Vie 23 octubre ,2026
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Sobre la falta de tiempo

Por la Redacción Cultural

Es innegable, la mayoría de nosotros estamos atravesados por el móvil —celular, smartphone, tiene diversas nomenclaturas dependiendo del país—; no obstante, no pueden pasar muchos minutos sin que sintamos una necesidad casi imperiosa de mirar su luminoso rostro.

Como efecto concomitante, sentimos que el tiempo se escabulle de nuestras vidas, que Kronos se muestra mezquino. 

Es común escuchar que la mayoría dice no tener «suficiente tiempo». ¿Sin embargo, es realmente así?

Esta preocupación en realidad no es nueva, incluso en la antigüedad estaba presente. En el primer siglo de nuestra era, Séneca se inquietaba por entender esta cuestión. En su obra Sobre la brevedad de la vida, escrita en el año 49 d.C., nos advertía: «No es que tengamos poco tiempo, es que perdemos mucho».

Nuestro filósofo distinguía claramente entre el tiempo cuantitativo y el cualitativo, algo que nos cuesta bastante a nosotros. 

Para los griegos, de quienes somos deudores de nuestra identidad cultural, el tiempo era tan importante; tal es así que, casi un siglo antes de que Séneca escribiera estas letras, se construyó la Torre de los Vientos, un reloj público en Atenas. Aún en la actualidad, los turistas pueden visitar este edificio octogonal porque es una de las construcciones antiguas mejores conservadas, que provoca el asombro de los visitantes.

Existen estudios que indican que el adulto promedio pasa entre 4 a 7 horas diarias con la vista en su móvil. En total, acumula 6 horas con 37 minutos si tenemos en cuenta los otros dispositivos digitales como computadores, tabletas, etc. 

Si tomamos como referencia que una persona, por término medio, está despierta 16 horas diarias, en 30 años se acumula un total de 4531 días frente a las pantallas. Cobra mayor dimensión si nos damos cuenta de que son 12 años, 4 meses y 26 días frente al celular en tres décadas, es decir, casi la mitad del tiempo total, excluyendo las horas de descanso.

La pregunta que sigue a continuación parece obvia. ¿Cuánto de ese tiempo es realmente necesario o productivo? Entonces, no es que se nos escapa el tiempo, en realidad es la vida la que se nos escapa.

Estas cifras cobran dramatismo si pensamos en los nativos digitales con un promedio de vida modesto de 80 años. Restando 8 horas diarias de descanso, descubrimos que un ser humano estará 33 años y 1 mes frente a una pantalla. Eso equivale a que solo tendrá 20 años y 3 meses para vivir en la vida concreta donde tendrá que amar fuera de los píxeles, crear vínculos reales, y, lo más inquietante, formar a las nuevas generaciones.

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