Por la Redacción Cultural
«No hay camino hacia la paz, la paz es el camino», este juego de palabras —llamado retruécano en literatura—, comúnmente atribuido a Mahatma Gandhi, capta el propósito central del Día Internacional de la No Violencia, que se conmemora precisamente en el aniversario del nacimiento del líder pacifista.
Pero ¿qué buscaba expresar Gandhi con esta frase? Su propósito central era desarmar una creencia muy arraigada en la historia humana —la idea de que se puede justificar la violencia bajo la excusa de que nos puede llevar a un futuro de paz— bajo una lógica coherente: no se pueden utilizar métodos violentos para conseguir dicho objetivo. Para él, la resistencia pacífica era el único camino activo y firme.
De hecho, en su vida predicó con el ejemplo; el satyagraba («fuerza de la verdad» o «fuerza del alma») fue un principio de vida inquebrantable para él que llevó a la práctica de formas muy concretas, la Marcha de la Sal (1930) es una muestra clara de esta postura —caminó más de 380 kilómetros junto a miles de personas hasta el mar para fabricar su propia sal y desafiar el impuesto injusto que cobraban los británicos al producto—. De este modo demostró que la no violencia no es pasividad ni resignación, sino una fuerza activa, valiente y organizada.
Por ello, en nuestro tiempo actual —atravesado por tensiones globales, polarización extrema y conflictos bélicos— su figura nos deja lecciones concretas de cómo aplicar su filosofía pacifista, de manera muy simple, como fue su vida: rechazar la brecha que nos impulsa a destruir al otro que piensa diferente, no recurrir a la agresión física o psicológica en nuestros vínculos cotidianos, protestar ante lo injusto a través de vías no violentas, por medio del diálogo y la construcción de redes de apoyo comunitarias o solidarias.
Así como décadas más tarde el arte alzó esa misma bandera —con la incansable prédica por la paz y la imaginación de un mundo sin divisiones inmortalizado por John Lennon desde la música—, hoy entendemos que llevar la no violencia a la práctica no es una utopía inalcanzable, sino algo que podemos lograr si elegimos que nuestros métodos reflejen el mundo en el que queremos vivir.

