Vie 23 octubre ,2026
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Filosofía bantú: mas allá del individuo

Por la Redacción Cultural

Pocas sociedades han manifestado tanta resiliencia y espíritu colaborativo como la sudafricana. Al finalizar el apartheid, existía un riesgo palpable de una epidemia vengativa e incluso una probable guerra civil. 

Este pueblo dejó en claro que poseer reservas morales y llevarlas a la práctica puede resultar sanador. Los arquitectos de esta reconciliación, Nelson Mandela (1916-2003) y el arzobispo Desmond Tutu (1931-2021), sabían que estaban liderando una sociedad violentamente dividida; por lo tanto, promovieron principios de la filosofía bantú.  

Fuera de África, por lo general, se conoce muy poco o directamente se ignora sobre la filosofía africana; sin embargo, posee una gran riqueza y es sumamente práctica. 

El Dr. Mogobe Ramose es un filósofo africano y uno de los destacados intelectuales que promueve esta escuela del pensamiento; expresa que, más allá de ser una ética, el bantú es una ontología, lo que significa que, como disciplina, trata la realidad y al ser en tanto relaciones entre seres.  

Si bien es cierto que su conocimiento centenario ocurre a través de la transmisión oral, su divulgación sistematizada se debe a la obra de Placide Tempels (1906-1977), autor de Bantu Philosophy en 1945. En este pensamiento se destaca la interdependencia de los seres; su principal máxima declara «Soy porque nosotros somos»; por ello, resulta tan aplicable a la transformación de conflictos interpersonales. Procesos como la mediación o la facilitación pueden ser profundamente beneficiados durante la praxis.   

Pero ¿qué significa realmente la máxima bantú? Más allá de explicaciones metafísicas, implícitamente hace referencia a la solidaridad como nexo universal que involucra a las personas y a las sociedades, lo que perfectamente concuerda con la máxima occidental de que somos seres sociales por naturaleza, y por lo tanto interdependientes. 

Sus principios humanistas —supervivencia, solidaridad, respeto, compasión y dignidad— permiten que la sociedad o comunidad que adopte estos valores pueda escapar de la violencia y tornarse más tolerante.  

Quizás sus recursos tan eficaces puedan ser implementados en otras latitudes donde la discordia interpersonal y comunitaria hace estragos a la convivencia. 

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