Por la Redacción Cultural
Cada primero de noviembre, los chicos salen a cantar coplas y repartir bendiciones de casa en casa. Es Ángeles Somos, la tradición guaraní-cristiana que resguarda la identidad y la ternura en el nordeste argentino.
Acá en Corrientes (y en varios pueblos del Litoral), el 31 de octubre no se festeja Halloween. Un día después, el primero de noviembre y en coincidencia con el Día de Todos los Santos, se vive una tradición muy hermosa y ancestral: la fiesta de los Ángeles Somos.
Esta celebración, heredada de España, se remonta a finales del siglo XVIII y sintetiza tradiciones cristianas y guaraníes. La festividad rescata la memoria de los «angelitos», que en la cosmovisión popular son los niños fallecidos a corta edad que, según la creencia, interceden por sus familias.
Los protagonistas de la jornada son los niños y niñas, que salen en grupos por el barrio disfrazados con túnicas blancas, coronitas y alas de ángel. Van casa por casa tocando las puertas y cantando coplas tradicionales:
Ángeles somos, ángeles somos, bajamos del cielo a pedir limosna para los ángeles, a colación la bendición.
Félix Coluccio (Diccionario folklórico argentino, 1948).
A diferencia de la festividad de origen celta, aquí la temática no gira en torno al miedo, lo oculto y lo monstruoso. No porque la cosmovisión y el imaginario guaraní carezcan de estos seres —pensemos en el aterrador Luisõ o en el monstruoso Teju Jagua—, sino porque hay un enfoque completamente distinto. Se busca un intercambio de bendiciones: los chicos cantan coplas pidiendo alimentos para compartir y, en lugar del clásico trick or treat (dulce o truco) norteamericano, desean prosperidad y salud a los vecinos, quienes, a cambio, entregan a los ángeles tomeros*—como suele llamarse popularmente a los niños— golosinas, chipa o dulces caseros.
Frente a la lógica comercial que propone Halloween, la tradición litoraleña se sostiene desde la memoria y guarda una dimensión profundamente espiritual y comunitaria.
Mantener viva esta celebración frente a otra que nada tiene que ver con nuestra historia e idiosincrasia es necesario para seguir preservando nuestra propia identidad. Ángeles Somos es un acto de soberanía cultural que resguarda la ternura, la fe popular y el sentir comunitario.
*Sobre el término «ángeles tomeros»: la denominación surge de una deformación del habla popular: con el paso del tiempo, «Ángeles Somos» fue mutando oralmente en «Ángeles Tomos». De allí deriva la palabra tomeros, asociada también a la acción de los niños de ir de casa en casa «tomando» o recibiendo las colaciones que les ofrecen los vecinos.

