Verónica María Itatí Zaracho
Resistencia Argentina
Los rayos de Fego alcanzaron a arder en aquella habitación a las diez.
Las olas del río Paraná sonaron con un acordeón en un bello compás.
Ella se desvaneció en el lecho subsumida en ardiente calor.
Él poseyó su ser llevándola al inframundo como a Perséfone una vez.
Jamás entendieron que con fuego no se juega.
El dios Tupa reclamó el fuego robado, a cambio de ello pidió la joven mano de la doncella.
Descubriendo el secreto amor mandó a matar el Fego que una vez los unió.
El mundo fue víctima del ardiente odio del dios.
Desperté empapada en sudor, el aire acondicionado se había apagado y sentí quemarme en el HADES cuando mi enamorado de pronto llamó…
¡Apúrate amor!, nos esperan en la costa para darnos un chapuzón.
Mientras me miraba al espejo, mi reflejo se bifurcó, tres almas se elevaron y del susto me desvanecí. El ardiente Fego dejó su huella de delirio que el calor produjo en mí, un golpe de calor quemó mi cordura, atrapándome entre lo onírico y el mundo real.
Mi errante alma vaga delirante en busca de lo que el rey sol me quitó, en busca de lo que TUPA se llevó…
Verónica María Itatí Zaracho
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