Por la Redacción Cultural
Pocas sociedades han manifestado tanta resiliencia y espíritu colaborativo como la sudafricana. Al finalizar el apartheid, existía un riesgo palpable de una epidemia vengativa e incluso una probable guerra civil.
Este pueblo dejó en claro que poseer reservas morales y llevarlas a la práctica puede resultar sanador. Los arquitectos de esta reconciliación, Nelson Mandela (1916-2003) y el arzobispo Desmond Tutu (1931-2021), sabían que estaban liderando una sociedad violentamente dividida; por lo tanto, promovieron principios de la filosofía bantú.
Fuera de África, por lo general, se conoce muy poco o directamente se ignora sobre la filosofía africana; sin embargo, posee una gran riqueza y es sumamente práctica.
El Dr. Mogobe Ramose es un filósofo africano y uno de los destacados intelectuales que promueve esta escuela del pensamiento; expresa que, más allá de ser una ética, el bantú es una ontología, lo que significa que, como disciplina, trata la realidad y al ser en tanto relaciones entre seres.
Si bien es cierto que su conocimiento centenario ocurre a través de la transmisión oral, su divulgación sistematizada se debe a la obra de Placide Tempels (1906-1977), autor de Bantu Philosophy en 1945. En este pensamiento se destaca la interdependencia de los seres; su principal máxima declara «Soy porque nosotros somos»; por ello, resulta tan aplicable a la transformación de conflictos interpersonales. Procesos como la mediación o la facilitación pueden ser profundamente beneficiados durante la praxis.
Pero ¿qué significa realmente la máxima bantú? Más allá de explicaciones metafísicas, implícitamente hace referencia a la solidaridad como nexo universal que involucra a las personas y a las sociedades, lo que perfectamente concuerda con la máxima occidental de que somos seres sociales por naturaleza, y por lo tanto interdependientes.
Sus principios humanistas —supervivencia, solidaridad, respeto, compasión y dignidad— permiten que la sociedad o comunidad que adopte estos valores pueda escapar de la violencia y tornarse más tolerante.
Quizás sus recursos tan eficaces puedan ser implementados en otras latitudes donde la discordia interpersonal y comunitaria hace estragos a la convivencia.

