Por la Redacción Cultural
Goya no tiene acta fundacional. Su origen se relaciona con una leyenda en torno a una mujer, una pulpería emblemática y un puerto natural a orillas del Paraná Mini.
Sobre su figura central hay una disputa entre el mito y la historia. Para algunos investigadores, doña Goya —la mujer que administraba una pulpería a orillas del río, fabricaba los famosos quesitos con sabor a coco y de quien el rumor de la época decía que también regenteaba mujeres en la isla de enfrente— ni siquiera es mencionada en los documentos oficiales; para otros, una invención romántica para darle una explicación al nombre de la ciudad. Sin embargo, los diarios de viaje de cronistas de la época que surcaban el Paraná, como los hermanos Robertson, mencionaban el apostadero de «lo de Goya» como un punto geográfico vital de escala, comercio y navegación.
Más allá de que reconozcan a Gregoria Morales como una mujer de carne y hueso o como una figura legendaria, surge inevitablemente el interrogante, ¿cómo se celebra el cumpleaños de una ciudad que no fue fundada, sino que simplemente sucedió? Ante la ausencia de un nacimiento oficial, la comunidad necesitó crear su propio hito identitario, y qué mejor que fusionar la identidad histórica con la festividad religiosa.
La Virgen del Rosario es la Madre y Patrona de Goya, cuya festividad central se celebra cada 7 de octubre. Los antecedentes históricos de su imagen se remontan a la construcción de una primera capilla bajo su advocación en los primeros años del 1800. La tradición oral menciona que fue la propia Gregoria quien trajo la talla y fomentó su culto. Lo que se sabe con certeza es que un vecino de la zona, llamado Leandro Encina, introdujo por primera vez una lámina mariana que inició la devoción local de la comunidad (alrededor de 1806). Posteriormente, un 7 de octubre de 1852, llegó el reconocimiento político con la elevación oficial de Goya al rango de ciudad, y se hizo coincidir la fecha con el día litúrgico de la virgen, fusionando de esta manera la fiesta patronal y el aniversario cívico.
Aquel primitivo refugio espiritual creció con el tiempo: el arquitecto Francisco Pinarolli levantó la imponente Catedral —inspirada en la Basílica de Novara e inaugurada a fines del siglo XIX— transformándola en el santuario donde descansa la Virgen llegada desde España.
Y así es como, cada 7 de octubre, bajo el amparo de su Patrona, la ciudad celebra el milagro de haberse inventado a sí misma.

