El poema de amor mas antiguo de la historia (Siglo XX a.C.)
¡Esposo, amado de mi corazón,
tu belleza es grandiosa, dulce como la miel!
León, dueño de mis días,
tu encanto es dulce, dulce como la miel.
Me has cautivado con tu presencia,
iré hacia ti temblando de alegría.
Rey mío, quiero refugiarme en tu lecho,
amado mío, quiero encender la noche contigo.
En nuestra alcoba colmada de dulzura,
déjame deleitarme en tu gran esplendor.
León, déjame entregarte mis caricias,
que son más sabrosas y suaves que la miel.
Has tomado tu placer de mis manos;
cuéntale a mi madre, ella te ofrecerá delicias,
habla con mi padre, y él colmará tu altar de regalos.
Yo sé cómo apaciguar tu espíritu inquieto,
esposo, descansa en nuestro hogar hasta el alba.
Yo sé cómo alegrar tu fuerte pecho,
león, durmamos juntos hasta que despierte el sol.
Porque me amas, te ruego, concédeme tus caricias.
Mi señor divinizador, mi rey y protector,
oh Shu-Sin, tú que alegras el corazón de los dioses,
bendíceme con la gracia de tu abrazo.
Pon tu mano sobre este nido de miel,
envuélveme como un manto sagrado,
y une tu copa a la mía en este pacto eterno.

