Nasrudin
Un día, Nasrudín subió al púlpito de la mezquita para dar un sermón. Miró a la multitud y preguntó:
—¿Saben de qué voy a hablarles hoy?
La gente, confundida, respondió al unísono:
—No, no lo sabemos.
Nasrudín los miró con decepción y dijo:
—Si son tan ignorantes que ni siquiera saben de qué voy a hablar, no vale la pena que pierda mi tiempo con ustedes.
Se bajó del púlpito y se marchó.
El viernes siguiente, Nasrudín volvió a subir al púlpito y repitió la pregunta:
—¿Saben de qué voy a hablarles hoy?
Esta vez, los feligreses se habían puesto de acuerdo para responder de otra manera, así que gritaron:
—¡Sí, lo sabemos!
Nasrudín sonrió y dijo:
—Bueno, si ya lo saben, no hay necesidad de que yo se los repita.
Y se volvió a marchar.
El tercer viernes, la gente estaba decidida a ganarle el juego al sabio. Cuando Nasrudín subió al púlpito y preguntó por tercera vez:
—¿Saben de qué voy a hablarles hoy?
La mitad de la gente respondió:
—¡No lo sabemos!
Y la otra mitad respondió:
—¡Sí, lo sabemos!
Nasrudín los observó en silencio por un momento, sonrió con picardía y dijo:
—Excelente. En ese caso, los que ya lo saben, ¡cuéntenselo a los que no lo saben!
Se bajó del púlpito y se fue, dejando a todos en un profundo silencio.
· Autor: Nasr-ed-Din (que significa «Victoria de la fe» en árabe), 1208-1284.
· Obra original: Dominio Público.
· Traducción y adaptación: Nueva versión exclusiva para Cleo.

