Por la Redacción Cultural
Si bien es cierto que cada persona es única, y no todas presentan características similares en distintas etapas etarias, podemos pensar que la adolescencia, por ser una etapa de crisis, puede tener ciertos rasgos del comportamiento que son comunes.
Cuando se presenta un conflicto de padres con hijos adolescentes, tenemos que tener presente que ellos están en una etapa del desarrollo donde intentan establecer su independencia, por lo que pueden sentirse criticados y juzgados de manera más fácil que un adulto. Por lo tanto, es aconsejable crear un ambiente colaborativo donde poder hallar soluciones mutuas, reconociendo la autonomía del o la joven. En consecuencia —al igual que con los adultos—, resulta necesario pedir en vez de exigir, dado que podemos llegar a generar resistencia con una posible escalada del conflicto. Escalada es un término que denota un grado creciente de violencia, tanto verbal como gestual.
Por todo lo explayado, expresar sentimientos de forma clara y respetuosa, sin ataques ni culpabilidad hacia la otra persona, puede hacer significativa cualquier conversación, dado que estamos tendiendo puentes, porque promovemos una conversación más abierta y constructiva.
Los padres podemos expresar nuestras preocupaciones o sentimientos de una manera colaborativa, de tal forma que evitemos que el o la joven se ponga en actitud defensiva.
La técnica del «mensaje yo» resulta tremendamente útil porque el adulto puede expresarse con comodidad. Por ejemplo, en vez de decir: «Siempre dejas tus responsabilidades para el último minuto, no tomas tus obligaciones en serio», podría suplantarse por: «Me preocupa ver que no has terminado tus tareas, porque, como tu papá/mamá, deseo que te vaya muy bien en la vida. Y tu educación es fundamental para lograr el éxito».
En el primer ejemplo se percibe una crítica y un juicio. En cambio, en el segundo se percibe una genuina preocupación por el éxito del adolescente. Tengamos siempre presente que el adolescente es más propenso a sentirse abrumado por sus sentimientos; si nos percatamos, en el segundo enunciado valoramos la perspectiva de la otra persona.
La estructura de esta técnica consiste en evidenciar, a través de las palabras, una emoción cuando ocurre una determinada situación o conducta, porque de fondo hay una necesidad o valor.
Otro ejemplo donde aplicamos esta técnica podría ser: «Me siento triste (emoción) cuando no me consultas para tomar decisiones importantes de tu vida (conducta), porque realmente me interesa que te vaya muy bien en todo lo que haces (necesidad)».
Recordemos siempre que los adolescentes necesitan ser escuchados, por lo tanto, el juicio y la crítica son contraproducentes. Esforcémonos genuinamente en comprenderlos; mantengamos una actitud abierta para poder aprender también de ellos.

