción, Ranalletti nos habla desde una profunda reflexión cívica y humana, conectando de manera directa el legado histórico del General José de San Martín con la realidad cotidiana de nuestra gente:
Perdón, mi General (Fragmento)
Hoy nos ponemos de acuerdo.
A más de doscientos años
que naciste en Yapeyú
y nos diste un suelo patrio,
estas flores y discursos
ante tu bronce sagrado
¿son acaso garantía
de saber qué celebramos?
Si en ello no va la vida
uniendo palabras y actos,
todos estamos de más
y todos somos falsarios.
Oh, Padre de nuestro pueblo,
Padre Sudamericano,
¿por qué tu nombre nos une
tan solo en tu aniversario?
¿Por qué no es soplo de vida
en el quehacer cotidiano
tanto ejemplo que dejaste
para edificar lo patrio?
(…)
¿De qué sirve, General,
en este o en cualquier año,
recordar tu trayectoria
con un brillante inventario,
si después con nuestras obras
ignoramos tu legado?
General, aquí nos ves:
tu pueblo de pie esperando,
prendidos a tu mensaje…
¡Mil veces muertos que esclavos!
El Día del Escritor Goyano es, en definitiva, una excusa para abrazar nuestra propia literatura. En tiempos donde la globalización tiende a uniformar los relatos, leer a los autores de nuestra patria chica —a los de ayer, como Ranalletti, y a los tantos talentos que hoy caminan por la ciudad— es un acto de resistencia cultural y de puro amor a la raíz.

