Vie 23 octubre ,2026
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MALIAS EL DURO

William Cood (Santa Cruz, Bolivia)

Cierta vez, en una comunidad que pertenecía a un poblado desconocido, ubicado en los llanos orientales, vivía una familia muy humilde, compuesta por una madre sacrificada llamada Amelia, quien tenía una hija mayor, Kristal, y un hijo menor, Malias. El jefe de familia, Benancio, había perdido la vida a causa de la pandemia del COVID-19, la cual se llevó a mucha gente.

Desde que la familia había perdido padre, Malias, que se caracterizaba por ser inquieto y juguetón, se había convertido en un niño sumamente rebelde. No hacía caso a su madre, a su hermana mayor y mucho menos a los maestros, quienes buscaban la manera que el niño fuera obediente y tuviera buena conducta, como la mayoría de los alumnos de la escuela. Sin embargo, ninguno consiguió llegar a él.

Tenía un genio dañino que demostraba en la conducta: buscaba cómo hacer quedar mal a sus compañeros en todas las actividades grupales, haciéndose el inocente cuando algo se perdía misteriosamente sin que nadie supiera cómo.

En un principio, nadie hacía nada porque se perdían cosas de poco valor: lápices, borradores, tajadores. Malias era tan astuto que, en varias ocasiones, tomaba algún objeto de uno de sus compañeros o compañeras para guardarlo en la mochila más cercana del estudiante más tímido o sumiso. Cuando revisaban, los que portaban el objeto perdido quedaban sorprendidos —pues nadie sabía cómo había llegado allí— y también avergonzados, porque siempre eran los estudiantes más destacados del aula.

Esto pasó durante toda la gestión, en la que se perdían los objetos en diferentes horarios de clase. Unas veces los encontraban en las mochilas de los estudiantes, otras en el jardín o en los armarios, y otras nunca se recuperaban. Dicha situación era preocupante para los maestros, la dirección y los padres de familia.

Había tanto misterio en el aula que nadie sabía quién se llevaba o quien ocultaba las cosas que se perdían. Jugando se culpaban entre ellos y luego se reían, porque no se les ocurría quién tendría la audacia de hacer que todo desapareciera sin dejar rastro. 

Pero no todo es color de rosa, ni hay mal que dure cien años. Un día del mes de noviembre, cuando Malias estaba ocultando un reloj en la mochila de una de las mejores alumnas —la niña más tímida y solitaria del aula—, otra compañera descubrió que era el niño más astuto y charlatán del curso quien hacía desaparecer los objetos, pues lo vio cuando tomó el reloj de su amiga y lo escondió en la mochila de otra de sus compañeras, con una rapidez sorprendente, moviéndose de manera disimulada para que nadie se diera cuenta.

Una vez que la niña vio la hazaña, le avisó a su maestro para que Malias fuera sancionado por todas las pérdidas de objetos en el curso. Para no hacerlo quedar mal ante todos los compañeros, el docente prefirió llamarlo en privado y pedirle que devolviera todo lo que había hecho desaparecer en el aula. Malias respondió que no podía hacerlo porque ya había vendido algunos objetos y otros los había regalado.

El maestro tuvo de hacer conocer este hecho a la dirección para que se lo sancionara de acuerdo al reglamento; el director, al enterarse, tuvo que llamar a los padres para que firmaran una carta de retiro de Malias, ya que no se podía tolerar tanta indisciplina, más aún si durante toda una gestión, que ya faltaba poco para concluir, se habían sustraído tantos objetos por un estudiante que era una amenaza para sus compañeros de curso.

De esa manera Malias fue expulsado de la Unidad Educativa; su madre, avergonzada, no supo cómo defenderlo. Como el niño era consciente de su mala conducta y no demostraba ninguna culpa, y menos arrepentimiento, ella decidió meterlo en un internado con reglas muy duras para los estudiantes que habían cometido actos de indisciplina. Allí pasó todos los años que le restaban para terminar la secundaria, solo, sin su familia, y sin poder salir de las instalaciones más que una vez a fin de año. Lo peor era que, al ser nuevo, los estudiantes más antiguos lo mandoneaban para que realizara todo de actividades escolares y extracurriculares.

Malias lo pasaba muy mal, se arrepentía de todo lo malo que había hecho en la anterior unidad educativa mientras su madre se sacrificaba para darle los gustos, sin valorar dicho esfuerzo. Solo quedaba que el tiempo pasara para que el protagonista de esta historia saliera del durísimo reformatorio para jóvenes y adolescentes.

Moraleja: Tus hábitos determinan tu futuro.

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