Jue 05 noviembre ,2026
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El latido del Litoral

Por la Redacción Cultural

Cada 19 de septiembre, la Argentina celebra el Día Nacional del Chamamé (en homenaje al fallecimiento de Mario del Tránsito Cocomarola, uno de los máximos exponentes y pioneros de nuestra música). Pero más allá de una fecha en el calendario, esta expresión es un refugio de identidad que en 2020 fue consagrado por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

​¿Dónde nace este latido? Su cuna indiscutida es Corrientes, extendiéndose por todo el Litoral. El chamamé es el resultado de un profundo mestizaje: por un lado, la cosmovisión y la musicalidad de los pueblos guaraníes; por el otro, la impronta de los instrumentos europeos que llegaron de la mano de jesuitas e inmigrantes, como la guitarra, el acordeón y el bandoneón.

​Pero quizás uno de los aspectos más fascinantes del género habita en su propia denominación. ¿Qué significa «chamamé»? Los lingüistas e historiadores debaten sobre su etimología. Una de las teorías —no sé si la más difundida, pero sí la más hermosa— proviene de la expresión en guaraní «che aimé amame», cuya traducción aproximada es «estoy bajo la lluvia».  Sin embargo, el alma popular siempre va un paso más allá de los diccionarios. En el imaginario colectivo corre con fuerza una versión tan romántica como imprecisa: se dice popularmente que la frase evoca la idea de tener «el alma bajo la lluvia». Una metáfora que describe a la perfección esa mezcla de melancolía, alegría desbordada, zapateo y el desgarrador sapucay que define al género.

​Ese sentimiento encontró en Kilómetro 11 —obra cumbre de Cocomarola— su himno definitivo. Un clásico que ha tenido infinitas versiones y que rompió todas las barreras idiomáticas. Un claro ejemplo de esto ocurrió desde nuestra propia tierra, cuando la traducción al inglés realizada por Rita María Enei cobró vida en la voz de la goyana Camila Gómez, demostrando que el chamamé puede cantarse en cualquier idioma sin perder su esencia litoraleña.

Bailar o escuchar un chamamé es, en definitiva, asomarse a nuestras raíces más profundas. Es comprender que nuestra cultura sigue latiendo, cruzando fronteras y abrazándonos el alma.

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