Vie 23 octubre ,2026
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Relaciones en crisis

Por la Redacción Cultural

Es lamentable y triste cuando una relación de pareja llega a un estado de empantanamiento. Cuando ambas o una de las partes sienten que la relación está llegando a su fin, la incertidumbre se puede apoderar de las personas simplemente por no saber qué hacer o a quién recurrir. Muchas veces, un sinnúmero de emociones puede hacer sentir a la persona realmente abrumada, generando culpas, temores y una gran dosis de confusión porque no se alcanzan a entender los motivos del degaste. Por lo tanto, resulta oportuno buscar ayuda de un terapeuta que pueda brindar un acompañamiento psicológico adecuado y personalizado, o bien al núcleo relacional como tal. Siempre es beneficioso recurrir a profesionales de la salud mental que nos puedan acompañar en situaciones afectivamente dolorosas como esta.

La frustración presente puede ser bastante desesperanzadora por no poder entablar una comunicación eficiente para salvar la relación o, por lo menos, darle la posibilidad de que cada uno pueda expresarse en un marco de tolerancia y respeto hacia la otra persona; después de todo, han pasado tiempo juntos donde vivieron una relación enmarcada en el amor.

Quizás existan diferencias de valores y hasta de objetivos; no obstante, siempre se puede y se debería intentar mantener una comunicación efectiva que nos permita manejar los malentendidos y el resentimiento, independientemente de que la relación se recomponga o no.

Es esencial prestar atención a lo que la otra persona tiene para decir, puesto que a través de las palabras está expresando sus intereses y necesidades. La honestidad, a la hora de expresar emociones, suele resultar satisfactoria. No interrumpir, simplemente ejercitar la escucha sincera sin culpabilizar. El uso de ciertas palabras, que ya hemos tratado en esta columna bajo el título «Enemigos del diálogo», deben ser dejadas de lado. De hecho, elegir el momento y la situación donde entablar un diálogo abierto y franco es de mucha importancia. Utilizar el «yo» en lugar de «tú» puede aliviar la posibilidad de culpabilizar.

Podemos revitalizar la relación o finalizarla; no obstante, la otra persona no debe convertirse en un enemigo, mucho menos cuando hay niños de por medio. Pero, para lograr todo lo anterior, debe haber mínimamente intención de ambas partes. Caso contrario, si hubiese situaciones de maltrato, lo razonable sería solicitar ayuda de abogados expertos en cuestiones de familia.

La agresión física no debe ser tolerada de ninguna manera, dado que los daños no solo se hacen al adulto golpeado, sino también a los niños, quienes erróneamente pueden aprender que la agresividad es una manera aceptable de resolver conflictos y repetir esas conductas en sus vidas adultas. Por lo general, cada país y ciudad suelen tener oficinas que se especializan en atender a las víctimas de la violencia intrafamiliar desde las estaciones de policía, incluyendo las municipalidades y organizaciones no gubernamentales; no hay que dudar en buscar ayuda de estos lugares, de ser necesario.

Si nuestra relación tiene ciertos altibajos, resulta menester hacer uso de la comunicación eficiente: aquella que legitima al otro y lo reconoce plenamente en su peculiaridad. Pero debemos tener presente que es un proceso constante y continuo. Cuidar la relación es un esfuerzo que bien vale la pena.

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