Por la Redacción Cultural
«Voy a dormir», el poema póstumo de Alfonsina Storni, no fue solo un texto literario: funcionó como su testamento poético y carta de despedida. El 25 de octubre de 1938, pocos días antes de que el diario La Nación lo publicara, la poetisa se quitaba la vida arrojándose al mar.
«Tenme prestas las sábanas terrosas / y el edredón de musgos escardados / Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame». Si el título ya resulta evocador, en estos versos encontramos una última voluntad expresada con la maestría que solo una figura de su talla podía lograr.
Sin embargo, la voz de Alfonsina no siempre tuvo esa carga de desencanto. Sus primeros libros estuvieron marcados por un romanticismo dulce y melancólico, centrado en la pasión amorosa. Fue el paso del tiempo —junto a la discriminación de la época y el avance de una enfermedad incurable— lo que la llevó hacia una etapa vanguardista y de madurez, visible en obras como «Mundo de siete pozos» o «Mascarilla y trébol», donde su poesía se volvió más agria, desgarradora y pesimista. Esta evolución la transformó en una crítica aguda contra la dominación masculina y las ataduras sociales en obras como «Tú me quieres blanca» y «Hombre pequeñito», consagrando a Storni como una de las máximas figuras de la poesía hispanoamericana y una pionera del feminismo en la región.
Su muerte no debe leerse como un gesto de derrota, sino como la decisión consciente de convertir su propio final en literatura. Décadas más tarde, la zamba «Alfonsina y el mar», de Luna y Ramírez, expresaría esa misma idea: Alfonsina no buscaba el olvido, sino la continuidad de su palabra.
Te vas Alfonsina con tu soledad,
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Al sumergirse en el mar, Storni transformó el dolor en un verso perpetuo, recordando que la poesía es, ante todo, el territorio supremo de la libertad humana.

