Vie 23 octubre ,2026
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Memoria y desarraigo

ESPECIAL DE CLEO

A catorce años de haber dejado Haití tras el devastador terremoto de 2010, el escritor, conferencista y activista Robby Glésile consolidó a Rosario como su nuevo hogar. En un mano a mano íntimo, el autor de Papiyon Nwa (Mariposa Negra) repasa los dolores de la distancia, el impensado éxito internacional de su obra autobiográfica y el desafío de construir empatía en las aulas a través de su proyecto pedagógico. Una reflexión profunda sobre la diversidad, el desarraigo y la certeza de que migrar es, ante todo, un derecho humano.

¿Robby, cuál es tu historia y en qué lugar de Haití naciste?

Nací en Puerto Príncipe, en un vecindario llamado Crisua, que significa Cristo Rey en español. Disfruté mucho mi infancia en ese lugar. De chiquito bailaba un montón y, en mi adolescencia, me conocían por ser un buen futbolista. Hace 14 años que vivo en Rosario, mi nuevo hogar. No tengo mascotas porque no me gustan. Me agrada mirar fútbol, pero sin fanatismo. Miro muchos programas de debate político y soy fan de las películas basadas en hechos reales. Además, me apasiona dar conferencias y charlas sobre Haití.

¿Cuál fue el acontecimiento que te motivó a abandonar tu país?

Antes del desastroso terremoto de 2010 que sacudió Puerto Príncipe, nunca tuve la intención de irme de mi país. Sin embargo, la catástrofe me obligó a replantear esa postura. Ahí empecé a alimentar la idea de marcharme. Quería vivir otra realidad, ya que no me veía en el Haití posterior al sismo. Tenía la certeza de que las cosas no iban a mejorar. Pero los haitianos, a la hora de buscar nuevos rumbos, no tenemos muchas opciones; lamentablemente, nuestro pasaporte no nos permite viajar con facilidad. Tenía un amigo compatriota acá, en Rosario, que ya estaba instalado. Al conversar con él, me dijo que podía venir a Argentina. Primero tenía que hacer varios trámites y hablé con mi familia, la cual no estaba convencida al cien por ciento porque yo no tenía a nadie realmente acá. Esto les preocupaba bastante.

¿Cómo te sientes en Argentina?

Me siento bien acá, pero cuando tenés familia en Haití y con todo lo que está pasando, no estás del todo en paz. Trato de poner mi granito de arena para contribuir a mejorar la sociedad en la que vivo. La diversidad cultural es hermosa en los libros, pero la realidad es más compleja, sobre todo en este contexto global donde el rechazo al otro, al migrante, se está volviendo casi normal. No me agrada mucho el invierno, eso es algo negativo que puedo señalar, pero la espontaneidad de los argentinos es deslumbrante.

¿Cuáles fueron los motivos principales que te impulsaron a escribir?

Primero, quería tener un espacio íntimo para expresar todas las ideas que se me cruzaban por la cabeza como migrante en un país tan diferente de Haití. Segundo, quería dejar algo concreto en la ciudad, porque para mí escribir este ejemplar es un acto de memoria para nuestra comunidad. Pensé que la obra se iba a circunscribir solamente a Rosario o a la colectividad haitiana. Hoy puedo decir que el escrito ya no me pertenece. Llegó hasta lugares que ni siquiera imaginaba en mis sueños más inverosímiles. Por eso, mis objetivos ahora se suman a los de los lectores que lo disfrutan en cada rincón adonde le toca volar. Es un relato que invita a conversar y a conocer al otro más allá de nuestras diferencias.

¿En qué ciudades fuera de Argentina tuviste la oportunidad de difundir tu trabajo?

En persona, tuve el honor de presentar el libro en España —específicamente en Madrid, Barcelona y Sevilla— y en Uruguay, durante la Feria Internacional del Libro de San José de Mayo. En el país europeo fue una experiencia maravillosa gracias a mis amistades, quienes hicieron lo imposible para acompañarme y hacer de este viaje un recuerdo inolvidable. Quiero agradecer especialmente a mi gran amigo Sani Ladan y a mis queridas compañeras de la ONG Ubuntu, Edith Mosquera y Agatha Miranda. En suelo uruguayo fue otro encuentro fabuloso; un agradecimiento también a todo el equipo de la Dirección de la División de Protección Social para Personas Migrantes del Mides por esta invitación y por recibirme con los brazos abiertos.

«En persona, tuve el honor de presentar el libro en España —específicamente en Madrid, Barcelona y Sevilla— y en Uruguay, durante la Feria Internacional del Libro de San José de Mayo».

¿Participas en algún colectivo de migrantes o en proyectos culturales?

Me relaciono con distintos colectivos de inmigrantes: brasileños, venezolanos, colombianos, peruanos, cubanos, entre otros. Me fascina la diversidad cultural. Fui panelista de dos programas de radio dedicados a todo lo relacionado con la migración, donde mis invitados fueron casi siempre personas migrantes. Estoy pensando en la segunda parte del libro Papiyon Nwa; quiero cerrar el capítulo de la oruga. Ojalá sea pronto.

¿Cómo describes el vínculo con tu familia a la distancia?

Mi familia me acompañó en mi decisión de venir acá. Para ellos, lo más importante es mi felicidad. Soy el único de mis hermanos que no comparte la misma ciudad con al menos uno de los integrantes de la casa. Soy un adulto, pero para mis allegados sigo siendo el hermano menor que corría descalzo en el barrio Crisua. Nos extrañamos, pero no lo expresamos.

¿Cómo se puede obtener más información sobre tu obra y conseguir tu libro?

En Instagram y en Facebook me pueden encontrar como Robby Glésil. El perfil de la obra en Instagram también es @papiyonnwa. Para adquirir el ejemplar, se pueden comunicar conmigo de forma directa.

¿De qué trata el proyecto pedagógico del cual eres coautor?

Hace un par de años creamos, junto con Jimena Fernández —quien es docente y narradora oral—, una propuesta educativa llamada Tout Moun se Moun (Somos Todos Iguales). Se trata de un taller sobre literatura, migración y alteridad orientado a niños, niñas y adolescentes a partir de los 10 años. Las escuelas u otros espacios pedagógicos que quieran realizar esta actividad también pueden contactarme por las redes sociales, o bien buscando el Instagram de Jimena, que es @jime_cuenta.

Antes de finalizar, nos gustaría que compartas una última reflexión con nuestros lectores.

Primero, agradezco a todo el equipo de Cleo Diario Cultural por el espacio. Aprovecho también para dar las gracias a todas las personas que usan Mariposa Negra como material didáctico en sus clases. Cada vez que alguien me dice: «Robby, estoy usando algunos capítulos de tu obra para trabajar con mis estudiantes», me siento superfeliz; no hay mejor alegría que esta. Estoy eternamente agradecido con quienes han difundido y siguen divulgando el ejemplar. Los invito a leer este escrito, no se van a arrepentir. Migrar es un derecho humano. Muchas gracias.

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