Jue 05 noviembre ,2026
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Tajy: El árbol matriz

Por la Redacción Cultural

Cuando florece, anuncia la renovación de la vida; al menos así lo creían los guaraníes, quienes lo consideraban sagrado. Su eclosión masiva anticipa la llegada del Ára Pyahu, el tiempo nuevo, que representa no solo un renacer biológico, sino espiritual.

Según su cosmovisión ancestral, cuando Ñamandu (deidad suprema) se autocrea en la oscuridad primigenia, lo hace adoptando esta forma vegetal, y se constituye en el árbol matriz de donde brota la vida sagrada y el fuego divino original. Así lo expresa el antropólogo Pierre Clastres en La palabra luminosa: «Cumplido el tiempo originario, cuando el árbol tajy florece, entonces el viento se convierte al tiempo nuevo».

Una de las leyendas más difundidas entre la cultura mbyá cuenta que cuando los hermanos Tupí y Guaraní se separaron para formar sus respectivos pueblos, Tupã (dios) trajo desde el cielo (Yvága) un regalo para ellos: las semillas de un árbol fuerte y generoso, que al plantarlas les daría una madera resistente y unas flores que presagiarían el renacer de la tierra.

El nombre oficial del género botánico al que pertenece es Handroanthus —el cual incluye varias especies, entre ellas el rosado, el amarillo y el blanco—, en español lo conocemos como lapacho y los nativos lo llamaban tajy (cuyo significado se relaciona con la fuerza, la resistencia y la esperanza).

Es uno de las especies nativas más emblemáticos e imponentes de Sudamérica. Su característica floración se abre antes de que comience la primavera e incluso antes de que broten las hojas, lo que crea la sensación visual de estar frente a una obra impresionista de Monet.

Hacia fines de agosto comienza su estallido, un presagio de que la Madre Tierra está despertando de su letargo y vuelve a la vida. La costanera de la capital correntina muestra una postal de manchones rosados que se recortan contra el río Paraná: un recordatorio de que aquel Ára Pyahu mítico sigue latiendo hoy, tan efímero como deslumbrante, lo que demuestra que la belleza nunca deja de sacudirnos.

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